Parador de Alarcón al anochecer.

Parador de Alarcón al anochecer. Paradores

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El pueblo ideal para recorrer a pie y poder alojarte en un castillo del siglo VIII de lujo: Patrimonio Histórico-Artístico

A todos aquellos apasionados de la Edad Media, y los que no, también, les recomendamos descubrir uno de los pueblos más bonitos de España en donde se podrán alojar en un palacio convertido en estancia de lujo.

Más información: El pueblo perfecto para recorrer a pie: un santuario con cascadas y pinturas rupestres Patrimonio de la Humanidad

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Hay pueblos que no se visitan deprisa. Se contemplan, se recorren y se recuerdan mucho después de haber vuelto a casa. Alarcón, en la provincia de Cuenca, pertenece a esa categoría de lugares que parecen suspendidos entre la historia, la piedra y el paisaje.

Levantado sobre un promontorio abrazado por el río Júcar, este pequeño municipio castellano-manchego sorprende antes incluso de llegar. La carretera se estrecha, las murallas aparecen en el horizonte y el castillo se impone sobre la hoz como si todavía vigilara el paso del tiempo.

No es casualidad que Alarcón esté considerado uno de los conjuntos históricos más bellos de Cuenca. Sus calles empedradas, sus iglesias, sus puertas medievales y sus miradores convierten la visita en una escapada perfecta para quienes buscan patrimonio, calma y una belleza sin artificios.

Un castillo del siglo VIII

El gran símbolo de Alarcón es su castillo, una fortaleza de origen musulmán fechada en el siglo VIII. Aunque el enclave conserva ecos de asentamientos anteriores, el edificio que hoy domina la villa está ligado a la historia medieval de la península.

Su posición no podía ser más estratégica. Desde lo alto del Pico de los Hidalgos, el castillo se asoma a una de las hoces del Júcar y controla visualmente el meandro que rodea el pueblo. Esa imagen, con la torre emergiendo sobre la roca y el río dibujando el paisaje, es una de las estampas más impresionantes de la provincia.

Tras la etapa musulmana, la fortaleza pasó a manos cristianas en el siglo XII, cuando Alfonso VIII conquistó la villa. Más tarde estuvo vinculada a figuras como don Juan Manuel, autor de El Conde Lucanor, lo que añade a sus muros una dimensión literaria difícil de igualar.

El Parador de Alarcón

Lo más especial es que ese castillo no es solo una visita monumental. En su interior se encuentra el Parador de Alarcón, también conocido como Parador Marqués de Villena, uno de los alojamientos más íntimos de la red de Paradores.

Con apenas 14 habitaciones, dormir aquí tiene algo de privilegio. No se trata de un gran hotel monumental, sino de una estancia recogida, silenciosa y profundamente ligada al lugar. Cada rincón conserva el aire sobrio de la arquitectura medieval, pero adaptado al confort actual.

El Parador combina piedra, madera, tapices, arcos y vistas abiertas al paisaje conquense. La experiencia no consiste únicamente en pasar la noche en un edificio histórico, sino en habitarlo. Despertar entre muros con más de trece siglos de historia cambia por completo la idea de una escapada rural.

Además, su tamaño reducido juega a favor del viajero. La sensación es la de alojarse en un castillo casi privado, lejos del turismo masivo y cerca de una forma de viajar más pausada. Una cena tranquila, un paseo al atardecer y el silencio de la hoz bastan para entender por qué Alarcón enamora.

Qué ver en Alarcón

El pueblo merece recorrerse sin mirar demasiado el reloj. La villa fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1981 por la UNESCO y conserva un entramado medieval que invita a perderse por sus calles.

Entre sus imprescindibles está la iglesia de San Juan Bautista, hoy desacralizada y convertida en un espacio artístico singular gracias a los murales de Jesús Mateo. Es una visita inesperada: arte contemporáneo dentro de un antiguo templo, en pleno corazón de una villa medieval.

Parador en el castillo de Alarcón.

Parador en el castillo de Alarcón. iStock

También destacan la iglesia de Santa María, la de Santo Domingo de Silos, las murallas, las puertas de acceso y los distintos miradores sobre el Júcar. Cada perspectiva revela un Alarcón distinto: defensivo desde el castillo, íntimo desde sus callejuelas y casi cinematográfico desde los caminos que rodean la hoz.

La gastronomía completa la escapada. En el propio Parador y en los alrededores es posible disfrutar de platos de inspiración manchega, con recetas "que llenan", productos de la tierra y vinos de la zona.