B-21 Raider en el evento de presentación

B-21 Raider en el evento de presentación David Swanson Reuters

Observatorio de la Defensa

La carrera por el bombardero de sexta generación: EEUU y China se disputan la proyección militar del océano Pacífico

Mientras EEUU invierte 6.100 millones de dólares en acelerar la producción del B-21 Raider, desde China las noticias sobre el H-20 no son buenas.

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Las claves

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EEUU y China compiten por desarrollar bombarderos de sexta generación para dominar el espacio aéreo en el Pacífico.

Estados Unidos acelera el programa B-21 Raider, con una inversión de 6.100 millones de dólares y prevé desplegarlo en 2027.

China trabaja en el bombardero H-20, pero la información sobre su desarrollo es escasa y se espera que entre en servicio después de 2030.

El Pentágono refuerza la modernización de los bombarderos B-1 Lancer y B-2 Spirit, extendiendo su vida útil y capacidades hasta mediados de la próxima década.

China y Estados Unidos están librando su particular carrera armamentística en los laboratorios y centros industriales. El objetivo: desarrollar el avión bombardero que marcará el pulso de la siguiente generación de proyección de fuerza aérea de alta intensidad en el teatro Asia-Pacífico.

Desde Washington ven al impulso del B-21 Raider, que Northrop Grumman ganó en 2015, como una de las tareas más urgentes para su Fuerza Aérea.

Tanto es así, que en el presupuesto asignado para el año fiscal 2027, el Departamento de Guerra ha asignado 6.100 millones de dólares para la aceleración del cronograma, la ampliación de las pruebas y la preparación para la producción en serie de la aeronave.

El B-21 se consolidará como la espina dorsal de los bombarderos estadounidenses y será, si todo va según lo previsto, el primero de la sexta generación de aeronaves. Estados Unidos planea poner en servicio los primeros Raider en 2027 en la Base Aérea de Ellsworth, Dakota del Sur.

Será también una pieza clave en el teatro Indo-Pacífico que desde el Pentágono establecen como la amenaza más importante ante el crecimiento de la capacidad armamentística de China y su sempiterna reclamación sobre Taiwán.

Al hilo del B-21 y de forma paralela, los ingenieros de la compañía estatal Xi'an Aircraft Industrial Corporation (XAC) se encuentran trabajando en el diseño y desarrollo del bombardero H-20 para la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China.

Como a casi todo lo que concierne a temática armamentística, Pekín ha envuelto el programa con un denso velo y férreo control de la información disponible.

En 2024, durante el XIV Congreso Nacional del Pueblo, el subcomandante de la Fuerza Aérea china, el teniente general Wang Wei, explicó al mundo que el H-20 estaba a punto de convertirse en una realidad, aludiendo a la rapidez y a la inmediatez con la que cristalizaría el programa.

Desde entonces, muy poco se ha sabido sobre uno de los programas estrella con los que Pekín planea competir en el plano aéreo con Estados Unidos.

El bombardero volvió a estar de actualidad a finales de 2025 cuando emergieron en redes sociales varios vídeos de aeronaves experimentales y algunos analistas apuntaron a la posibilidad de que fuera el H-20, algo que finalmente quedó descartado, ya que se identificaron como drones espía.

Detrás de Estados Unidos

"Puedo comprender perfectamente su deseo [de China] de tener una capacidad de ataque de largo alcance como la de Estados Unidos, y sé que la están buscando con ahínco", explicó el general Stephen Davis, comandante del Comando de Ataque Global de la Fuerza Aérea (AFGSC), en una entrevista a TWZ.

Pero el general Davis apuntó a que "todavía no han llegado a ese nivel" ni tan siquiera están muy cerca de conseguirlo.

"Creo que nuestros adversarios analizan nuestras capacidades de ataque de largo alcance y quieren imitarlas, pero no pueden", continuó.

"No hay ningún otro país en el mundo [aparte de EEUU] que pueda desplegar una plataforma de ataque de largo alcance prácticamente cualquier día y en cualquier momento y lugar que elija".

En esta línea, según recoge 19fortyfive, los últimos análisis de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos no esperan que China consiga tener el H-20 en servicio a partir del 2030.

Para ese momento, la Fuerza Aérea del país americano contará con el B-21 Raider plenamente operativo. Además, la última documentación del Pentágono apunta a una ampliación de los años en servicio de los B-1 Lancer y B-2 Spirit.

Trío de bombarderos

El objetivo original de la Fuerza Aérea era comenzar con la retirada de los B-1 y B-2 a principios de la década de los 2030, un plan que iba acompañado a la entrada en servicio de los B-21 Raider.

Sin embargo, su reciente uso en escenarios de alta intensidad y el incremento en el presupuesto destinado a defensa ha producido un cambio de planes dentro del Pentágono, que acaba de anunciar importantes inversiones en ambas plataformas para los próximos años.

Dentro de los nuevos documentos presupuestarios queda reflejada una inversión de 342 millones de dólares para la modernización del B-1 Lancer entre 2027 y 2031.

Lanzamiento de una bomba MOP desde un B-2 Spirit.

Lanzamiento de una bomba MOP desde un B-2 Spirit.

"Esta solicitud proporciona la financiación necesaria para modernizar la plataforma, garantizando su letalidad y relevancia hasta 2037", según indica el presupuesto.

Por otro lado, la Fuerza Aérea invertirá 1.350 millones de dólares durante la misma ventana temporal en su flota de B-2 Spirit, pero la documentación no menciona un año de retiro planificado.

"El B-2 es el único bombardero furtivo totalmente operativo que tenemos y, francamente, la capacidad de ataque penetrante de largo alcance es una de las deficiencias más significativas de nuestras Fuerzas Armadas", declaró en esta ocasión el coronel retirado Mark Gunzinger, ex subsecretario adjunto de defensa, en una entrevista a Air & Space Forces Magazine.