Carla de La Lá ha publicado este año el libro 'Feminismo irreverente' (La Esfera de los Libros S.L., 2026).

Carla de La Lá ha publicado este año el libro 'Feminismo irreverente' (La Esfera de los Libros S.L., 2026). Cedida

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Carla de La Lá, el rostro del feminismo liberal: "La izquierda industrializa el movimiento y la derecha lo usa como castigo"

Feminismo irreverente (La Esfera de los Libros S.L., 2026) resurge en librerías y bibliotecas como un bastión de defensa de la causa desde la intelectualidad.

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Pensar en el movimiento feminista hoy en día lleva a discursos reduccionistas, en los que a veces prima la voz que más alto se entona. A pesar de necesitar cubrir multitud de causas bajo un mismo paraguas, las más elevadas y actuales olvidan las básicas que se siguen necesitando para darle forma y sostener todo.

En un mundo polarizado, Carla de La Lá, el rostro del feminismo liberal, aboga por "la sofisticación intelectual", haciendo de la cuestión una temática por encima del debate que estamos habituados a ver en los medios y hemiciclos en los últimos tiempos.

En su libro Feminismo Irreverente (La Esfera de los Libros S.L., 2026) propone un manifiesto contra el victimismo y el dogma.

Su planteamiento oscila entre afirmaciones tan contundentes como que la maternidad es la mayor brecha de género a que la izquierda ha industrializado el movimiento y las mujeres de centro derecha agradecen la subordinación.

El adjetivo irreverente suele despertar simpatías o rechazo, ¿qué es exactamente lo que consideras que merece ser cuestionado?

Diría que es más un término divertido, incluso trágico. Lo que despierta eso que dices es, tristemente, la palabra feminismo, porque la idea que le llega a la mayor parte de la gente actualmente es pseudomarxista, proviene de grupos bastante fanáticos, iracundos y muy agresivos que castigan la figura del varón. Son muy poco conciliadores.

Desgraciadamente, la gente no sabe nada del concepto y no hay mayor mentira que una verdad a medias. Se tiene un conocimiento al respecto superficial y asociado, por ejemplo, a la cara de Irene Montero gritando o a la de Cristina Fallarás diciendo que todos los hombres son unos violadores.

De ahí que a las personas la palabra feminismo le produzca arcadas. Es algo horrible, porque es una ciencia social necesaria y bondadosa además de complejísima, por supuesto.

La escritora y periodista, voz del feminismo liberal en España.

La escritora y periodista, voz del feminismo liberal en España. Cedida

En el libro sostienes que existe un feminismo hegemónico que ha estrechado los márgenes del debate, ¿cuándo sentiste que determinadas preguntas ya no se podían formular sin pagar una especie de peaje social?

Sacar el tema del feminismo ya es algo que a la gente le jode. Al hablar de ello en una cena, los presentes se violentan, lo pones un post en Instagram y chirrías porque lo han carbonizado.

La palabra está totalmente desvirtuada y contaminada de nociones supernegativas como son la misandria, la rabia, la ira y el victimismo.

Es una pena, porque yo lo noto mucho, sobre todo cuando voy por ferias a hacer promoción con el libro. El público se acerca para ver qué vendo, miran y se dan la vuelta. Esto lo han conseguido desplegando un feminismo muy superficial, muy rabioso, muy poco sofisticado.

La intelectualidad empieza por el respeto y el diálogo y esto se trata de algo muy de te ajunto o no, eres de mi club o no. Es como una secta donde están sus santas, sus inquisidoras, sus pecadoras y sus condenadas al infierno.

Muchas mujeres han llegado al feminismo a través de las redes, ¿crees que internet ha democratizado el movimiento o lo ha convertido en un espacio más pendiente de esa vigilancia que de una verdadera reflexión?

Las dos cosas. Por una parte, las plataformas tienen un lado luminoso, son una herramienta fantástica que ha llegado para quedarse. Pero también ofrece sus molestias y peligros.

Han democratizado no sólo el lenguaje, el conocimiento y el discurso feminista, sino cualquier otro. Si tú eres de derechas, de izquierdas o si te gusta la pintura impresionista, puedes encontrar tu círculo y expresar tu voz. Y eso ha pasado también con esto.

Hay cientos y cientos de voces y escuelas feministas, pero paralelamente ocurren dos cosas: primero que el algoritmo te premia cuanto más imbécil eres. Con esto hay que tener cuidado, porque las redes sociales no son profundas, sino profundamente superficiales y con ello volvemos a lo de las medias verdades.

Así, todo el mundo se permite opinar y ahí entra la estupidez humana, porque se hace desde el desconocimiento. Esto desemboca en polarizarse, hacer bandos y en creer que tienes la verdad universal.

En segundo lugar, si le sumas el factor de que vivimos bajo la mayor autovigilancia de todos los tiempos en cuanto a nuestro físico y nuestra belleza, ese cariz también es muy pernicioso y, por supuesto, cero feminista.

Te defines como feminista liberal, sin embargo, el término parece significar cosas distintas dependiendo de quién lo utilice. ¿Cómo lo definirías para alguien que no esté familiarizado con ello?

La gente sabe muy poquito de lo que es el liberalismo y lo confunde con el libertarismo o el neoliberalismo, un capitalismo exacerbado y despiadado. Y para nada, yo ahí no estoy en absoluto.

Cuando digo liberalismo hablo de lo que se ha entendido toda la vida como liberal, que es una persona abierta y tolerante que no se identifica ni con la derecha ni con la izquierda, como en mi caso, y no es sinónimo de equidistancia. Me parece muy casposo, no me quiero poner esas etiquetas porque no compro el pacto ideológico.

Hay cosas de la izquierda que me parecen buenas, pero de la derecha también y al revés. El feminismo es una ciencia social totalmente transversal que busca la igualdad de oportunidades y la libertad para todos, hombres y mujeres.

Eso me parece que debe estar libre de política, salvo en los empujones que haya que darnos a nosotras para alcanzar ese equilibrio, pero quiero decir que no le pertenece ni a un partido ni a una ideología. Por todo eso me defino como liberal, porque además defiendo esa posición desde la libertad, no tanto desde la igualdad.

Además, no creo que seamos iguales a los hombres ni tampoco entre nosotras. Eso es una utopía que resulta indeseable. En cambio, la libertad sí lo es y es algo que todos podríamos alcanzar. El liberalismo está ahí para defenderlo.

Para Carla La Lá el progreso del feminismo está íntimamente relacionado con el conocimiento y la intelectualidad.

Para Carla La Lá el progreso del feminismo está íntimamente relacionado con el conocimiento y la intelectualidad. Cedida

¿Tenemos hoy en día más dificultades para convivir con determinados matices de esa complejidad que hace una década?

Siempre se loa al pasado, pero yo no creo que tenga que ser así. El mundo es mucho mejor ahora, porque cada vez es más igualitario, más feminista, menos racista, menos clasista...

Antes era prácticamente gratis pegar a una mujer, al igual que llamar a una persona de otra raza negro. Eran esos tiempos en los que hacíamos chistes asquerosos. El humor también está progresando.

Por todo eso la sociedad va mejorando, cada vez es más civilizada; pero la frivolidad y la superficialidad de la gente es la misma. La mayor parte tiene un acercamiento a la cultura y al conocimiento bastante limitado, lo que te precipita a un nivel de sofisticación mayor o menor.

Hablas de maternidad, vulnerabilidad biológica y diferencias entre hombres y mujeres precisamente, ¿por qué crees que determinadas experiencias femeninas generan tanta tensión dentro del propio debate?

La maternidad es un asunto crucial en la mujer, en la sociedad y, por supuesto, en el libro. Este hecho biológico es el eje donde se asienta todo el patriarcado. Si nosotras no poseyéramos ese superpoder y al mismo tiempo esa vulnerabilidad no existiría el machismo.

La división de roles comienza ahí, aunque con el paso de los siglos ya no sea el hombre el que se vaya a trabajar, como sucedía antes.

Sin embargo, tenemos un software invisible que se sigue ejecutando donde muchos y muchas consideran que nosotras somos las que debemos cuidar. Los que creen que estamos más capacitadas para eso que para ganar el Nobel de Química. Ahí es donde está el machismo atroz y la maternidad es la mayor de las brechas de género, la que sustenta a todas las demás.

Yo entiendo que las jóvenes que tienen un proyecto personal de repente no quieran tener hijos, porque el precio de la natalidad lo estamos pagando sobre todo nosotras. Mientras estás lactando, no estás escribiendo libros ni haciendo máster. Y cuando te jubilas, tienes una cotización mucho menor.

Una de las críticas que reciben voces disidentes dentro del movimiento es que pueden ser utilizadas para desacreditar determinados avances logrados por las mujeres, ¿cómo se ejerce esa crítica sin alimentar la instrumentalización o el manoseo de ciertos términos?

Cualquier persona que se lea mi libro no puede decir que voy a la contra, todo lo contrario. De hecho, el feminismo es uno y voy incluso con el marxista; estoy de acuerdo a un 70%, sólo me diferencio en unos puntos muy claros de los que no me avergüenzo en absoluto.

Por ejemplo, creo que el movimiento no debe ir contra el hombre. Creo que el machismo y el patriarcado existen, pero que es un problema sistémico. Entonces, me parece una salvajada intelectual que ante algo así se cargue contra personas en lugar de en contra del sistema.

Nuestros novios, amigos e hijos contemporáneos no tienen la culpa de algo que existe desde hace siglos. Es una cosa cultural donde, además, las mujeres somos igual que ellos. Lo que hay que hacer es estudiar la causa, tomar conciencia de todos de los aspectos sexistas y proponernos cambiarlos. Ahí está mi principal diferencia con ellas.

El peor machismo es el que ejercemos con nosotras mismas. Lo primero que tenemos que hacer es autorrevisarnos. Yo remo totalmente a favor del feminismo, sólo que hay puntos donde no estoy de acuerdo con su forma de verlo.

'Feminismo Irreverente', un libro destinado a colarse entre las lecturas de verano que echan raíces a lo largo de todo el año.

'Feminismo Irreverente', un libro destinado a colarse entre las lecturas de verano que echan raíces a lo largo de todo el año. Cedida

Tengo una sensación de que te preocupa tanto la libertad de las mujeres y la libertad para disentir, ¿crees que hay una que está más amenazada que la otra hoy en día?

¿Sabes lo que pasa con el feminismo? Que es un asunto muy complejo. La media de la gente, sobre todo en el centroderecha, piensa que el machismo es pegar y violar a las mujeres, nada más. Piensan que si eres una chica que trabaja y que tu novio no te pega, ya vives en la libertad y todo es perfecto, cuando no es así.

Vivimos atenazados por un montón de ítems que son megamachistas. Por ejemplo, todos nosotros nos apellidamos como nuestro padre, a pesar de que es legal poner el materno. Esto me parece el robo de derechos de autor más grande de la historia.

Tú te embarazas, tú pares, tú levantas a tu cría, pero le pones el apellido de él. Vivimos atenazados por 800.000 millones de indicadores machistas que nos tragamos como algo normal. Para poder alcanzar la libertad, todo comienza en nuestra mente.

Respecto a la posibilidad de disentir, eso es una cosa que nos incumbe a todos, forma parte del diálogo social. Siempre voy a abogar por la libertad intelectual y de pensamiento.

¿Qué debate sobre feminismo crees que estamos teniendo mal y cuál se está evitando por completo?

En general se está teniendo mal, pero, sobre todo, porque hay un desconocimiento atroz.

La crítica que yo le hago a la izquierda es que es un feminismo infantil, agresivo, sectario, iracundo y misándrico, pero la que le hago a la derecha no es menor.

En el centroderecha no hay cultura feminista, no hay conocimiento ninguno. Las mujeres de esta ideología no tienen ni idea y viven incluso agradeciendo su posición de subordinadas.

En esa polarización espantosa que tenemos en la sociedad, son como dos grupos de personas que se están gritando cosas sin escucharse. Es todo muy superficial y, por eso mismo, muy agresivo.

Por parte de la izquierda se ha industrializado y hay un interés en perpetuar ese dominio porque le da de comer. Y en el centroderecha se utiliza el antifeminismo como forma de castigar a la gente del otro lado.

Tras escribir este libro, ¿qué idea te gustaría que se cuestionaran incluso quienes están totalmente de acuerdo contigo?

Lo que desearía, y es lo más difícil ahora mismo, es que resucitáramos el movimiento, que la gente fuera capaz de entender que no es sinónimo de Ioné Belarra con el puño en alto gritando en un mitin.

El feminismo es libertad para todos, una vida mejor para todos, hombres y mujeres, para nuestros hijos. Y que se levantara esa etiqueta bajo la que está tan castigado.

Aparte de eso, me encantaría que se entendiera bien lo que es, que se introdujera la cultura feminista de verdad. En esta fiesta estamos todos invitados y el dress code es la sofisticación intelectual.