Los puntos débiles de Ceuta

Los puntos débiles de Ceuta / Arte EE

Observatorio de la Defensa

Los cinco escudos que necesita Ceuta: espías, tecnología, soldados, protección de las infraestructuras y diplomacia

La primera capa de protección debe ser, por tanto, la información, la inteligencia y la anticipación.

La segunda palanca pasa por una frontera inteligente: drones, sensores, vigilancia aérea y buques de seguimiento.

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Las claves

Las claves

Ceuta necesita una defensa por capas ante las crisis híbridas: inteligencia, tecnología, fuerzas policiales y militares, protección de infraestructuras y acción diplomática.

La frontera física es solo la última barrera; la anticipación, la coordinación entre cuerpos de seguridad y el uso de tecnología avanzada son claves para detectar y responder a amenazas.

El refuerzo de la frontera incluye drones, sensores, alargamiento de espigones y sistemas integrados de vigilancia para mejorar la capacidad de reacción y control.

La diplomacia y la coordinación europea son esenciales para elevar el coste político de instrumentalizar la presión migratoria y evitar que episodios similares se repitan.

Ceuta no se defiende con un único muro ni con una fragata frente al espigón del Tarajal. Una crisis híbrida como la vivida este verano exige una defensa por capas: barreras para canalizar los movimientos, drones y sensores que permitan anticiparse, medios marítimos de intervención, fuerzas policiales para gestionar la frontera y unidades militares capaces de disuadir y reforzar el dispositivo.

A ello se suman unos servicios civiles preparados para soportar una presión extrema y una respuesta diplomática eficaz que eleve el coste político de cualquier intento de instrumentalizar la frontera.

La entrada masiva de cerca de 80.000 migrantes puso de manifiesto la vulnerabilidad del perímetro y situó a Ceuta ante una crisis sin precedentes. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, denunció entonces "una violación de la integridad territorial de España", subrayando que el episodio trascendía el ámbito migratorio y afectaba directamente a la soberanía y la seguridad nacional.

Para el expresidente José María Aznar, "esta ha sido la mayor, pero no la primera avalancha", por lo que debe servir para evitar que España vuelva a verse sorprendida. "Debe ser la última que nos sorprenda inermes", señaló. Aznar reclama además una actuación permanente: "Es urgente estabilizar nuestra frontera más expuesta, y hacerlo de forma permanente. Una frontera que es, por cierto, tan nacional como europea. Aquí solo cabe la firmeza: la debilidad es y será provocadora".

El reto pasa ahora por evolucionar de una respuesta fundamentalmente reactiva a otra basada en anticipación, disuasión y presión diplomática. No se trata sólo de impedir una entrada, sino de detectar con antelación la amenaza, identificar su naturaleza, coordinar los recursos disponibles y evitar que un incidente localizado termine desbordando las capacidades del Estado.

Decenas de miles de personas se concentraron el jueves 31 de julio en la parte marroquí de la playa del Tarajal y accedieron a Ceuta.

Decenas de miles de personas se concentraron el jueves 31 de julio en la parte marroquí de la playa del Tarajal y accedieron a Ceuta. EFE

Como resume Salvador Álvarez Pascual, director de estrategia de Grupo Oesía, "la frontera física es solo una parte del problema. La defensa de Ceuta depende de anticipar las amenazas, preservar la capacidad de respuesta y coordinar todos los instrumentos del Estado".

Casi un mes después del inicio de la crisis, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunció en el Congreso el refuerzo de la frontera con medidas "extraordinarias", entre ellas el alargamiento de los espigones del Tarajal y Benzú, un sistema permanente de contención marítima mediante boyas fondeadas, vigilancia aérea con drones, embarcaciones ligeras de intervención y dispositivos remotos de actuación subacuática.

Antes de llegar a la frontera

La frontera física es solo la última línea de defensa. La verdadera protección de Ceuta empieza mucho antes, cuando todavía existe margen para detectar la amenaza, movilizar recursos y evitar que una crisis vuelva a sorprender al Estado.

La primera capa de protección debe ser, por tanto, la información, la inteligencia y la anticipación. En Ceuta resulta esencial una coordinación permanente entre la Guardia Civil, la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas, Salvamento Marítimo, el CNI, el CIFAS y las autoridades locales para detectar movimientos anómalos, concentraciones en la costa marroquí, cambios en los flujos migratorios o campañas de movilización en redes sociales.

La inteligencia no elimina el riesgo, pero permite ganar tiempo: activar refuerzos, desplegar medios de vigilancia y rescate, proteger infraestructuras y preparar la capacidad de acogida antes de que la situación se convierta en una emergencia.

La primera línea de respuesta corresponde a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Antes de la crisis, Ceuta contaba con más de 1.200 agentes de Policía Nacional y Guardia Civil. Tras los acontecimientos, Interior desplegó más de 500 efectivos adicionales, elevando el dispositivo hasta unos 1.700 agentes.

Un vehículo militar patrulla por la playa del Trampolín de Ceuta en labores preventivas ya que numerosos migrantes continúan asentados en este lugar.

Un vehículo militar patrulla por la playa del Trampolín de Ceuta en labores preventivas ya que numerosos migrantes continúan asentados en este lugar. EFE/Reduan

La experiencia demuestra que la clave no es sólo disponer de más efectivos, sino contar con una estructura capaz de concentrarlos rápidamente allí donde aparezcan señales de una posible crisis, antes de que la presión alcance el perímetro fronterizo.

A esta capacidad se suma la Comandancia General de Ceuta (COMGECEU), con las unidades del Ejército de Tierra desplegadas permanentemente en la ciudad -entre 2.500 y 3.000 efectivos- y capacidad para recibir refuerzos. Su papel debe ser complementario al de las fuerzas policiales, aportando capacidades de vigilancia, protección, movilidad y logística cuando la situación lo requiera.

En el mar, la Armada puede ampliar además la vigilancia y la conciencia situacional. Durante esta crisis, las fragatas Santa María y Navarra operaron en las proximidades de Ceuta, junto a otros buques de la Armada, reforzando la presencia y vigilancia marítima.

El objetivo no es únicamente levantar más barreras físicas, sino construir una defensa fronteriza por capas: inteligencia y anticipación, vigilancia tecnológica, capacidad policial de respuesta, apoyo militar, protección de infraestructuras críticas y una estrategia frente a la presión híbrida.

Salto hacia una frontera inteligente

La segunda palanca pasa por una frontera inteligente. Sensores electroópticos y térmicos, radares de superficie, drones, vigilancia aérea y enlaces seguros con los buques pueden proporcionar una visión continua de la bahía sur y de otros posibles puntos de acceso. La industria de defensa dispone ya de tecnologías aplicables: compañías como Indra, Oesía, Escribano o Thales cuentan con sistemas específicos.

La tecnología puede actuar como un importante multiplicador de capacidades. Salvador Álvarez Pascual, director de Estrategia de Grupo Oesía, propone trasladar a la frontera una lógica similar a la protección de infraestructuras críticas: crear una “burbuja de protección” que genere una imagen operativa común mediante la fusión de sensores y el apoyo de herramientas de inteligencia artificial.

“Resulta clave conectar tecnologías que aporten información complementaria y permitan actuar de forma coordinada”, explica. Esa arquitectura podría integrar sensores electroópticos, acústicos y de otro tipo; análisis de comportamiento basado en IA; redes privadas de comunicaciones; geolocalización; sistemas antidron y plataformas no tripuladas.

Los drones aéreos (UAV) y navales, tanto de superficie (USV) como submarinos (UUV), ampliarían además la vigilancia autónoma y persistente sobre áreas extensas o de difícil acceso. “Este tipo de sistemas, basados en tecnologías disponibles y probadas en plataformas de defensa de primer nivel, permite integrar la cadena completa de neutralización de amenazas: detectar, decidir y neutralizar”, afirma Álvarez Pascual.

Sistemas electroópticos OTEOS-S, empleados por la Guardia Civil en Ceuta.

Sistemas electroópticos OTEOS-S, empleados por la Guardia Civil en Ceuta. Escribano

EM&E Group, responsable del Servicio Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) de la Guardia Civil, ya tiene desplegados en la costa sistemas electroópticos OTEOS-S. Estos combinan cámaras visibles e infrarrojas de alta resolución, con un alcance de detección superior a 25 kilómetros, y un sistema de mando y control que ofrece a las comandancias una imagen unificada y en tiempo real de los datos procedentes de distintos sensores.

La modernización y ampliación del SIVE en el área del Estrecho de Gibraltar —incluida Ceuta— busca reforzar la cobertura y la eficacia operativa de la vigilancia. EM&E Group prevé ampliar el despliegue de estaciones sensoras e incorporar nuevo equipamiento tecnológico.

Ana Valdivieso-Morquecho, directora de Seguridad y Fronteras de EM&E Group, subraya la importancia de combinar sensores avanzados con un sistema de mando y control que integre la información disponible. “Gracias a la IA, se facilita al operador la identificación ágil de posibles amenazas, mejora su capacidad de respuesta y contribuye a una toma de decisiones más rápida y eficaz”.

Capacidad de reacción

Estrechamente vinculada a la inteligencia y la anticipación se encuentra una tercera capa: la capacidad de reacción. Detectar una amenaza con antelación sólo resulta útil si el Estado dispone de medios preparados para actuar con rapidez cuando la situación cambia.

Ceuta necesita contar con equipos de primera intervención, reservas policiales, medios sanitarios y de rescate, capacidad de transporte y zonas de clasificación y atención que puedan activarse de inmediato. A ello debe sumarse una cadena de mando clara, con responsabilidades previamente definidas y procedimientos ensayados para evitar improvisaciones en los primeros momentos de una crisis.

El objetivo es poder pasar de una situación ordinaria a un escenario de máxima presión en el menor tiempo posible, concentrando efectivos y recursos allí donde sean necesarios. Eso implica disponer no sólo de personal suficiente, sino también de vehículos, comunicaciones, material sanitario, medios de evacuación y capacidad logística de reserva.

La capacidad de reacción, en definitiva, debe convertir la anticipación en una respuesta coordinada y rápida, evitando que los primeros minutos de una crisis determinen su evolución posterior.

Infraestructuras críticas

La cuarta capa de la defensa de Ceuta es la protección de sus infraestructuras críticas. El puerto, las redes de agua y electricidad, las telecomunicaciones, los depósitos de combustible, las instalaciones sanitarias y los centros de acogida necesitan protección física, sistemas redundantes y planes de continuidad que permitan mantener los servicios esenciales durante una crisis prolongada.

La crisis migratoria de este verano ha puesto bajo una fuerte presión la red de acogida, los servicios sanitarios, las emergencias y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Vista de los asentamientos de migrantes en la playa del Trampolín de Ceuta este viernes 28 de agisto.

Vista de los asentamientos de migrantes en la playa del Trampolín de Ceuta este viernes 28 de agisto. EFE/Reduan

Una crisis híbrida no necesita destruir una infraestructura para provocar daños: puede buscar la saturación de los servicios que mantienen en funcionamiento la ciudad, desde los hospitales y el transporte hasta el abastecimiento, las comunicaciones o la capacidad de alojamiento.

También debe contemplarse el despliegue de capacidades temporales —hospitales de campaña, alojamientos modulares, grupos electrógenos o comunicaciones de emergencia— antes de que los recursos ordinarios queden desbordados.

La diplomacia, otra línea de defensa

La quinta capa de defensa es política y diplomática. Si España considera que la presión migratoria puede utilizarse como instrumento de coerción o formar parte de una estrategia híbrida, la respuesta no debe limitarse al refuerzo del dispositivo en Ceuta. También debe hacer visible esa presión y elevar el coste político de emplearla.

El desafío es evitar que episodios de “escalada híbrida” se acumulen hasta consolidar una política de hechos consumados.

Para el almirante en la reserva Juan Rodríguez Garat, ex Almirante de la Flota -máxima autoridad operativa de la Armada-, la cuestión central es la credibilidad del Estado: “Es un problema básicamente de credibilidad. Si uno muestra debilidad, no va a conseguir la simpatía del mundo, sino que va a conseguir que abusen de él. Y en ese sentido, el Gobierno se está equivocando con esta crisis”, afirma.

El almirante cuestiona, además, que la respuesta se haya concentrado en gestionar los efectos de la crisis: “A la hora de lidiar con una crisis como la que hay ahora, el Gobierno ha escogido cómo hacerlo. Se ha centrado en lidiar con las consecuencias, en lugar de tratar de poner las medidas necesarias para que esto no vuelva a repetirse”.

Esto exige reforzar los canales bilaterales con Marruecos y recurrir a los mecanismos europeos. Ceuta y Melilla son fronteras exteriores de la Unión y forman parte del espacio Schengen; por ello, la presión sobre ambas ciudades no afecta sólo a España.

El objetivo debe ser europeizar la defensa de la frontera sur, con mayor apoyo político, financiero, tecnológico y operativo de las instituciones comunitarias, así como con un refuerzo de Frontex cuando resulte necesario.

Rabat desempeña un papel esencial en el control de los flujos hacia la frontera sur de la UE, la lucha contra las redes de tráfico de personas y la prevención de concentraciones masivas. Pero debe ejercer ese papel.