Bruselas

Pedro Sánchez dio su primer golpe de efecto en la escena europea con su decisión de acoger en Valencia a los 629 migrantes del barco Aquarius, que habían sido rechazados previamente por Italia y Malta, nada más llegar al poder en junio de 2018. La política migratoria fue la base de la estrecha relación que tejió en Bruselas con la canciller Angela Merkel, a la que invitó a pasar unos días de vacaciones en el palacio de las Marismillas en Doñana. También pactó entonces con el presidente francés, Emmanuel Macron, una serie de medidas para hacer frente a la presión migratoria en el Mediterráneo.

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Gracias al Aquarius, el presidente del Gobierno español consiguió asumir un papel protagonista en la Unión Europea y se convirtió en modelo y referente en materia migratoria, justo en el momento en el que el Gobierno populista italiano se distanciaba del núcleo duro bruselense. 

Un año más tarde, Alemania y Francia han dejado a Sánchez fuera del primer gran acuerdo en materia migratoria en muchos meses que se ha cerrado este lunes en la Valeta: un sistema de reparto automático de los migrantes rescatados en alta mar. Un pacto en el que sí está Italia, que regresa al redil europeo con la salida del Gobierno del ultra Matteo Salvini, que además era ministro del Interior. La nueva coalición entre el Movimiento Cinco Estrellas y el Partido Demócrata ha sido recibida con  los brazos abiertos por los dirigentes de la UE.

Las nuevas autoridades italianas han correspondido a su vez con un gesto para desbloquear el debate migratorio: abrir de nuevo sus puertos a las ONGs que rescatan migrantes en el Mediterráneo, que habían sido vetadas por Salvini. Han autorizado el desembarco en la ciudad siciliana de Messina de las 182 personas que permanecían a bordo del buque Ocean Viking.

En el encuentro de La Valeta han participado los ministros del Interior de Alemania, Francia, Italia y Malta, que ha ejercido de anfitrión. También estaban el comisario de inmigración, Dimitris Avramopoulos, y la presidencia de turno de la UE, que este semestre ocupa Finlandia. España ha sido la gran ausente de esta mini cumbre.

Y eso que entre enero y agosto de este año han llegado a las costas españolas 14.800 migrantes, el doble que la cifra registrada en Italia durante el mismo periodo, según los datos de Frontex. La ruta entre Turquía y las islas griegas vuelve a ser la más problemática, con 38.300 llegadas. El Gobierno de Atenas también ha sido excluido de la reunión de La Valeta.

Reparto en todo el Mediterráneo

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha negado ningún tipo de "disgusto" por no estar presente en el encuentro. Asegura que el problema no es que el Gobierno esté en funciones y por eso haya perdido brillo en la UE. Justifica su ausencia porque en la capital maltesa sólo se ha hablado de los migrantes rescatados por barcos de ONGs en el Mediterráneo Central, es decir, en la ruta entre Libia e Italia. "En ese contexto, España tiene poco que decir", ha señalado en una entrevista a RNE.

Lo cierto es que el Gobierno de Pedro Sánchez está muy molesto con este sistema temporal de reparto patrocinado por Francia y Alemania precisamente porque no cubre a los migrantes llegados a España. A juicio de Grande-Marlaska, el acuerdo debería englobar los rescates en todo el Mediterráneo, y no sólo en su franja central, y todo tipo de barcos (militares, de salvamento marítimo) y no únicamente los de las ONGs. 

"La verdadera solidaridad y responsabilidad exigiría que el reparto en la forma en que pudiera acordarse por la UE tuviera en consideración el Mediterráneo en su conjunto y el conjunto de rescates, con independencia del barco que participe en ellos", dijo el ministro del Interior tras reunirse la semana pasada en Roma con la sucesora de Salvini, Luciana Lamorgese.

En todo caso, España no tiene intención de participar en el esquema pactado en La Valeta porque ya cumple sus obligaciones asumiendo en solitario los rescates en el Mediterráneo Occidental. "Nosotros en lo que va de año ya hemos rescatado por vía marítima a 16.500 personas, salvando vidas, cumpliendo nuestras obligaciones internacionales", ha resaltado Grande-Marlaska.

Eso sí, el ministro del Interior admite que la salida de Salvini del Gobierno italiano facilitará el desbloqueo del debate migratorio en la UE. "Manifestaba una actitud absolutamente obstruccionista a lo que debe ser una política migratoria donde se combinen los principios de seguridad pero también de humanidad; control de los flujos migratorios pero también un respeto escrupuloso de los derechos humanos", sostiene el ministro del Interior.

A pesar de que ya han transcurrido cuatro años desde el punto álgido de la crisis de refugiados en otoño de 2015, la política migratoria sigue siendo uno de los principales focos de tensión y enfrentamiento entre los países de la UE. La fractura entre el Este y el Oeste que provocaron las cuotas de refugiados no se ha cerrado.

De las siete propuestas legislativas presentadas por la Comisión de Jean-Claude Juncker para reformar el sistema de asilo, no se ha aprobado ninguna: tarea pendiente para el nuevo equipo de Ursula Von der Leyen. Tampoco han prosperado los acuerdos para crear campos de migrantes fuera de la UE o centros de detención en Italia, Grecia o España.

Esperan sumar a otros países

El principio de acuerdo cerrado este lunes en La Valeta por Italia, Malta, Francia y Alemania es una especie de puente hasta que se logre una solución definitiva. Los ministros del Interior de los cuatro países apenas han dado detalles sobre el contenido. El comisario Avramopoulos explica que se trata de un "conjunto de disposiciones predecibles y estructurales". El objetivo es facilitar soluciones rápidas y evitar que los barcos tengan que quedarse días e incluso semanas a la deriva a la espera de que los Estados miembros sean capaces de alcanzar cada vez un pacto ad hoc.

Durante los días previos a la reunión de Malta se filtró que Alemania y Francia estarían dispuestas a acoger cada una al 25% de los migrantes rescatados en alta mar por barcos de ONGs, mientras que Italia se quedaría al 10%. Estas cifras no han sido confirmadas este lunes. Los cuatro países no quieren hacer público el acuerdo hasta que lo expliquen al resto de Estados miembros en la reunión prevista en Luxemburgo para el 8 de octubre: pretenden que más voluntarios se sumen al reparto.

En el último año, sólo 15 de los 28 Estados miembros han participado en este tipo de coaliciones de voluntarios para repartirse a los migrantes rescatados en alta mar. Se trata de Finlandia, Francia, Alemania, Portugal, España, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Bélgica, Lituania, Rumanía, Bulgaria y Eslovenia, además de Noruega. Bruselas ha coordinado la distribución en alrededor de 20 casos desde julio del año pasado

Entre los que jamás se han presentado para ayudar se encuentran los cuatro países del grupo de Visegrado. Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia mantienen una oposición férrea a cualquier tipo de cuotas. Así lo ha vuelto a reiterar el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante una visita a Roma este fin de semana.

La intención del Ejecutivo comunitario sigue siendo ejercer labores de coordinación y dar ayudas europeas a los países que participen en los repartos: 6.000 euros por migrante acogido más 500 euros para gastos de transporte. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha hablado de sancionar a los Estados miembros que rechacen ofrecer ningún tipo de solidaridad.

El comisario Avramopoulos avisa de que el acuerdo de La Valeta no es suficiente para hacer frente a la presión migratoria. "Sigo convencido de que una solución estructural y permanente, integrada en el sistema europeo común de asilo, es la única solución viable a medio plazo", ha dicho. La reforma de la política migratoria se mantiene como la eterna asignatura pendiente, que ahora pasa a la Comisión de Ursula von der Leyen.