Retrato de la periodista María Senovilla.

Retrato de la periodista María Senovilla. Esteban Palazuelos

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María Senovilla, Premio Maga de Magas: "A medida que la prensa deja Ucrania, los rusos se ensañan más con los civiles"

Galardonada como Mejor Reportera por su compromiso con las víctimas, asegura que "si no hubiera periodistas en las guerras, pasarían cosas peores".

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Cuando lean esta entrevista, María Senovilla habrá vuelto a Ucrania. Probablemente sea la periodista extranjera que más tiempo haya pasado en ese país cubriendo la invasión a gran escala: unos 300 días al año desde hace cuatro.

Sus crónicas y fotografías muestran un país en guerra que lucha por resistir: de las trincheras a una compañía de ballet que actúa en un búnker a salvo de las bombas; de las mujeres zapadoras, valoradas por su meticulosidad para encontrar y desactivar minas, a cómo los rusos se ensañan con la población civil y los prisioneros.

Periodista freelance, colabora con medios como EL ESPAÑOL, Atalayar, Artículo 14, Onda Madrid, CMM, ETB y la agencia EPA. Sus fotografías también se han publicado en medios internacionales de la talla del Washington Post, New York Times, The Telegraph y The Guardian.

Lleva reunido un archivo gráfico de enorme valor. Rara es la fotografía que no recuerde a la persona que aparece en ella: "Cuando tienes el privilegio de que te confíen su historia para que la cuentes, algo se te queda siempre".

María Senovilla ha estado en España dos semanas. A Madrid llegó desde su Cuéllar natal para recoger el Premio Maga de Magas a la Mejor Reportera. Esta entrevista tuvo lugar horas antes.

María Senovilla, Premio Maga de Magas a Mejor Reportera 2026.

María Senovilla, Premio Maga de Magas a Mejor Reportera 2026. Esteban Palazuelos

Las preguntas se iban difuminando ante un relato duro y contundente, con silencios. A ella también se le hacía un nudo en la garganta. Cercana, generosa, su vocación y compromiso con las víctimas se ven reflejados en la calidad e integridad de su trabajo.

"Es dura, pero me gusta mi profesión. Casi cada día pienso, sobre todo cuando son difíciles, que, si no hubiera periodistas en las guerras, pasarían cosas aún peores. De hecho, a medida que la prensa ha ido dejando Ucrania para cubrir otros conflictos, más se han ensañado los rusos con la población civil y multiplicado los crímenes bélicos".

La reportera se mostraba preocupada por la falta de respuesta de la comunidad internacional ante esos crímenes. También extrañada por la ausencia de interés de la ciudadanía.

María Senovilla llegó a Odessa el séptimo día de la invasión. Cuenta que desde la escalera Potemkin se veían los barcos rusos. Un hervidero de periodistas esperaba el desembarco anfibio de la Armada del país vecino.

"Si llegan a entrar y consiguen unir Transnitria con Moscú estaríamos hablando de una reconfiguración del mapa político europeo con el acceso para Rusia de una cantidad de recursos ingente, además de una amenaza latente para Europa".

Estabilizada la defensa de Odessa, siempre buscando el frente de guerra, la reportera cogió un tren a Járkiv. 23 horas de trayecto en el que viajó prácticamente sola. La gente iba en sentido opuesto.

"De nuevo llegué a una ciudad completamente cerrada y bombardeada. Veías una columna de humo e ibas a cubrirla. No circulaban coches. ¿Tú sabes lo extraño que es no oír los gritos de los niños ni a la gente hablando?", dice.

Cuando las fuerzas ucranianas recuperaron el control de Járkiv, usted se fue a vivir a Kramatorsk que está a unos 20 kilómetros del frente…

Cuando yo llegué el frente estaba a unos 30 kilómetros. Ahora las tropas rusas están a 12. El ritmo de evacuaciones es de unas 6.000 a 8.000 personas al mes. Pero también está llegando gente de poblaciones aún más próximas a los rusos.

Creo que es la peor situación de crisis humanitaria que hay ahora mismo en Ucrania. Yo estoy intentando aguantar lo máximo posible para contar esa resistencia de los últimos civiles del Donbás, que no son muchos, lamentablemente.

La periodista en su visita a Madrid para recibir el premio de Magas.

La periodista en su visita a Madrid para recibir el premio de Magas. Esteban Palazuelos

¿Hay insalubridad y cortes de agua y luz?

Sí, pero lo peor es que están bombardeando con drones los vehículos de evacuación. A Rusia le interesa que, en las poblaciones donde combate, haya civiles porque la artillería ucraniana no mata a los suyos.

Es algo que empecé a ver en Pokrovsk y ahora ha pasado en Konstantínovka. Más de dos mil civiles no han podido salir. Eso es una condena a muerte.

Entrevisté hace poco a uno de los evacuadores y contaba que las calles están llenas de cuerpos, de gente que intenta salir andando y a quienes los rusos matan con drones.

¡Es tan terrorífico lo que está pasando! En el frente de combate son soldados, aunque se supone que hay un derecho internacional que Rusia no respeta, pero lo que están haciendo con la población civil… ¿Dónde está la ONU? ¿La comunidad internacional? (Se le hace un nudo en la garganta).

Usted iba en un convoy de evacuación de civiles que fue atacado por un dron ruso.

Saltamos a tiempo.

¿Y qué se le pasó por la cabeza en ese momento?

Es que ni siquiera piensas. Además, yo tengo formación. Sabes que si viene un dron tienes que saltar a la cuneta… Pero justo después te preguntas ¿qué va a pasar ahora con las cuatro familias que íbamos a evacuar? Estarán esperando en la puerta de su casa con dos bolsas, el tacataca o el niño en brazos…

¿Ucrania se ha convertido en una causa personal?

No. Yo no tengo causas personales. Soy comunicadora y eso lo tengo clarísimo. El límite entre el activismo y el periodismo no hay que cruzarlo, porque si lo haces, pierdes la legitimidad. Mi trabajo es valioso porque aporto credibilidad en calidad de periodista internacional.

Sigo pensando que esta es la gran guerra de Europa. Lo que no entiendo es por qué no están allí a piñón fijo todos los medios de comunicación. Tampoco cómo la ciudadanía no demanda información de esta conflagración que está en suelo europeo.

La corresponsal y fotógrafa; esta vez es ella quien sonríe ante el objetivo.

La corresponsal y fotógrafa; esta vez es ella quien sonríe ante el objetivo. Esteban Palazuelos

Según la ONU, el conflicto ha dejado 16.000 muertos.

La ONU sólo contabiliza a los civiles como muertos de la contienda. Los ciento y pico mil soldados ucranianos muertos y los trescientos mil rusos no entran en las estadísticas. Esta contienda ya se ha llevado más de medio millón de vidas por delante.

Pero el 80% de los crímenes de guerra, de torturas y violaciones se está produciendo en los territorios ocupados donde la ONU no tiene permiso para entrar. Por tanto, no ha podido certificar ni las decenas de miles de muertos ni los crímenes.

Cuando cubrí la contraofensiva, lo que más me impactó, más que los bombardeos —que cada vez tengo más cerca—, fue descubrir que, en esas ciudades ocupadas, los rusos habían montado cámaras de tortura: sexuales, electroshocks, palizas, asesinatos…

A pesar de estar amenazados por Rusia, los periodistas entrasteis en las ciudades liberadas.

Sí, por eso sabemos lo que ha pasado, pero ¿qué está ocurriendo en las ciudades que no se han logrado liberar? Se sabe que han construido centros penitenciarios para civiles, que adoctrinan y reclutan de manera forzosa a niños y los mandan a la trinchera a luchar contra sus compatriotas…

Una vez entrevisté en Kiev a una persona de los servicios de inteligencia ucranianos que se dedicaba a recoger los testimonios de los soldados que volvían del cautiverio.

Me contó cosas terriblemente desagradables, me enseñó vídeos horribles y, cuando le pregunté específicamente por las mujeres, un tiarrón de dos metros se echó a llorar y dijo que no podía contármelo (se hace un silencio).

Usted busca siempre el frente…

Claro, tengo que hacer fotografías. Te diría que el 99% de los que están allí no eran soldados antes de la invasión. Me gusta mucho preguntarles por su vida antes de la guerra, porque no dejan de estar en una trinchera en el Donbás sin saber si al día siguiente seguirán vivos.

Hay una celebración ortodoxa que se llama Radonitsa y se hace una semana después del Domingo de Pascua. Es una especie de Día de Todos los Santos. Los familiares visitan la tumba de sus seres queridos. Les dejan la comida que les gustaba, les ponen flores...

En el cementerio civil ves a una viuda, a gente que visita a sus antepasados. Pero cuando entras en el cementerio militar lo que ves son padres llevando las chucherías que les gustaban a sus hijos. Este año ha sido especialmente doloroso porque muchas familias que tenían que ser evacuadas se estaban despidiendo de sus tumbas.

Retrato de la informadora.

Retrato de la informadora. Esteban Palazuelos

¿Cómo es la vida lejos del frente?

En el 70% de Ucrania, la gente intenta trabajar y que el país no se apague. Cuando llevo mucho tiempo en las trincheras, hago el esfuerzo de darme media vuelta e ir a buscar otras historias.

Es también parte de la guerra y, además, las ciudades alejadas del frente están siendo bombardeadas. Este invierno en Kiev ha sido horrible. 4 horas de luz y 20 bajo cero en las casas.

Luego, hay algo muy difícil de mostrar que es la salud mental. Todas las chicas jóvenes que yo conozco están tomando antidepresivos, ansiolíticos o somníferos o una mezcla de todo.

Mujeres hay pocas en primera línea de combate, pero en el ejército unas 60.000.

Probablemente ya haya más. Ahora, muchas jóvenes se han movilizado voluntariamente para servir en temas de drones. Hace poco estuve en una escuela de pilotos de estos artefactos y la instructora era una mujer.

¿Sabes dónde hay muchas? En la Escuela de Zapadores de Chernigiv. Son los que desminan. Te diría que el 25% de la clase eran mujeres. Cuando hice un reportaje, al principio, dudé si me las habían puesto para la foto. Pero no.

Me contaba el instructor que son apreciadísimas por su nivel de detalle y meticulosidad. Entrevisté a dos de ellas que se habían hecho amigas y se habían reclutado por el mismo motivo, para que no movilizaran a sus hijos que estaban a punto de cumplir 25.

Ucrania se ha convertido en el campo de experimentación de la nueva guerra, en la que los drones juegan un papel principal.

Desde hace más de un año es la guerra de los drones. Este es un pueblo muy formado, con muchos ingenieros y gente muy resolutiva. Lo veo cada día en las trincheras, valen para todo. Ahí se dice cuando no hay medios: "Esto saldrá adelante con mierda y cerillas". Pues con mierda y cerillas llevan cuatro años y medio resistiendo.

Yo he estado en Kiev viendo cómo era una empresa en la que fabrican drones de fibra óptica. Tenía línea directa con las trincheras donde prueban los prototipos en tiempo real y sobre la marcha los van modificando, tuneando.

Ya están asesorando a otros países. Pero Ucrania no sólo innova en materia de drones; también de medicina táctica y de combate, y psicología de combate. Están a años luz de otros ejércitos.

María Senovilla, reportera de EL ESPAÑOL y otros medios.

María Senovilla, reportera de EL ESPAÑOL y otros medios. Esteban Palazuelos

¿Y cómo es el día a día de una periodista freelance?

Me faltan horas. Soy periodista, fotógrafa y mi propia productora. Además, cubrir un conflicto es muy caro, empezando por el alquiler. Es un trabajo que no está bien pagado, porque te estás jugando la vida.

Afortunadamente, los ucranianos facilitan el trabajo. Te mueves libremente y la mayoría te ayuda, aunque no tiene esperanza de que esa entrevista vaya a cambiar el curso de la guerra, pero te respetan por el hecho de estar ahí. Es gente hospitalaria, amable y muy educada con las mujeres. Jamás he tenido ni medio problema.

Permaneciendo tanto tiempo al pie del cañón tendrá una mayor percepción de la situación…

En efecto, yo vivo donde viven ellos. Viajo en el mismo transporte público. Compro la comida que hay en el mismo mercado. No hay para ellos, no hay para mí. Eso te da una perspectiva muy realista. Creo que el corresponsal de guerra debe estar al lado de la víctima que, además, no ha pedido la guerra.

Te tiran abajo la casa como se lo hacen a ellos. En el último bombardeo gordo que hubo en Kramatorsk escuché silbar las bombas y cayeron entre mi casa y el súper donde voy habitualmente. Se me abrieron los armarios, se cayeron los platos de la cocina...

¿No pasa miedo?

No. Eso paraliza, no resuelve. Pero es verdad que, a medida que el asedio se intensifica, sientes más preocupación. Lo que me sorprende es que haya gente que piense que la guerra ahora es de baja intensidad, cuando creo que estamos en el peor momento.

Hay una cosa que admiro de los ucranianos. En cuanto terminan los bombardeos salen —mujeres mayormente, también hombres— con escobas a barrer los cristales que quedan pulverizados por la calle y a recoger los escombros a mano, para que vuelvan a circular los coches. Tienen una fortaleza...

Pero en Kramatorsk vas pisando cristales por las calles. Ya es imposible barrerlos todos.

¿Cómo cree que va a evolucionar esta guerra?

Es impredecible. Lo ha sido desde el primer momento. El gran problema es que Putin no quiere terminarla. No hay que olvidar que ha invadido la parte más rica del país.

He visitado otras naciones del espacio postsoviético intentando tener una mayor comprensión del conflicto, porque Rusia no se va a quedar ahí. Ahora mismo también tiene ocupado el 20% de Georgia.

¿Hasta cuándo piensa cubrir la contienda?

Como es tan impredecible, me gustaría cubrirla entera y luego el tiempo posterior, ya sin permanecer tanto tiempo allí. La historia nos ha enseñado que las posguerras suelen ser más duras que las guerras.

María Senovilla llegó a Odessa el séptimo día de la invasión.

María Senovilla llegó a Odessa el séptimo día de la invasión. Esteban Palazuelos

Cuando vuelve a España, ¿tiene estrés postraumático? ¿Problemas de adaptación?

Yo no tengo derecho a tener secuelas psicológicas ni estrés postraumático. El día que sienta que no puedo más, cojo un autobús y vengo a mi casa en España, que no está bombardeada.

A vivir en paz te adaptas en media hora. ¡Tú no sabes qué gusto da llegar y tener electricidad, calefacción, agua caliente, que no caigan bombas, no oír sirenas antiaéreas ni los puñeteros drones Shahed!