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Observatorio de la Defensa

La pirámide de Maslow y la cultura de la defensa

Silvia Gamo
Publicada

Cómo hablar de la cultura de la defensa sin decir que hablas de la cultura de la defensa…Habrá algunos lectores que sólo con oír estas dos palabras juntas me retiren su lectura. A los que decidan seguir adelante, los animo a que intenten superar sus representaciones mentales y me concedan dos minutos, quizá tres, de su tiempo.

Aprendí a través de la pirámide del señor Maslow (el destacado psicólogo que defiende que según se satisfacen las necesidades más básicas-situadas en la base de la pirámide-, desarrollamos deseos más elevados que están en la parte superior).

La novedad de Maslow no es sólo jerarquizar nuestras necesidades, sino un concepto mucho más innovador: toda necesidad satisfecha deja de ser necesidad. Es decir, olvidamos o dejamos a un lado las necesidades más básicas cuando están cubiertas y solo podemos llegar al vértice de la pirámide (la autorrealización) si tenemos completas las anteriores.

Antes de seguir me gustaría que se planteasen en qué peldaño dentro de esta pirámide situarían la defensa. Como habrán intuido está en la base.

Pero ¿qué tiene que ver la pirámide de Maslow con la cultura de la defensa? Pues todo o, al menos, mucho. La defensa y la seguridad constituyen los cimientos de nuestro Estado del bienestar. Es un derecho social, si me permiten, que garantiza el resto de los derechos: sanidad, educación…Es lo que garantiza nuestro desarrollo y nos permite avanzar como sociedad.

La defensa y la seguridad constituyen los cimientos de nuestro Estado del bienestar. Es un derecho social, si me permiten, que garantiza el resto de los derechos: sanidad, educación…

Durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI, los europeos y, por lo tanto, los españoles hemos disfrutado de un largo periodo de prosperidad y paz, gracias a una estructura, la de la Unión Europea, que se crea para que los ciudadanos de Europa-que habían vivido en su territorio dos guerras mundiales en un periodo de tiempo relativamente corto- puedan vivir en concordia.

La creación de Europa, tal y como la conocemos hoy en día, nos ha proporcionado un marco histórico y jurídico donde desarrollarnos, crecer en valores y aumentar nuestra calidad de vida con servicios básicos y protección social.

Esta ausencia de amenazas inminentes y este periodo de estabilidad tiene como consecuencia que hayamos alcanzado con cierto éxito el último estadio de la pirámide. Aparentemente satisfechas nuestras necesidades básicas, trabajamos en mejorar nuestros derechos, actuamos cuando se vulneran.

Con la necesidad de la defensa satisfecha, no del todo, pero sí en gran parte, otras políticas y derechos se han expandido y mejorado durante décadas, se han puesto en valor, mientras la defensa y la seguridad, por diferentes circunstancias y razones, no ha sido un foco prioritario.

Por lo tanto, olvidamos su importancia, su conocimiento, su labor; damos por hecho que está porque sí, que no hay nadie trabajando por ella… Nada más lejos de la realidad. Cada día hay miles de hombres y mujeres responsables de garantizar nuestros derechos, los de todos.

Decía la escritora Evelyn Beatrice Hall en una frase atribuida a Voltaire “No estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo”. Porque sí, nuestra defensa democrática también garantiza nuestra libertad de expresión.

En el entorno de defensa se están poniendo en marcha proyectos científicos y tecnológicos punteros que también pueden cambiar el rumbo como país, trasladando sus avances al mundo civil y viceversa.

Y si esto es así, ¿no sería razonable pensar que deberíamos conocer y poner en valor su labor? Más aún en un contexto cambiante, con tremendos desafíos, donde se han roto las reglas del juego que nos habíamos dado, cuando nos enfrentamos a amenazas híbridas, complejas, que debemos afrontar con el poder que nos dan nuestros valores y que tienen que trasladarse a una mayor capacidad de disuasión.

Rusia invadió Ucrania en 2022. Surgen dudas sobre el compromiso de algunos aliados con la seguridad europea y por primera vez en la Unión Europea tenemos un comisario de Defensa. Quizá sea un buen momento para echar un vistazo a nuestra defensa….

Para ello, necesitamos entenderla; atender sus necesidades tecnológicas, sus retos…, conocer, por ejemplo, que en el entorno de defensa se están poniendo en marcha proyectos científicos y tecnológicos punteros que también pueden cambiar el rumbo como país, trasladando sus avances al mundo civil y viceversa.

Proyectos en comunicaciones, ciberseguridad, plataformas, materiales, tecnologías disruptivas y emergentes en nuestro espacio exterior, pero que también tienen en cuenta nuestro medio ambiente y la sostenibilidad.

Desarrollos duales, como lo fue en su momento el GPS o la epidural demuestran que la defensa es algo más que números: representan valores, vanguardia, empleo, industria, pero, sobre todo, garantizan nuestros derechos.

Por ejemplo, el del Ejército del Aire y del Espacio, BACSI, (Bases logísticas conectadas, sostenibles e inteligentes) que pretenden conectar los distintos elementos que constituyen una base aérea: las personas, sus ideas y las cosas.

O la BLET, la Base Logística del Ejército de Tierra, uno de los cuatro pilares de modernización del Ejército 2035 y que, entre otras muchas apuestas tecnológicas, incorporará el SILPRE (sistema predictivo), el cerebro capaz de predecir el estado futuro de los sistemas de armas, equipos, materiales e infraestructuras logísticas. O el buque autónomo de la Armada, que evolucionará hacia sistemas modulares donde la robótica y la automatización serán claves.

Son solo algunos de los desarrollos en los que están ahora mismo trabajando. La tecnología, la gran protagonista del siglo XXI, puede ser también una gran oportunidad que busque y replique conexiones entre aquellos que no se han acercado a conocer la defensa.

Desarrollos duales, como lo fue en su momento el GPS o la epidural demuestran que la defensa es algo más que números: representan valores, vanguardia, empleo, industria, pero, sobre todo, garantizan nuestros derechos.

Y si conocemos más sobre nuestra defensa, ¿no tendría sentido plantearnos como ciudadanos qué papel queremos jugar en la seguridad colectiva?  ¿no deberíamos, con nuestros valores, con nuestras lecciones aprendidas, con nuestros errores querer tener un rol, aportar desde nuestra historia, en este nuevo escenario mundial que se está gestando?

El sapere aude que popularizó Kant está hoy más vigente que nunca. Atrevámonos a saber, a conocer.

*** Silvia Gamo es directora general del Círculo de Tecnologías de la Defensa y la Seguridad