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Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera (Madrid, 1963) está a punto de abandonar la presidencia de la Fundación Universitaria San Pablo CEU tras completar dos mandatos y ocho años en el cargo.

Antes de su marcha, el doctor en Historia Contemporánea y catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad CEU San Pablo ha querido charlar con EL ESPAÑOL sobre la educación en España.

Preocupado por "el afán que está desarrollando el PSOE contra la universidad privada" y con "el proceso de crispación absolutamente artificial e innecesario desde que Zapatero llegó al poder", el catedrático ha manifestado que la respuesta no está en enfrentar a la universidad pública con la privada, sino en la cooperación.

Asimismo, el presidente del CEU ha valorado sus mandatos, en los que se ha incrementado un 45% el número de alumnos, y ha explicado los principales retos que debe asumir no sólo su institución, sino la educación en España. El más importante, la aparición y la gestión de la Inteligencia Artificial.

Cerramos el curso y, para calentar motores, le pediré una valoración sobre este año académico 2025-2026.

Ha sido un año muy positivo para el CEU. Es decir, en los últimos años hemos tenido un crecimiento bastante importante dentro de todos nuestros niveles educativos y este año se ha mantenido en línea con los anteriores.

¿En qué se traduce este crecimiento?

Desde el curso académico 2019-2020, que fue mi primer año como presidente, hasta la actualidad, hemos incrementado un 45% el número de alumnos.

Alfonso Bullón de Mendoza, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad CEU San Pablo. Cedida

¿A qué cree que se debe este incremento?

Creo que se debe a varias cuestiones. En primer lugar, a que las cohortes demográficas en el mundo de la educación superior y las universidades vienen cada vez más amplias. Y, en segundo lugar, a que nosotros somos una marca muy consolidada que se percibe muy bien y tiene buena infraestructura en todos los niveles.

Por ejemplo, en la pandemia lo hicimos especialmente bien. Cuando vino, en una semana todas nuestras universidades fueron capaces de dar la docencia online y hubo quienes tardaron muchísimo más en resolverlo.

Por otro lado, también destacaría que en el sector colegios, donde sin embargo la demografía no se ha extendido, nosotros hemos aumentado un 16%. Es decir, en aquellas etapas donde se reduce el número de alumnos a nosotros no nos afecta, sino que seguimos creciendo. Yo creo que tenemos una imagen de marca muy potente.

Hablemos de política educativa. El jueves pasado dijo que la reducción de las ratios en los colegios planteada por el Ministerio de Educación plantea situaciones "difíciles". ¿Por qué?

Sobre todo, por lo que puede suponer para los colegios concertados el mantener su viabilidad económica.

¿Usted considera que es una injerencia del Gobierno regular las ratios?

En realidad, yo no sé hasta qué punto son competencias del Gobierno o son competencias autonómicas, porque la educación está transferida. Es como el decreto de universidades en el que el Gobierno entra en temas que no dependen teóricamente de él. Es un mundo muy complejo.

Hablando del decreto de universidades. Usted y el CEU han sido particularmente críticos con él, entre otras instituciones. ¿A qué se debe esta crítica?

Nosotros lo hemos recurrido ante los tribunales por una serie de cuestiones: una de ellas es que es un decreto que implica retroactividad. Es decir, hay expedientes que permanecen en el Ministerio desde hace un año, los han tenido parados y, al cabo de un año, dicen que el expediente debe acogerse a la nueva norma. Eso no nos parece nada serio.

Por otro lado, el decreto plantea una serie de requisitos un poco absurdos porque busca hacer la universidad pública como el modelo que tiene que seguir cualquier universidad. Por ejemplo, con el número de alumnos en el que se pedirá que las universidades deban tener al menos 4.500 alumnos. Pero, ¿por qué se debe tener 4.500 alumnos?

Ese requisito no se ha explicado muy bien…

Es por puro capricho. Nuestra universidad en Barcelona, la Universitat CEU Abat Oliba, por ejemplo, dentro de cuatro o cinco años tendrá esos 4.500 alumnos, pero durante muchos años hemos tenido 2.000 y ha funcionado muy bien. Entonces, no terminamos de entender por qué nos tienen que decir cuántos estudiantes tenemos que tener en un centro.

Por otro lado, el decreto quiere regular el número de carreras que puedes pedir cada año. Eso también plantea problemas relacionados con lo anterior. Si a una universidad pequeña, que acaba de crearse, le dices que el número de titulaciones que puede pedir está relacionado con el número de titulaciones que ya tiene, le estás dificultando mucho crear nuevos títulos y tener nuevos alumnos.

En nuestro caso son cosas que nos afectan menos, pero hay instituciones a las que sí. De todas formas, hay una cuestión del decreto que no me gusta lo más mínimo y es algo que no se puede recurrir judicialmente.

¿Qué es?

El preámbulo. Este decreto modifica uno de 2021 que ya establecía una serie de requisitos que te obligaban a aumentar el gasto en investigación y otra serie de obligaciones a las universidades de todo tipo. Pero ese decreto pasó relativamente inadvertido porque el preámbulo era muy normalito.

Sin embargo, el decreto de universidades tiene un preámbulo de 10 páginas que se dedica a poner verde a las universidades privadas. Se dedica a explicar cómo en los últimos años han nacido tantas privadas; cómo prácticamente no se han creado públicas; qué porcentaje de alumnado está ya en las privadas; que las privadas pueden ser peligrosas para la cohesión social…

"El decreto de universidades tiene un preámbulo de 10 páginas que se dedica a poner verde a las universidades privadas. Se dedica a explicar que las privadas pueden ser peligrosas para la cohesión".

¿Cree que el Gobierno actúa en detrimento de la educación privada o busca un enfrentamiento entre lo público y lo privado?

Yo pienso que sí, de hecho, hay otra cuestión del decreto que a nosotros no nos gusta nada y es: ¿por qué la universidad pública tiene que ser el modelo de las demás? Pongo un ejemplo: Estados Unidos tiene un sistema universitario que en su conjunto es mucho más potente que el nuestro, pero en allí es muy diverso. Hay universidades cuyos colleges plantean que ellos no hacen investigación, sino que simplemente se comprometen a formar a los alumnos de grado lo mejor posible. Las hay de gran prestigio y acreditadas por las mejores agencias.

Además, tienen otras que están en un término medio, como las españolas: un poquito de docencia, otro de investigación… Y tienen otras muy volcadas a la investigación. En suma, cada institución universitaria marca el perfil que quiere ser de manera libre.

Pese a todo, nosotros, aunque protestemos, somos los que nos parecemos más al modelo que ha planteado el Ministerio, pero defendemos que otras instituciones quieran ser lo que ellas consideren.

Ustedes no peligran pese a su crítica.

Para nada. Nosotros protestamos con la tranquilidad de que el CEU es una institución que se adapta a los requisitos del decreto, pero, ¿por qué cada uno no puede hacer lo que quiera? Pongo otro ejemplo, el decreto plantea que tienes que tener tres áreas de conocimiento cuando creas una universidad. Y yo pienso, si alguien quiere crear una universidad de humanidades, ¿por qué no la puede crear?

Alfonso Bullón de Mendoza, presidente de la Fundación Universitaria San Pablo CEU. Cedida

O una de economía o una escuela de negocios.

Exacto. Asimismo, me llama la atención el afán que está desarrollando el PSOE contra la universidad privada porque nunca lo tuvo. Es más, las primeras universidades privadas nacieron con Rubalcaba y Felipe González en 1992 y fuimos la Universidad CEU San Pablo y la Universidad Alfonso X el Sabio.

Es decir, el PSOE nunca estuvo en contra de la universidad privada, pero ahora da la sensación de que está en una línea de crispar la sociedad.

¿Se atrevería a decir que el Gobierno actual, con esta política o con otras muchas que ha llevado a cabo a lo largo de sus casi dos legislaturas, ha querido crispar y tensar la sociedad?

Yo creo que en España hay un proceso de crispación absolutamente artificial e innecesario desde que Zapatero llegó al poder. Es decir, nosotros habíamos hecho la transición política española, que era un mito fundacional del que todos los españoles se pueden sentir reflejados, unidos, orgullosos y, de repente, pasamos de tener eso como punto de partida a un pensamiento propio de la Guerra Civil.

Es decir, desde el poder político se crea una crispación de un tema que estaba muy superado por la sociedad española.

Dice que el proceso de crispar la sociedad empezó con Zapatero, ¿pero lo ha continuado con Sánchez?

Sí. El enfrentamiento social empezó con Zapatero y lo ha continuado con Sánchez.

"El enfrentamiento social empezó con Zapatero y lo ha continuado con Sánchez".

Volviendo a la educación. Quería preguntarle acerca de la Inteligencia Artificial y los retos que tiene su institución y los demás centros educativos para aplicarla bien.

La IA supone mucho en la educación desde muchos puntos de vista, porque influye en la parte de la docencia, en las políticas de captación de alumnos y en la investigación. Y lo que no se puede es vivir de espaldas a la IA.

Es decir, tú no puedes aspirar a que en un mundo en el que existe la IA tus alumnos no la usen. Sería como decirles que no usen los ordenadores. La sociedad evoluciona y hay que aprovechar la IA para sacarle el mayor partido posible.

En el CEU tenemos la ventaja de que tenemos un comité externo de empleabilidad, donde están los directores de recursos humanos de algunas de las empresas más importantes de España y que en ese tema hacen mucho hincapié. Además, tenemos un comité internacional que también hace hincapié en lo mismo. Por ello, tenemos que ver cómo aprovechamos esas tecnologías y cómo sacamos todo el partido de ellas.

¿Cómo lo harán? Por ejemplo, ¿qué va a hacer en el día a día un profesor del futuro?

Lo primero es formarse. Es decir, estamos desarrollando ya una serie de formaciones especializadas para nuestros profesores por ámbitos y ver, a su vez, cómo ellos pueden transmitirlo a los alumnos.

Su institución forma a los profesionales, investigadores y trabajadores del mañana. ¿Cómo afectará la IA al mercado laboral?

Posiblemente en algunos puestos de trabajo se necesite mucha menos gente y en otros puestos se necesite más gente. Es un mundo que se irá desarrollando.

En pocos días usted completa su mandato en la presidencia del CEU. Haga un balance sobre sus ocho años al frente de la institución.

No soy la persona más apropiada para hacer el balance de mi mandato, pero algo diré. Es una época en la que, como conté al principio, el CEU ha crecido mucho desde el punto de vista de número de alumnos, pero también desde el punto de vista de presencia social.

No hay que olvidar que el CEU está aliado con la Asociación Católica de Propagandistas, que en estos años también ha tenido un desarrollo importante, sobre todo, en el mundo de los medios a través de El Debate.

¿Qué supone para usted la aparición de este medio?

Recuperar una línea clásica de actuación de la Asociación Católica de Propagandistas y su presencia en los medios, ya que la asociación surgió en 1908 y desde 1911 tuvo el periódico El Debate. La presencia de la asociación acabó en la transición con el caos final de Editorial Católica y habíamos estado alejados de ese mundo. Hasta ahora.

¿Qué retos tendrá que asumir el nuevo presidente del CEU?

El gran reto que tenemos es el de la Inteligencia Artificial desde el punto de vista operativo. Y, luego, una institución como la nuestra debe ser fiel a nuestros principios fundacionales. Nosotros somos una universidad que trata de crear los mejores profesionales, pero también las mejores personas. Todo esto lo vinculamos a una formación basada en el humanismo cristiano.