La escritora es una de las galardonadas este 2026.

La escritora es una de las galardonadas este 2026. Clara Moreno

Protagonistas

Julia Navarro, Premio Maga de Magas a la Trayectoria profesional por su capacidad para contar historias

Desde el periodismo y la literatura, lleva más de 50 años siendo un ejemplo de documentación, rigor e independencia que apasiona a millones de lectores.

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Es más que dudable que a Julia Navarro le interesen los horóscopos. Pero el universo tiene razones que la razón desconoce, con perdón de Pascal. Quizás sea una casualidad, pero la periodista y escritora nació bajo el signo de Libra. Y lleva desde siempre buscando el equilibrio en la vida y en la profesión.

Especialmente, siempre detrás de la ecuanimidad, de la verdad, de apuntar a la diana de lo cierto, de equilibrar la balanza, como esa diosa de la justicia que simboliza su horóscopo.

Si alguien es periodista nunca deja de serlo. Si nace de periodista, las raíces no permiten el desvío. Al menos en su caso, hija de uno de los míticos de este país, Felipe Navarro, alias Yale. Y lo es, aunque escriba novelas. Al fin y al cabo, ¿qué es el periodismo sino contar historias?

Y en ese paralelismo zodiacal, Julia probablemente no sabía que en el momento en que contó la primera de ellas en páginas extendidas, la novela La Hermandad de la Sábana Blanca, estaba desequilibrando su balanza profesional.

Y lo estaba haciendo a unos niveles de seguro impensables, para convertirse en una de las autoras españolas más leídas dentro y fuera de nuestras fronteras.

La periodista que fue símbolo, imagen y protagonista de la Transición, lo es hoy de una escritura conectora con los lectores. Seguramente, por su profunda humanidad.

La periodista que curioseaba en personajes, historias, ideas para construir sus piezas periodísticas sigue curioseando para esas otras que la han transformado en best-seller. Su espíritu de reportera sigue vivo. La agilidad de su escritura, también.

El premio Maga de Magas a la Trayectoria Profesional destaca sus dos facetas, con esa manera coherente de defenderlas sin fisuras y sin dejar que los platillos de la balanza se inclinen hacia uno u otro lado. Reconoce la excepcionalidad de su historia. Y su curiosidad para contar otras.

La escritora Julia Navarro, en un retrato de archivo.

La escritora Julia Navarro, en un retrato de archivo.

Reconoce su independencia llevada por la senda del rigor en el camino de ida hacia el periodismo y en el de vuelta a la literatura, sin renunciar nunca ni a uno ni a otra.

Continúa teniendo Julia los ojos vivaces y la expresión algo infantil de quien se sorprende. Y sólo aquella persona capaz de hacerlo logra sorprender a otros.

Así, encandiló a sus legiones de lectoras y lectores, que bebieron cual pócima embaucadora aquella primera novela que, por cierto, empezó a escribir mientras cuidaba a su hijo Álex, fruto de otra gran historia, esta de amor, con otro periodista, Fermín Bocos.

Qué belleza dar a luz un hijo y engendrar otro, este literario. Y con tan buen desempeño.

El éxito fugaz no nubló a la 'plumilla'. Pero la elevó a un pódium visitado por pocos. En un año había vendido un millón de libros. Y eso que, como aclara su gran amigo, también periodista y escritor Fernando Rueda, aún no había sido conocida en los 34 países en los que hoy es leída.

Dicen quienes la conocen bien que la purpurina del triunfo no ha cambiado ni la imagen ni el fondo de esta mujer que ha sudado la camiseta para brillar. "La suerte no existe" podría ser el título de un libro inspirado en ella. Sólo el trabajo, el tesón, el rigor y la coherencia han obrado el milagro. Y la buena pluma, faltaría más.

Eligió ejercer una de las facetas más complicadas del periodismo, especialmente en la Transición: el político. A ella, por ejemplo, Tejero y sus secuaces la pillaron en el Congreso de los Diputados… Para qué más datos… Y eligió, tal vez sin ser muy consciente, una segunda vida para la que de forma inconsciente llevaba preparándose 50 años.

Porque justo 12 meses después de cumplirlos publicó aquella primera novela y detrás de ella esos otros títulos que la han coronado como afamada novelista.

Julia Navarro juega con Barbie, su perra, frente al Palacio Real de Madrid.

Julia Navarro juega con Barbie, su perra, frente al Palacio Real de Madrid. Nieves Díaz

Esa segunda vida profesional había llegado para sorpresa de ella misma y admiración de su entorno y de sus lectores, que han ido devorando una a una sus novelas.

Además de la citada, Tú no matarás, De ninguna parte, Dispara, yo ya estoy muerto, Una historia compartida, La biblia de barro, Dime quién soy, La sangre de los inocentes, Cuando ellos se van y El niño que perdió la guerra.

Es cierto que si hay una que destacar es Dime quién soy. Arrasó. Y tuvo ese honor que toca a pocos escritores de ser adaptada —y bien adaptada— a una serie de televisión. Usó la vida de Amelia Garayoa para relatar parte de la historia del siglo XX, acompañada de un estudio en torno a la identidad, pero también a la libertad y a las consecuencias de las decisiones.

No son temas extraños a su obra. Pero en esta quizás adquieran mayor presencia.

Son estos temas que también se encuentran en su última entrega, El niño que perdió la guerra. En ella, entre la guerra civil y la Rusia de Stalin, Julia hace un juego doble, y no precisamente de espía, sino de investigadora. De lo que ocurrió a un niño entre dos países, entre dos culturas, entre dos maneras de entender la vida.

Es una novela más que oportuna. Por la guerra. Por las guerras. Por su impacto en la infancia, en la sociedad, en el futuro, en nuestro presente. Una investigación sobre todo lo que arrebatan las contiendas: las raíces, la etapa más bella de la vida —que es la infancia—, la posibilidad de saber quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos.

Investigar, analizar y trabajar para captar a una amplísima comunidad lectora ha sido su labor a lo largo de estos años.

En ellos, sin abandonar su faceta informadora, ha enamorado a una audiencia por todo el mundo y generaciones, y ha estudiado grandes conflictos como antes lo hiciera en su prolífica vida periodística, a la que no ha renegado a pesar de su éxito literario. Es más, la ha reivindicado de forma permanente.

Seguramente guardar la coherencia, fundamental en el periodismo, pero también esa especie de apego al rigor, a la documentación y al trabajo por mantener el pensamiento crítico, le ha valido transitar por un camino de independencia y autonomía personal y literaria que ha trasladado a todas las facetas de su existencia.

Julia Navarro participó en el Club de Lectura de Magas el pasado mes de noviembre.

Julia Navarro participó en el Club de Lectura de Magas el pasado mes de noviembre. Rodrigo Mínguez

Julia, que ha traspasado fronteras y ha triunfado en casa, ha demostrado algo fundamental en esta era: nunca es tarde. Para nada. Basta con comprobar lo que le ha ocurrido ella y cómo ha aprovechado positivamente la buena noche de los tiempos.

Ha demostrado también que eso de 'se vive solamente una vez' es sólo una letra de bolero, falsa como muchas porque, como escribió el poeta Paul Eluard, hay muchos mundos, pero están en este, como muchas vidas que están en esta, al menos en la profesional.

Ser una de las escritoras más leídas en lengua española habla de su trabajo consciente y profundo. Un trabajo que podría valerle la categoría de gran buceadora en la condición humana, pero también en el contexto sociopolítico del siglo XX tan conocido por vivido.

Y dicen quienes bien la conocen que el éxito no sólo no se le ha subido a la cabeza, sino que su cabeza sigue donde la tenía en sus momentos álgidos como periodista. Ahí donde había una necesidad estaba ella. Ahí cuando otros sufrían estaba ella.

Como hoy, que está siempre en guardia y ayudando a Entreculturas, una ONG a la que apoya en la defensa de una educación de calidad para la infancia, sea cual sea y para la que crea cada semana un pódcast, Voces por una causa, en el que entrevista a personas cercanas a la cooperación.

Lo dijo Kapuscinski y podría haberlo expresado pensando en ella: "No es posible ser buen periodista sin ser buena persona".