Bruselas

A los líderes europeos les cuesta encajar el rompecabezas del reparto de poder en la UE para la próxima legislatura. En la reunión extraordinaria celebrada el 28 de mayo, apenas dos días después de las elecciones a la Eurocámara, los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 se comprometieron a pactar los nombres de los nuevos altos cargos en la cumbre que empieza este jueves en Bruselas. En las últimas tres semanas, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha mantenido contactos intensivos con todas las capitales y se han celebrado también minicumbres a varias bandas, todo con el máximo secretismo. Pero el sudoku sigue sin resolverse.

"En el tema de los nombramientos, todo está abierto. Hay muchas conversaciones y la aspiración de todos es intentar llegar a un acuerdo cuanto antes. Si fuera posible en este Consejo, tanto mejor", explica un alto diplomático europeo. La sensación en Bruselas es que este primer intento se saldará en fracaso debido al enfrentamiento entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel. De hecho, ya se habla de una nueva cumbre para el 1 de julio con el fin de cerrar el reparto. La fecha límite es la sesión inaugural de la Eurocámara, que se celebra el dos de julio en Estrasburgo.

No obstante, Tusk mantiene la presión sobre los líderes con la intención de evitar que la renovación de la cúpula de la UE degenere en una nueva crisis. "Las consultas han mostrado que hay diferentes puntos de vista, diferentes intereses, pero también una voluntad común de finalizar este proceso antes de la primera sesión del Parlamento Europeo", ha escrito en su carta de invitación a los jefes de Estado y de Gobierno. "Sigo siendo cautamente optimista y espero que podamos lograrlo este jueves", ha dicho Tusk. Lo que está claro es que será otra larga noche en blanco en Bruselas.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es uno de los hombres clave en las negociaciones. Su buen resultado en las elecciones del 29-A y del 26-M han disparado su cotización en Bruselas y le han convertido en referente de los socialistas europeos, a quienes representa en el diálogo sobre el reparto de altos cargos junto con el primer ministro portugués António Costa. La salida de Reino Unido y el desapego de los Gobiernos euroescépticos de Italia o Polonia convierten a España en socio imprescindible del eje París-Berlín para apuntalar el proyecto europeo.

De momento, Sánchez ya ha conseguido colocar a Iratxe García en la presidencia del grupo socialista en la Eurocámara. Y en Bruselas tiene una agenda frenética de contactos. Desayuno de trabajo con Costa y los negociadores de los liberales (los primeros ministros de Bélgica, Charles Michel, y de Holanda, Mark Rutte) y del PPE (el croata Andrej Plenkovic y el letón Krisjanis Karins). Después reunión con Costa y Macron. A continuación participa en la reunión de líderes del Partido Socialista Europeo. Y finalmente se entrevista con el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani. Todo eso antes del inicio de la cumbre.

La gran paradoja es que Sánchez, pese a su influencia sin precedentes, no tiene candidatos claros para ninguno de los cinco altos cargos que están en el reparto: presidentes de la Comisión (puesto que ahora ocupa Jean-Claude Juncker), del Consejo (Tusk), de la Eurocámara (Tajani) y del Banco Central Europeo (Mario Draghi), así como jefe de la diplomacia comunitaria (Federica Mogherini). "No vamos detrás de un cargo, vamos detrás de que España esté representada en las instituciones europeas", explican desde Moncloa. De hecho, el presidente del Gobierno apoya al socialista holandés Frans Timmermans como sucesor de Juncker. Y se conformaría con una vicepresidencia económica potente para Josep Borrell o para Nadia Calviño.

El movimiento de Weidmann

La presidencia del Ejecutivo comunitario es la pieza más codiciada y también la más difícil de adjudicar, ya que requiere una doble mayoría tanto en el Consejo Europeo como en la Eurocámara. Y es ahí donde se concentra el choque entre Merkel y Macron. La canciller defiende que el puesto debe ser para el candidato de los populares europeos, Manfred Weber, puesto que fue el partido que ganó las elecciones del 26-M. Pero los socialistas de Sánchez y los liberales de Macron han forjado una alianza para cerrarle el paso a Weber. Alegan que no tiene ninguna experiencia ejecutiva y que el PPE ya ha monopolizado la presidencia de la Comisión durante los últimos 15 años.

"El candidato del PPE no concita todo el apoyo que necesita para ser elegido", admiten las fuentes consultadas. Según la prensa alemana, Merkel estaría dispuesta a dejar caer a Weber a cambio de lograr la presidencia del BCE para Jens Weidmann, actual presidente del Bundesbank. Un candidato que asusta a los países del sur por su oposición a todas las medidas adoptadas por Draghi para salvar al euro.

A 24 horas de la cumbre de Bruselas, Weidmann ha hecho propósito de enmienda en unas declaraciones a Die ZeitAhora sostiene que sí apoya el programa de compra de deuda (OMT) que el BCE diseñó en 2012, en el punto álgido de la crisis del euro, para salvar a España y al euro. "El Tribunal de Justicia de la UE lo ha examinado y ha determinado que es legal. Es más, la OMT es una política vigente", ha declarado Weidmann. En su momento, el banquero alemán no sólo fue el único en votar en contra sino que testificó contra esta iniciativa de Draghi ante el Tribunal Constitucional alemán.

"Mi posición no se basaba en términos legales. Tenía su origen en la preocupación de que la política monetaria quedara atrapada en la política fiscal. Por supuesto, un banco central tiene que actuar de forma decisiva en los peores escenarios pero, dada su independencia, no debe haber dudas de que actúa en el marco de su mandato", sostiene el presidente del Bundesbank.

Las declaraciones de Weidmann indican que al menos las piezas del rompecabezas se están moviendo. Una vez descartado Weber, en la carrera para suceder a Juncker quedarían Timmermans y la candidata liberal, la todopoderosa comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, que ha saltado a la fama por su ofensiva implacable contra Google, Facebook o Apple. Timmermans genera un rechazo casi insuperable entre los populares en la Eurocámara y entre los países del Este por su línea dura en defensa del Estado de derecho en Polonia, Hungría o Rumanía.

Eso deja a Vestager como la aspirante que genera más consenso como presidenta de la Comisión. No sólo le apoyan los liberales y Macron, sino que tampoco disgusta a los socialistas, como ha admitido el primer ministro portugués. Además, está bien vista entre los principales grupos políticos de la Eurocámara. Tusk ha asegurado que una de sus prioridades en el reparto de cargos será el equilibrio de género, lo que significa que al menos dos puestos deben ir para mujeres. No obstante, la danesa no convence a Sánchez. "Nos parece que un país que no está en el euro esté al frente", dicen en Moncloa.

La otra posibilidad es que los líderes europeos se carguen definitivamente el procedimiento de los Spitzenkandidaten y opten por un candidato tapado que no se haya presentado a las elecciones europeas. En este caso, el aspirante con más posibilidades sería el francés Michel Barnier, negociador de la UE para el brexit, que lleva varios meses haciendo una campaña nunca confesada. También se habla insistentemente en Bruselas de la ex comisaria búlgara Kristalina Georgieva.