En el centro, la modelo Alexa Chung en un videoresumen del Miu Miu Literary Club 'Politics of Desire'; a los lados, modelos del icónico Booke Tote de Dior.

En el centro, la modelo Alexa Chung en un videoresumen del Miu Miu Literary Club 'Politics of Desire'; a los lados, modelos del icónico Booke Tote de Dior. Cuentas oficiales de Miu Miu (@miumiu) y Dior Official (@dior) en Instagram.

Protagonistas

El lujo de leer conquista la moda en 2026: de los icónicos Book Tote de Dior al club literario de Miu Miu

Editores y escritores opinan y reflexionan sobre el auge de la lectura. ¿Será un fenómeno atemporal o algo pasajero?

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Paloma Herce
Publicada

Si cogemos el teléfono y abrimos cualquier aplicación, hay algo que llama la atención: vemos más novelas que bolsos. Hace unas temporadas, si hablamos en el lenguaje textil, se acumulaban en la pantalla los jerséis, las blusas y las faldas. De la caja al cuerpo, sólo veíamos estilismos y fast fashion. Ahora la lectura copa los videos y las compras. Está de moda.

Gabrielle Chanel siempre tuvo en gran consideración la cultura. Defendía que los libros eran sus mejores amigos. ¿Por eso en su bolso más clásico había un bolsillo para las cartas…? Ese escondite era para las relaciones epistolares, pero defendía la escritura de sentimientos y el leer para comprenderlos.

Precisamente la maison tiene un pódcast literario liderado por Carlota Casiraghi. No es la única relación entre moda y cultura. Loewe lanzó de nuevo al mercado algunos clásicos de la literatura. Miu Miu no deja de hacer clubes de lectura.

Incluso las revistas femeninas dedicadas a analizar desfiles y entrevistar a grandes diseñadores se suman a este fenómeno que no deja de crecer. Un ejemplo lo vemos en esta misma revista, que en julio celebró la clausura de temporada del Club de Lectura de Magas en un auditorio (el del Centro Cultural Eduardo Úrculo de Madrid) al que asistieron más de 400 personas.

Hay que saber que, desde que la iniciativa se pusiera en marcha en septiembre de 2024, 18 autores han pasado por ella para presentar sus novedades literarias y charlar con un público fiel y ávido de conocimiento.

En la lista figuran nombres como Espido Freire, Nativel Preciado, Gervasio Posadas, Megan Maxwell y también Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle, que puso el broche de oro a la última edición del proyecto presentando Las gobernadoras (Espasa), su última novela.

Es la profundidad anhelada y la revolución en la conversación digital lo que ha aupado el abrazo a las letras. ¿Por qué el lujo (y los medios que mejor hablan de él) se ha fijado en la literatura? GonzaloAlbert, director literario de Suma, Plaza y Janés y Roca Ficción Nacional, contesta.

"La lectura ya no se ve sólo como una actividad individual, sino como una experiencia social. Se debe a Booktok o Bookstagram. Frente a la saturación digital, se percibe como un hábito aspiracional asociado al bienestar, a la desconexión, al consumo cultural de calidad…", asegura.

Leticia Sala, autora de Dame veneno que quiero morir, defiende esa idea que existe entre muchos escritores. Sobre todo en aquellos que entienden la estética o tienen una relación orgánica con este sector: "Creo que la moda, tan visual, siempre estará buscando una presencia más invisible que apoye sus ideas y que las magnifique".

Inversamente, dice, "la literatura siempre va a necesitar de un apoyo más físico que no sólo las palabras. En este sentido, parece algo inevitable que ambos mundos se hayan encontrado".

Sala ha colaborado con firmas como Louis Vuitton, Chanel o Dior. Por su parte, Erea Louro, creadora de contenido y autora de Iconos de estilo: de Cleopatra a Zendaya, defiende este tipo de colaboraciones.

"A mí, en principio, cualquier iniciativa que tenga que ver con la cultura me parece positiva. Que marcas, grupos de moda o diferentes proyectos impulsen clubes de lectura contribuye a generar espacios de encuentro alrededor de los libros y las ideas, algo que siempre es enriquecedor", afirma.

Leer está de moda

Su idea es similar a la que se defienden desde las editoriales. "También responde a un momento muy concreto: las marcas son conscientes de que el capital cultural tiene cada vez más valor y prestigio en nuestra sociedad".

Desde los departamentos de marketing se buscan fórmulas para conectar con las personas de una manera más significativa, y los clubes de lectura encajan muy bien en esa estrategia". Gonzalo Albert explica: "El titular está claro: leer está de moda y los libros ahora molan. Para la gente y para las firmas".

Esta unión, según Leticia Sala y el editor de Penguin, tiene sentido en la sociedad contemporánea: "Quizá tiene que ver con el hecho de que existe una tendencia hacia la búsqueda de la comunidad, y lo precioso de la literatura es que no sólo aporta nuevos mundos, sino también la posibilidad de crear comunidades alrededor de los mismos".

Por eso los clubes de lectura de Miu Miu han sido un auténtico éxito. También en Youtube. Se entiende que alguien que lee una novela puede ver el vídeo de las recomendaciones de Alexa Chung.

La unión es positiva. Firmas, editoriales, escritores y lectores lo apoyan. Eso sí, las marcas piensan bien estas alianzas y buscan autores con los que compartan valores. La cultura es aspiracional, al igual que el lujo.

En el último club de lectura de Miu Miu estaba Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura. También periodistas culturales, filósofas y una selección muy curada de perfiles. Todas defendían una de las frases más icónicas de Miuccia Prada: "Read, read, read…".

Gonzalo Albert, como editor y como lector, reflexiona acerca de estos espacios: "Viven un momento de auge porque responden a una nueva forma de consumir la cultura más participativa y experiencial".

"Por eso los medios de comunicación tradicionales, pódcasts, plataformas de ocio, etc., han visto una oportunidad de negocio para conectar con sus suscriptores. Eso refuerza el vínculo con la marca y aumenta el engagement de sus comunidades", añade. Hay necesidad de crear conexiones. Los libros y las historias son el vehículo para lograrlo.

Una unión histórica

Paloma Abad, que durante años ha trabajado en revistas de moda y ahora es editora en Debate y Taurus, reflexiona también sobre esta relación. Recalca algo que es importante: ambos mundos siempre han ido de la mano, aunque ahora lo hacen de una manera más evidente.

Al fin y al cabo una persona que trabaje en moda tiene que estar ligada a la cultura, ya sea estilista, periodista o diseñador. Este abrazo tiene mucho sentido, pero viene de antes.

Abad defiende: "The eye has to travel, solía decir la mítica directora de Vogue y Harpers Bazaar Diana Vreeland, apuntalando la idea de que debemos educar nuestra mirada para comprender e interpretar el mundo".

Y prosigue asegurando que "es algo que los diseñadores de moda han hecho de manera periódica a lo largo del último siglo, tomando como referencias obras de Poe, de Fitzgerald, de Woolf, de Shelley, de Atwood…".

"Sin embargo, en los últimos tiempos, la unión entre la moda y la literatura ha dado un paso más. Ha saltado de la inspiración creativa de los diseñadores a una maravillosa invitación a crear comunidad en torno a los libros, auspiciando el cada vez más necesario pensamiento crítico", comenta la editora.

Y finaliza: "Que el sector participe del fomento de estas actividades sólo es una noticia positiva para nosotras, lectoras, y para el mundo".

Sobre si la moda ha glamourizado la lectura, es clara: "¿Logran los libros teñir con una pátina intelectual la industria? También. Y en este ejercicio de inspiraciones y beneficios cruzados, ganamos todos".

Y pone algunos ejemplos: "Ganamos cuando Céline nos ayudó a conocer el maravilloso trabajo de Joan Didion. Ganamos cuando Miu Miu ensalzó a Simone de Beauvoir en sus clubes. Ganamos cuando Dior convirtió el Ulises de Joyce en un tote con el que soñaban las influencers".

La moda ayuda a llenar no sólo los armarios de bolsos, también las estanterías de novedades literarias. Y las mentes de quienes acaban siendo influenciados.

Imagen de archivo de una joven leyendo.

Imagen de archivo de una joven leyendo. iStock

Erea Louro es positiva, sentimiento que se entiende por el bagaje que le aporta su trayectoria en redes sociales. A pesar de que hay estilistas que se encargan de colocar ciertas obras entre los brazos de sus clientas. Sólo hay que echar un vistazo a Hollywood. La otra cara de la moneda es el uso del libro por pura tendencia.

No es el caso de perfiles ligados a la moda como la actriz Sarah Jessica Parker, la eterna Carrie Bradshaw, que es una grandísima lectora.

Louro defiende: "Más allá de la intención comercial que pueda existir, muchas de estas iniciativas pueden resultar interesantes e inspiradoras, además de acercar al público propuestas literarias que quizá no conocía, descubriendo autores diferentes y ampliando horizontes".

Jonathan Anderson, junto a Loewe, sacó una línea de clásicos en edición limitada. Desde Madame Bovary de Gustave Flaubert hasta Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, Drácula de Bram Stoker o El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Una colección con fotografías del gran Steven Meisel.

Quizá a alguien, fuera de nuestras fronteras, le apeteció saber cuál era aquel lugar de La Mancha del que su protagonista defendía no acordarse.

Las autoras, ¿nuevas influencers?

¿Habrá cambios en los front rows? Ya Hermès apostó por la escritora Milena Busquets en uno de sus últimos desfiles, junto Elena Ochoa Foster, fundadora de Ivorypress. Sala defiende que hay hueco para todas.

"Una creadora de contenido será una presencia maravillosa para poder relatar lo que sucede con sus imágenes. Una escritora hará lo mismo pero de forma narrativa. Siempre que me interesa un desfile, aprecio la presencia de palabras e imágenes. La persona que mejor lo hace para mí es Sophie Fontanel. ¡Necesitamos alguien así en España!", dice.

No sólo el lujo se ha acercado a este sector. También la moda más llana. La portuguesa Parfois sacó su colección The Book Club; Scalpers regaló libros a prescriptores de moda, estilo y cultura en el último Sant Jordi; Hoss Intropia apoyó la primera obra de Gabriela González, @malaherba_ en Instagram…

E Indi and Cold, de San Sebastián, reforzó su unión con las escritoras apoyando la firma de Sofía Brotons en Barcelona o creando un club de lectura junto a Mónica Pérez Sobrino, con la que presenté su segunda novela.

La lectura como tendencia

Estas colaboraciones dejan buen sabor de boca. Albert así lo defiende desde Penguin Random House: "A mí como editor no me puede gustar más que leer esté de moda. Que la actividad a la que te dedicas esté en auge, que esté en la conversación de la gente, en el día a día… Es un regalazo y lo siento así más que nunca".

Lo celebra después de tres semanas de Feria del Libro donde, explica, los autores no han dejado de firmar.

Sala es más escéptica: "Hay una parte de mí a la que le da un poco de rabia que, en una actividad intima y orgánica que llevo haciendo desde niña, se haya normalizado hablar del número de obras leídas este año. Cuantificamos la lectura, se está tratando desde lo masculino. ¿No eran letras y números los dos grandes antagonistas?".

De este modo, valora positivamente el fenómeno, aunque con matices: "Por supuesto que me chifla que la literatura tenga un lugar en la mesa. Sólo espero que sea una tendencia que dure siglos y siglos".

Cuando hay letras por delante, surgen otras reflexiones. Por un lado, esa unión con el mundo de la moda y el lujo podría dar apoyo a las letras de una manera más evidente. Así lo explicaba Sala al final de la conversación.

"Ojalá nos tomáramos tan serio la presentación de un libro como el esfuerzo y el dinero que se pone en la de una colección. En este sentido, sería genial aprender de la moda y convertir las firmas de obras en un momento sagrado, divertido y lleno de belleza", apunta.

Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle, en la clausura de la temporada del Club de Lectura de Magas.

Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta ejecutiva de EL ESPAÑOL y editora de Magas y Lifestyle, en la clausura de la temporada del Club de Lectura de Magas. EE

Otra reflexión está ligada con el fast fashion y apunta directamente al fast reading, que ya mencionaba la escritora catalana.

Es tendencia acumular libros —mucha polémica hubo con el profesor, escritor y estrella de las redes Fernando Bonete— y cada vez vemos más vídeos que copan las lecturas del mes, pero hay que recordar que la lectura es como la artesanía: requiere su tiempo producirla y requiere su tiempo disfrutarla.

Paloma Abad presenta otro último tema: ¿es acaso esta un lujo? "Deberíamos pensar por qué la pausa lectora y en comunidad se está reivindicando desde el lujo. ¿Se ha convertido en un privilegio el tener tiempo para abrir una obra, reflexionar sobre lo leído y compartirlo con otros?", plantea.

Y reflexiona: "En estos tiempos acelerados de redes, likes y performance digital, el papel es un refugio para quien tiene el privilegio de parar, desconectar y tomar perspectiva del mundo en el que nos estamos adentrando". Quizá sí.