La inversión en defensa española.

La inversión en defensa española. Imagen generada por IA

Observatorio de la Defensa

¿Puede la industria de la defensa cumplir el objetivo actual?

Alberto Palomar Olmeda
Publicada

La respuesta a esta pregunta no es sencilla. El diagnóstico inicial es que la conformación actual de la industria de la defensa no es capaz de asumir el reto del incremento en gasto de defensa de España por muchas y variadas razones.

Entre ellas, que el incremento de gasto se ha producido en todos los países a la vez y la capacidad de formular soluciones para satisfacer la demanda global resulta, cuando menos, incierta, porque el incremento de aquella no puede ser asumido por la oferta ni considerada en términos mundiales.

El reto, por tanto, es cómo llegar a los esquemas de satisfacción de la oferta. Durante algún tiempo los ojos se vuelven al crecimiento, mediante fórmulas mercantiles de todo tipo, de fusión, absorción, compra o cualquiera otra en la búsqueda de eso que hemos convenido en llamar “campeones nacionales”.

La fórmula puede ser real, pero, en todo caso, es insuficiente porque difícilmente servirá para una solución global, aunque mejorará los términos de satisfacción actual.

A partir de aquí el reto es mucho más amplio y se sitúa en dos terrenos diferenciados. De un lado, la innovación y el progreso tecnológico. Más allá de lo que puedan aportar los “campeones nacionales” parece necesario abundar en la necesidad de apostar por el I+D+I.

La problemática es que, de un lado, el desarrollo y la aplicación de la Ley de Ciencia y, de otro, la insuficiencia e inaplicación del contrato de asociación para la innovación, han propiciado un marco que no satisface las necesidades reales en la materia ni convierte la investigación en un aliado de la estrategia empresarial y del desarrollo.

Estas formas asociativas y colaborativas están en un estado muy incipiente y eso nos resta potencialidad como fórmula adicional de ampliación de la capacidad industrial pero su esencia y su potencialidad es de tal nivel que valdría la pena considerar las dificultades aplicativas y luchar por convertirlas en mas eficaces.

Más allá de lo que puedan aportar los “campeones nacionales” parece necesario abundar en la necesidad de apostar por el I+D+I.

Es cierto, sin embargo, que el incremento de la capacidad y la apuesta por la innovación son elementos de la configuración de una industria y de un modelo industrial, pero lo que parece evidente es que se necesitan fórmulas adicionales y complementarias básicamente en la capacidad de generación y de reproducción y, específicamente, en el volumen de producción.

Este reto industrial no es menor y ataca diferentes ámbitos de la actividad. El primero –no en orden de importancia- es la falta de talento cualificado.

El sector de la industria de la defensa necesita la incorporación y la asimilación de talento industrial y tecnológico. Su carencia es manifiesta y la capacidad de generar esquemas de satisfacción y de cumplimiento en los términos que se necesitan se presenta más que dudosa en un periodo inmediato.

La incorporación de capital humano extranjero es compleja porque la oferta es grande y en ella se produce una competencia salarial en la que es dificil salir triunfadores.

Otra posibilidad es depurar o inventar nuevas fórmulas de colaboración que trasciendan del contrato administrativo y se sitúen en un terreno más participativo y abierto.

El esquema es complejo por la falta de tradición y de éxito en este tipo de fórmulas y, finalmente, porque en muchas de ellas está presente la Administración Pública y la rigidez de los planteamientos administrativos tampoco ayuda. Pero en el plano de las fórmulas admisibles no podemos dejar de señalar a esta.

Finalmente, en este recuento apresurado de ideas y por contribuir a un debate que no se si está suficientemente planteado en la sociedad española e, incluso, en la mundial, es posible pensar en si algún sector industrial podría prestar una ayuda colaborativa en este proceso.

Este reto industrial no es menor y ataca diferentes ámbitos de la actividad. El primero –no en orden de importancia- es la falta de talento cualificado.

Por poner un ejemplo, el sector de la automoción tiene una enorme capacidad de producción, una enorme versatilidad, se ha visto envuelto en una transformación estructural sin precedentes y tiene una potencial sinergia que podría coadyuvar a la potenciación de la capacidad industrial.

La ventaja es el tiempo: una vinculación más o menos rápida es una alternativa a lo que al sector le puede costar su propio crecimiento y cuando este llegará a niveles de satisfacción en función de los objetivos presupuestarios fijados.

La idea central es que el cumplimiento del objetivo necesita fórmulas diversas, abiertas, operativas y no dogmáticas. El crecimiento sobre uno o varios operadores (en términos europeos) es una solución parcial que debe combinarse con otras soluciones más abiertas y participativas.

La tecnología y la investigación no tienen rentabilidad inmediata pero no estar en este ámbito te fagocita a medio o largo plazo. Crecer con fórmulas únicas se plantea como una solución poco imaginativa y muy dogmática, circunstancias ambas que no avalan el cumplimiento del objetivo.

En este contexto estamos en posición de responder a la pregunta inicial e indicar que la respuesta exige adaptación, inversión, originalidad, formas abiertas, internacionales, participativas y, en general, que asuman un principio central de esta industria que es la incapacidad real de hacer todo por un mismo operador.

Siendo esto así, el gran reto es la originalidad, el objetivo claro y las fórmulas específicas que aporten solvencia y capacidad en un momento de aumento de la demanda como se ha vivido y que, claro está, tampoco sabemos cuanto va a perdurar en el tiempo y el espacio.

Por tanto, la imaginación y la flexibilidad son los dos instrumentos sin los que no habrá capacidad de cumplir.

*** Alberto Palomar Olmeda, es profesor Titular (Acred) de Derecho Administrativo y abogado en Broseta.