Uno de los petroleros atacados esta semana en el estrecho de Ormuz.

Uno de los petroleros atacados esta semana en el estrecho de Ormuz. Efe

Observatorio de la Defensa

OTAN y UE dan portazo a la propuesta de Trump de intervenir militarmente en el Estrecho de Ormuz

Trump lamentó que, pese a compartir objetivos estratégicos —en especial impedir que Irán obtenga armas nucleares—, sus aliados se nieguen a apoyarlos sobre el terreno.

Más información: La negativa europea a colaborar en el control militar de Ormuz desata la ira de Trump y pone en riesgo el futuro de la OTAN

Publicada
Actualizada

Las claves

La OTAN y la Unión Europea han rechazado la propuesta de Donald Trump de intervenir militarmente en el Estrecho de Ormuz.

Francia, Alemania, España, Italia, Países Bajos y Grecia han descartado cualquier implicación militar en la zona, alegando que no es su guerra.

La UE estudió modificar la operación naval 'Aspides' para reabrir el Estrecho, pero varios países se opusieron, temiendo una escalada con Irán.

Trump lamenta la falta de apoyo de sus aliados, mientras el bloqueo iraní del Estrecho mantiene la incertidumbre en los mercados energéticos.

Este martes, el presidente francés, Emmanuel Macron, cerró la puerta definitivamente a cualquier participación militar. “Francia no participará en operaciones destinadas a abrir o liberar el Estrecho de Ormuz en el contexto actual”, afirmó. “Francia no es parte de esta guerra”, subrayó.

El portazo francés, que en su momento anunció una misión conjunta internacional para proteger a los petroleros y reabrir el Estrecho, ha confirmado lo que ya se daba por hecho en los círculos diplomáticos: ni la OTAN ni la Unión Europea se implicarán en una operación militar en Ormuz, promovida por el presidente Donald Trump.

La jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, también zanjó cualquier duda al recalcar que el Estrecho “queda fuera del ámbito de acción de la OTAN” y que Europa “no tiene ningún interés en una guerra sin fin”.

El alineamiento entre la OTAN y la UE supone un punto de inflexión para la iniciativa estadounidense. Desde su concepción, la propuesta de desplegar una fuerza multinacional en Ormuz fue recibida con frialdad por los aliados, que insisten en que “no se trata de un conflicto propio”.

El Gobierno alemán, que sintetizó en palabras de su ministro de Defensa, Boris Pistorius, la posición en un tajante: “Esta no es nuestra guerra”.

También Australia, Canadá y Japón han descartado participar en operaciones militares ofensivas.

Igualmente contundente fue el primer ministro británico, Keir Starmer, al afirmar que el Reino Unido trabaja con sus aliados —incluidos los europeos— en un plan “viable” para reabrir el Estrecho, pero dejó claro que Londres no se involucrará en la guerra en Irán. “

No nos dejaremos arrastrar a la guerra”, advirtió, y añadió: “Quiero que esta guerra termine cuanto antes, porque cuanto más se prolongue, más peligrosa se vuelve la situación y peor es para el coste de vida”.

El debate sobre Aspides

En paralelo, la Unión Europea exploraba este lunes algunas opciones propias, aunque sin lograr una posición común. Kallas llegó a plantear reorientar la operación naval europea en el Mar Rojo, Aspides, para contribuir a la reapertura del Estrecho de Ormuz y facilitar la reanudación del tráfico energético.

“Si queremos tener seguridad en esta región, lo más fácil sería utilizar la operación que ya tenemos allí y quizá modificarla un poco”, defendió la jefa de la diplomacia europea antes de la reunión de ministros de Exteriores.

La propuesta, sin embargo, fue recibida con escepticismo y rechazo por varios Estados miembros.

El ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, se declaró “muy escéptico” ante la posibilidad de ampliar el mandato de la misión y recalcó que Berlín “no participará en esta disputa”, al considerar que una mayor implicación podría incrementar el riesgo de escalada con Irán.

España se alineó en esta posición. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, rechazó respaldar un cambio de mandato y apeló a la desescalada: “La solución puramente militar nunca trae democracia, ni estabilidad, ni prosperidad económica”.

En términos aún más contundentes, la ministra de Defensa, Margarita Robles, descartó cualquier implicación: “España no se plantea ninguna misión en Ormuz. Lo que planteamos es la exigencia de que la guerra termine. Es una guerra ilegal que está produciendo muchos muertos y España nunca va a aceptar cuestiones sucedáneas”.

Italia tampoco se mostró, por ahora, muy favorable a reutilizar Aspides para la protección directa del Estrecho, pese a contar con un buque integrado en la operación, según fuentes diplomáticas.

Fuera de la UE, Reino Unido mantiene una línea de prudencia. El secretario de Trabajo y Pensiones, Pat McFadden, confirmó que Trump habló recientemente con el primer ministro Keir Starmer, aunque evitó comprometer un aumento de la implicación británica.

Los gobiernos de Países Bajos y Grecia también se unieron a la negativa de enviar tropas o participar activamente en una misión militar en Ormuz.

El primer ministro holandés, Rob Jetten, declaró a la prensa de su país que sería "muy difícil lanzar una misión exitosa allí a corto plazo".

Enfado de Trump

La falta de apoyo ha provocado una visible irritación en la Casa Blanca. Trump lamentó que, aunque sus aliados coinciden en los objetivos estratégicos —especialmente evitar que Irán desarrolle armamento nuclear—, no estén dispuestos a respaldarlos sobre el terreno.

“Creo que la OTAN está cometiendo un error muy tonto”, declaró durante un encuentro con el primer ministro irlandés, Micheál Martin.

El presidente estadounidense incluso sugirió que Washington debería “reconsiderar” su pertenencia a la Alianza Atlántica.

Las críticas del mandatario contrastan con la trayectoria histórica de la OTAN. La única vez que la Alianza activó el Artículo 5 de defensa colectiva fue tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, precisamente en respaldo directo a Estados Unidos.

Incertidumbre estratégica

Mientras tanto, el bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán —en represalia por la ofensiva estadounidense e israelí— mantiene en vilo a los mercados energéticos y a la seguridad marítima internacional.

Trump insiste en que la operación será breve, aunque reconoce que aún no hay condiciones para una retirada.

La combinación de incertidumbre militar, división europea y falta de consenso aliado dibuja un escenario complejo.

A corto plazo, todo apunta a que cualquier operación en Ormuz quedará limitada a iniciativas nacionales o coaliciones ad hoc, lejos tanto del paraguas de la OTAN como de una respuesta cohesionada de la Unión Europea.