Las integrantes del equipo 'Chicken Burgir'.

Las integrantes del equipo 'Chicken Burgir'. Cedida

Protagonistas

El futuro del 'gaming' femenino: las integrantes de Chicken Burgir se preparan para la gran final de Magamers

Las jugadoras hablan con franqueza sobre sus expectativas, la falta de referentes y la necesidad urgente de un circuito estable.

Más información: Magamers ya cuenta con dos equipos apuntados para reinar en League of Legends

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En un ecosistema competitivo que a menudo les ha dado la espalda, las integrantes de Chicken Burgir encuentran en el torneo femenino Magamers algo más que una final: una oportunidad, un altavoz y, sobre todo, un reencuentro.

Para muchas de ellas, competir juntas no sólo significa volver a sentir la adrenalina del escenario, sino también reivindicar su espacio en unos eSports que todavía les deben estructura y continuidad.

Volver a competir

Para Shirayuki (Jessica Domínguez), la participación en Magamers tiene un significado profundamente personal. “Poder participar en este torneo supone poder vivir la experiencia de volver a competir y poder compartir espacio con compañeras que aprecio”, explica.

Durante un tiempo, asumió que su etapa competitiva había terminado: “Ya me había hecho a la idea de continuar con mi vida laboral sin volver a competir debido a las pocas oportunidades que existen actualmente”.

Por eso, esta final es también una segunda oportunidad. Y aunque habla desde la emoción, no pierde la ambición: “Creo que va a ser un encuentro divertido, pero mis expectativas son un 3-0 para nosotras”.

Shirayuki (Jessica Domínguez).

Shirayuki (Jessica Domínguez). Cedida

Sakkuromi (Sonia Nieto) comparte esa mezcla de ilusión y determinación. “Me hace mucha ilusión poder participar ya que a día de hoy no hay muchas competiciones femeninas en las que las mujeres podamos jugar”, señala.

Para ella, el simple hecho de que exista el torneo ya es una victoria simbólica. Sin embargo, cuando se trata del resultado, no duda: “Obviamente vamos con las expectativas de ganar sin duda alguna”.

Vicky (Victoria de la Torre) pone el foco en la dimensión emocional del equipo. “Para mí, participar en Magamers supone juntar dos cosas que adoro: competir y poder disfrutarlo con amigas que conozco desde hace tantos años”.

Recuerda que, en el alto rendimiento, a veces se pierde la esencia del objetivo: “Al final, aunque estemos compitiendo, no deja de ser un juego, por lo que lo más importante es pasárselo bien”. De cara a la final, su objetivo es claro: “Quiero disfrutar las partidas al máximo”.

Shiina (Marta Mesas) también celebra el torneo: “Estoy feliz por la iniciativa, competir siempre es genial y en esta ocasión además puedo compartirlo con un grupo de personas más cercano a mí”. Y en cuanto al desenlace, se muestra confiada: “Diría que ganaremos cómodamente”.

Rym (Rym Salloum) resume el espíritu del equipo en pocas palabras: “Participar para mí significa poder pasar tiempo con mis amigas, especialmente con Shiina, con quien compartí equipo el año pasado. Ha sido muy divertido”. Pero el componente competitivo sigue intacto: “Nuestras expectativas serán alzarnos con la victoria”.

Sakkuromi (Sonia Nieto).

Sakkuromi (Sonia Nieto). Cedida

Desde su rol de suplente, Dragon (María de los Ángeles Zarate) aporta una mirada solidaria y de apoyo. “Me hace muchísima ilusión formar grupo con gente con la que he competido antes; sólo soy una suplente pero espero apoyar en todo lo posible”.

Más allá del marcador, desea que “sea una final memorable, que lo pasemos muy bien y que sea una buena experiencia para todas”.

Falta de oportunidades

Si hay una idea que atraviesa la conversación, es la falta de estructura en la escena femenina. Shirayuki lo resume en una frase que funciona casi como lema: “Referentes existen, lo que no existen son oportunidades”.

Señala directamente a Riot Games y compara contextos: “Estamos hablando de que Valorant, siendo un juego que nació en 2020, tiene muchas más oportunidades para jugadoras femeninas que las que ofrece League of Legends, nacido en 2009”.

La diferencia, para ella, es estructural. “Necesitamos que existan competiciones femeninas y, en este caso, alguna liga que permita a las jugadoras poder competir en un entorno estable”.

Sakkuromi coincide en el diagnóstico: “Es necesario que se establezca un circuito femenino fijo para que las chicas se puedan desarrollar para luego saltar a la escena mixta”. Denuncia la fragilidad del ecosistema actual: “Desgraciadamente, la escena female es muy inconsistente y no hay apenas competiciones”.

Vicky (Victoria de la Torre).

Vicky (Victoria de la Torre). Cedida

Vicky introduce un análisis sociológico. “Ahora mismo, en los videojuegos hay muchísimas chicas jugando”, explica, pero el problema no es la participación casual, sino la ambición competitiva. “La gran mayoría no se plantea competir, porque no lo ve como algo posible”.

Para ella, iniciativas como Magamers, “aunque segreguen, acaban siendo necesarias”.

Shiina ofrece un testimonio especialmente contundente sobre la hostilidad del entorno. “El entorno de los eSports es bastante hostil”, afirma. “Es difícil abrirse camino independientemente del género, pero esto se vuelve incluso peor al ser mujer”.

Describe una realidad incómoda: “La mayoría de equipos están conformados por hombres en su totalidad y siendo transparente, realmente a muchos de ellos no les agrada la idea de tener mujeres compitiendo con ellos”.

Recuerda lo que sucedió cuando el equipo femenino G2 Hel intentó competir en España: “Hubo bastante controversia, desde comentarios algo desagradables hasta gente intentando invalidar la inscripción del equipo por normativa”.

Rym, que también formó parte de este grupo, añade otra capa al problema: incluso los logros son cuestionados. “El año pasado logramos cosas más grandes, como haber llegado a segunda división española, y aún así la gente encuentra maneras de menospreciar nuestros resultados”.

Shiina (Marta Mesas).

Shiina (Marta Mesas). Cedida

Legado colectivo

Curiosamente, varias jugadoras coinciden en que ganar la final no transformará radicalmente sus trayectorias individuales. Sakkuromi lo dice con claridad: “No creo que influya mucho en mi carrera el que ganemos o no”.

Sin embargo, sí espera que la final “sea un ejemplo y una llamada de atención para que se tome en serio la competición femenina en el League of Legends”.

Shiina comparte esa perspectiva y desea que, gracias a la iniciativa, "surjan más o se continúe dando apoyo, ya que es de vital importancia”.

Rym tampoco espera un giro profesional inmediato, pero sí un cambio cultural: “Espero que, apilando suficientes victorias en un futuro, puedan entender que todos somos iguales y tenemos el mismo potencial”.

Rym (Rym Salloum).

Rym (Rym Salloum). Cedida

Para Vicky, esta final puede ser un cierre. “Lo más probable es que este torneo suponga un punto final a mi carrera después de tantos años”, confiesa.

Lo vive con intensidad: “Quiero disfrutarlo, pero tampoco quiero que acabe”. Y deja un mensaje a las más jóvenes: “Espero que sirva para que más chicas se animen a competir, que no se echen atrás sin intentarlo”.

Dragon subraya el poder inspirador del torneo incluso sin haber ganado aún: “Me ha motivado muchísimo a seguir jugando y mejorando”.

Y lanza una invitación directa: “Espero que las chicas que vean este torneo se motiven a participar en los siguientes y que no tengan miedo; aquí siempre serán bien recibidas”.

Más que una final

Chicken Burgir llega a la final de Magamers con la seguridad de quien ha recorrido un camino lleno de obstáculos y aprendizajes. Entre el optimismo y la voluntad de ganar, late algo más profundo: la necesidad de construir espacios estables, visibles y respetados para las mujeres en los eSports.

Dragon (María de los Ángeles Zarate).

Dragon (María de los Ángeles Zarate). Cedida

Sus voces coinciden en lo esencial: talento hay, referentes hay, ganas sobran. Lo que falta es continuidad, estructura y apoyo decidido por parte de los grandes actores del sector.

Mientras tanto, ellas compiten, disfrutan y se apoyan mutuamente, conscientes de que cada partida suma no sólo en el marcador, sino también en la construcción de un futuro más justo.

Si esta final es un punto y aparte o un punto final para algunas, el deseo compartido es claro: que las que vengan detrás encuentren un camino un poco más ancho, un poco más firme y, sobre todo, con oportunidades reales para cumplir —como dice Shirayuki— “nuestro sueño”.