Tecnología de defensa europea.

Tecnología de defensa europea. Imagen generada por IA

Observatorio de la Defensa

La escasa innovación y la excesiva burocracia amenazan la autonomía estratégica europea

Según un estudio de la consultora Roland Berger, mientras EEUU invierte un 0,37% de su PIB a innovación militar, la UE dedica apenas el 0,03%.

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Las claves

Un informe de Roland Berger advierte que la innovación fragmentada y la burocracia ponen en riesgo la autonomía estratégica europea en defensa.

La UE invierte solo el 0,03% de su PIB en innovación militar, muy por debajo del 0,37% de EEUU y el 6,3% de Israel, lo que genera una brecha tecnológica.

El informe destaca que tecnologías prometedoras quedan atrapadas en el "valle de la muerte" debido a la falta de financiación y procesos de compra públicos rígidos.

Modelos de innovación ágiles en Israel y Ucrania, basados en ciclos cortos y colaboración estrecha, son señalados como ejemplos para transformar el ecosistema europeo.

Un nuevo informe de la consultora Roland Berger, Strength through innovation. A vision for a new innovation ecosystem for European defense, alerta de que el continente corre el riesgo de quedarse rezagado en la competencia militar y tecnológica frente a potencias como Estados Unidos, China o Israel, debido a un ecosistema de innovación “fragmentado, lento y adverso al riesgo”.

Según el estudio, la Unión Europea dedica apenas el 0,03% de su PIB a innovación militar, frente al 0,37% de Estados Unidos, lo que refleja una brecha estructural que se suma a los extensos ciclos de desarrollo —a menudo medidos en décadas— y a una burocracia que asfixia a las startups de defensa.

Tecnologías prometedoras que se quedan atrapadas en el llamado "valle de la muerte", sin llegar a transformarse en capacidades reales sobre el terreno. Mientras tanto, la carrera por la superioridad tecnológica en defensa se acelera en todo el mundo, y Europa sigue avanzando con el freno echado.

El informe sostiene que el ecosistema europeo de innovación “está insuficientemente financiado” y que la fragmentación institucional, los procesos de adquisición rígidos y las fronteras nacionales ralentizan el salto del laboratorio al campo de batalla.

“Europa tiene talento y tecnología”, advierte Juan Luis Vílchez, socio senior en Roland Berger, "pero necesita un ecosistema que acelere el despliegue de estas infraestructuras a escala continental. Sin ello, la innovación seguirá fragmentada y la capacidad de disuasión será insuficiente".

El análisis destaca un cambio de paradigma en la guerra contemporánea: el combate se define por la velocidad, la digitalización y el software. Los conflictos en Ucrania y Oriente Medio demuestran que la ventaja se obtiene mediante la innovación en tiempo real, el uso de soluciones de masa asequibles y la experimentación constante.

Europa, en contraste, mantiene estructuras pensadas para tiempos de estabilidad, con sistemas de adquisición diseñados para minimizar el riesgo más que para responder al ritmo de la guerra moderna.

Burocracia, financiación y el “valle de la muerte”

A la lentitud burocrática se suma un déficit financiero crónico. La inversión dispersa entre los Estados miembros reduce el impacto estratégico y evita la aparición de campeones tecnológicos a escala europea.

Mientras tanto, muchas tecnologías innovadoras quedan atrapadas entre la investigación y la producción masiva, incapaces de superar el valle de la muerte” por falta de respaldo institucional y de mecanismos ágiles de compra pública.

“Los conceptos disruptivos suelen estancarse antes de alcanzar madurez operativa”, indica el estudio, que vincula este bloqueo a un sistema de contratación “excesivamente conservador” y sin tolerancia para la experimentación.

En este sentido, Roland Berger propone adoptar modelos de desarrollo en espiral, inspirados en prácticas estadounidenses, que permitan la mejora continua y el despliegue iterativo de capacidades.

Lecciones de Israel y Ucrania

El informe identifica ejemplos de resiliencia y agilidad en Israel y Ucrania, países que han convertido la urgencia operativa en un motor de innovación.

En ambos casos, la colaboración estrecha entre Fuerzas Armadas, industria y startups ha permitido evolucionar sistemas en cuestión de semanas, en lugar de años.

Los miembros de una unidad ucraniana que opera drones Vampiro se preparan para recorrer el camino hasta su posición, en el frente de combate de Donetsk

Los miembros de una unidad ucraniana que opera drones Vampiro se preparan para recorrer el camino hasta su posición, en el frente de combate de Donetsk María Senovilla

La consultora asegura que, “en la práctica, la innovación israelí se caracteriza por ciclos de desarrollo cortos e iterativos, equipos pequeños y ágiles y pruebas operativas continuas”, y subraya además que “el fracaso se considera una parte esencial del proceso de aprendizaje, en lugar de algo que deba castigarse, lo que fomenta la innovación de abajo arriba”.

El informe añade que Israel “ha invertido más en I+D en relación con el PIB que cualquier otra economía avanzada —6,3% en 2023, frente al 3,4% de Estados Unidos y el 2,1% de la Unión Europea—”

Respecto a Ucrania, indica que su supervivencia "ha dependido no de mejoras incrementales, sino de la capacidad de acelerar radicalmente el ciclo de desarrollo desde la idea hasta el despliegue en el campo de batalla".

Según el documento, "ingenieros, emprendedores y soldados operan en ciclos de desarrollo cortos, con prototipos que a menudo se prueban en combate pocos días después de su concepción".

En este entorno, añade el estudio, "el tiempo desde la identificación de un problema en el frente hasta la entrega de un prototipo puede medirse en semanas", lo que ilustra una agilidad operativa impensable aún en la mayoría de los sistemas europeos.

La consultora concluye que Europa debería aprender de esos modelos y abrir su ecosistema de defensa a actores no tradicionales, fomentando una cultura donde el riesgo se asuma como parte del proceso innovador.

Pérdida de relevancia

Roland Berger dibuja una hoja de ruta basada en tres pilares: agilizar los procesos regulatorios y de contratación mediante marcos más flexibles y mecanismos de evaluación rápida.

Igualmente, propone reforzar la conexión entre industria, tecnología y defensa para impulsar una cooperación transnacional más eficaz.

Y, por último, coordinar la financiación estratégica a escala europea, alineando los fondos de innovación y las políticas industriales con las verdaderas necesidades operativas

El mensaje es inequívoco: la innovación no es una opción, sino una condición para la disuasión. Mantener la relevancia estratégica en un entorno global marcado por la velocidad y la integración civil-militar exige cambiar las reglas del juego.

Sin una reforma profunda, advierte Roland Berger, Europa corre el riesgo de convertirse en un actor dependiente en materia de defensa, incapaz de sostener por sí misma su autonomía estratégica.

En un contexto global cada vez más inestable, la fortaleza del continente dependerá no solo de su capacidad industrial o presupuestaria, sino de su habilidad para innovar rápido, escalar tecnologías emergentes y asumir el riesgo como parte esencial de la seguridad.