Imagen creada con inteligencia artificial de una mujer casándose con un robot.
De una boda con ChatGPT a robots que acompañan a mayores: así se usa la IA como forma de paliar la soledad
En una sociedad cada vez más individualizada, la IA comienza a cubrir carencias afectivas que antes ocupaban las relaciones humanas.
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La idea de enamorarte de una inteligencia artificial siempre ha parecido pura ciencia ficción. Películas como Her, en la que un hombre desarrolla una relación afectiva con un sistema operativo, eran percibidas como historias lejanas, fantásticas.
Actualmente, esa línea entre ficción y realidad se ha difuminado. Casos como el de Yurina Noguchi, una mujer en Japón que se ha casado con una IA basada en ChatGPT, muestran cómo la tecnología puede convertirse en un acompañante emocional real, sobre todo cuando más se necesita.
En España, el fenómeno de la soledad no deseada es cada vez más visible. Según datos de la Cruz Roja, un 20% de la población se siente sola de manera habitual, con especial incidencia en jóvenes y adultos de mediana edad. Un fenómeno marcado por la falta de familias extensas, el aumento de hogares unipersonales y una mayor esperanza de vida.
"La soledad no es un fenómeno nuevo causado por ChatGPT", advierte el sociólogo y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Cristóbal Torres. "Es el resultado de un proceso histórico de individualización de las sociedades modernas".
A eso se suma el ritmo de vida urbano. Jornadas laborales largas, desplazamientos interminables y agendas saturadas que dificultan mantener relaciones estables. "Cada vez es más complicado generar nuevas amistades de confianza, sobre todo a edades avanzadas", señala Torres.
Cristóbal Torres, sociólogo y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid
Desde la psicología social, David Aguado, profesor también en la Universidad Autónoma de Madrid, recuerda que esta situación choca frontalmente con nuestra naturaleza. "Somos animales sociales. Gran parte de nuestra felicidad, de nuestro autoconcepto y de cómo nos vemos a nosotros mismos depende de la interacción con los demás", explica.
Por eso, define la soledad no como un estado objetivo, sino como una vivencia subjetiva: "Es la percepción de no tener vínculos socioemocionales significativos".
El problema, subraya, aparece cuando esa soledad no es elegida. "Hay personas que están solas y no lo viven mal. La soledad problemática es la no deseada".
Ante ese contexto, los humanos hacen lo que siempre han hecho: buscar alternativas. Mascotas, comunidades virtuales, hobbies... y ahora, inteligencia artificial conversacional. "Somos animales sociales. El vínculo es lo que nos define como especie", recuerda el sociólogo. Si no lo encontramos en personas, lo buscamos donde podemos.
Emociones por lo inanimado
Que alguien se enamore de una IA puede parecer extravagante, pero no es tan extraño desde un punto de vista social. "Los humanos tenemos una enorme capacidad empática para atribuir valor simbólico y emocional a cosas inanimadas", explica Torres.
Históricamente, ha ocurrido con tótems, banderas, objetos religiosos o incluso marcas. "No es la tecnología la que ocupa el lugar de la amistad. Somos nosotros quienes se lo otorgamos".
Una mujer de 32 años que se casó con un hombre hecho con ChatGPT en Japón.
La diferencia ahora es que, por primera vez, ese "objeto" responde. Y no de cualquier manera. Lo hace con lenguaje natural, memoria y referencias a conversaciones pasadas. Ese salto cualitativo explica por qué el vínculo puede ser tan intenso.
Para Aguado, la clave está en la percepción. "Las sensaciones de acompañamiento son elaboraciones nuestras. Hay relaciones humanas profundamente tóxicas que quienes las viven no perciben como tales durante mucho tiempo".
En ese sentido, una IA puede generar una sensación real de compañía, aunque no sea una relación al uso ni humana. "El problema no es tanto el vínculo, sino no discriminar entre la recompensa que ofrece una relación real y la que ofrece una tecnología".
Una de las aplicaciones más representativas de este fenómeno es Replika, una IA diseñada explícitamente para ser tu mejor amiga.
Simulación de un chat con una Replika.
Su CEO, Dmytro Klochko, explica que el proyecto nació tras la muerte de un amigo cercano de la fundadora. "Empezó como un intento de preservar la conexión a través de la conversación", relata.
Con el tiempo, esa experiencia personal se transformó en una plataforma global. Más de 40 millones de personas han creado su propia Replika. "No es una terapeuta. Es una amiga", insiste Klochko. "Alguien que te conoce con el tiempo, que te ayuda a pensar y a avanzar en tu vida cotidiana".
El CEO subraya que el objetivo de este proyecto no es sustituir relaciones humanas, sino complementarlas. "Replika actúa como un catalizador. Puede animarte a llamar a un amigo, retomar un interés o salir de casa", afirma.
Ese matiz es clave también para Aguado. A corto plazo, reconoce, la IA puede aliviar la sensación de soledad. "El problema es que, si cubre esa necesidad de forma inmediata, puede hacer que dejemos de buscar alternativas más sostenibles en el tiempo".
Imagen de otro ejemplo de conversación de la aplicación Replika.
El riesgo, advierte, es la cronificación: "Cuando se convierte en la única vía y se abandonan otras formas de relación, que son mucho más ricas, puede llegar a ser problemático".
La clave, dice, está en ofrecer un espacio seguro, sin juicio, desde el que volver a conectar con el mundo real.
El riesgo de empatizar
Sin embargo, no todos comparten ese optimismo. Esther Paniagua, periodista especializada en tecnología e inteligencia artificial, advierte de los peligros de este tipo de vínculos. "Estas plataformas están diseñadas para antropomorfizar la tecnología", explica.
El problema, señala, no es que la IA acompañe, sino que lo haga demasiado bien. "El riesgo es pasar del 'mejor que nada' al 'mejor que todo'".
Esther Panigua, periodista especializada en inteligencia artificial y ciberseguridad
Las relaciones con máquinas son controlables, no generan fricción y se adaptan al usuario. Justo lo contrario que las relaciones humanas, que exigen negociación, paciencia y tolerancia a la frustración.
Aguado coincide en ese punto, especialmente cuando se trata de jóvenes. "La interacción con una IA es muy pobre desde el punto de vista social. No te va a llevar la contraria, no te va a confrontar ni a hacerte aprender de tus errores".
Esa ausencia de conflicto elimina una parte esencial del aprendizaje social. "Puede servir como apoyo puntual, pero no sustituye la riqueza emocional de las relaciones humanas".
Algunos estudios apuntan, además, a que una interacción excesiva con sistemas artificiales puede reducir la empatía hacia otras personas. "Si eliminamos el conflicto y lo inesperado, empobrecemos nuestra capacidad social", alerta Paniagua.
Tecnología que cuida
La inteligencia artificial como compañía no vive solo en el móvil. En hospitales y residencias de mayores se utiliza desde hace años Paro, un robot con forma de bebé foca.
Tiene sensores de tacto, luz y sonido para responder, ser interactivo y seguro para pacientes con alergias o marcapasos, proporcionando confort emocional y mejorando la comunicación.
Paro, el bebé foca, creado para calmar y estimular emocionalmente a personas mayores.
Está diseñado especialmente para personas mayores con demencia o deterioro cognitivo. Diversos estudios muestran que reduce la ansiedad, mejora el estado de ánimo y fomenta la interacción.
Ante casos como este, Paniagua discrepa en que estemos preparados como sociedad para convivir con tecnologías que simulan afecto. "No podemos, ni como individuos ni como colectivo".
Torres, en cambio, adopta una visión más histórica. "Cada salto tecnológico genera alarmas morales", recuerda. Ocurrió con la televisión, con Internet y con los videojuegos. "La clave no está en demonizar la tecnología, sino en entender sus usos y establecer límites que protejan a las personas".
Casarse con ChatGPT no será, probablemente, una práctica común. Pero la idea de la inteligencia artificial como amiga ya está aquí. En el móvil de quien vive solo. En la residencia del anciano sin visitas y en la pantalla de quien necesita hablar con alguien.