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La sentencia de las niñas forzadas al matrimonio infantil en la India: les impusieron un marido que no deseaban

En el distrito de Kandhamal, las adolescentes alertan a las autoridades para detener casamientos o rescatar a menores forzadas a contraerlos.

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El estado de Odisha –antes Orissa–, se despliega en el este de la India con sus hermosos templos, selvas espesas y comunidades tribales. Desde Bhubaneswar, su capital, aún nos quedan más de cinco horas en coche hasta la estación de montaña Daringbadi, en el distrito de Kandhamal.

La carretera asciende y, con la altura, cambia el paisaje. Aparecen bosques de pinos y un aire frío inesperado. A 915 metros sobre el nivel del mar, Daringbadi es conocida como la ‘Cachemira de Odisha’. También por albergar a comunidades tribales adivasi, o primeros moradores.

La belleza del entorno no oculta una realidad preocupante. Odisha ha sido uno de los estados con mayor prevalencia de matrimonios forzosos en India. Según un informe reciente, 8.159 niñas fueron obligadas a casarse allí entre 2019 y febrero de 2025.

Comunidades contra el matrimonio infantil en uno de los estados más afectados de India

"Este distrito es mayoritariamente tribal, con un 90% de población rural", explica Sudhir Kumar Digal, responsable senior de programas del Movimiento por la Educación Rural de los Pueblos (PREM por sus siglas en inglés). "Hace 40 años, la pobreza era absoluta, no había infraestructuras ni acceso a servicios básicos y la educación no era una prioridad", destaca.

PREM y la oenegé de infancia y educación Educo comenzaron su intervención contra el matrimonio infantil en 2021. Convencidos de que el cambio solamente es sostenible si nace dentro de las propias comunidades, sus resultados son impresionantes. En Odisha trabajan en 103 aldeas. De ellas, 75 han sido declaradas oficialmente libres de matrimonio infantil.

En Katawani, la primera villa que visitamos, nos reciben mujeres mayores que llevan tatuajes en el rostro. Líneas y círculos negros surcan sus caras. Explican que se los hacían de niñas para "afearse". "Así evitábamos que nos violaran los hombres de fuera", dice Asungi Pradhan.

Me siento con las mujeres mientras las jóvenes cantan una canción escrita por el grupo adolescente local. "Di no al matrimonio infantil…", entonan. Katawani es hoy una aldea libre de esta práctica y del trabajo infantil, que suelen coexistir en las mismas comunidades.

Además de programas de refuerzo y seguimiento escolar y centros de multitareas para menores, los adultos participan en formaciones sobre gestión del tiempo, resolución de conflictos o liderazgo comunitario.

Algunas menores rescatadas de los matrimonios forzosos se dedican a dar charlas a menores y familias, convirtiéndose así en referentes para otras niñas.

Algunas menores rescatadas de los matrimonios forzosos se dedican a dar charlas a menores y familias, convirtiéndose así en referentes para otras niñas. Cristina Villarino

En esta aldea, 21 familias cuentan ya con una tarjeta de trabajo que garantiza acceso a ayudas, y la de agricultor, que facilita créditos agrícolas. Las oenegés asisten a las familias para obtenerlas.

"El Gobierno tiene programas para las familias con necesidades", explica Guruprasad Rao, director de Educo India, "el problema es que la información no llega a sitios remotos como este. Y para poder luchar contra el matrimonio infantil es esencial que tengan los recursos básicos".

"Nos ha cambiado la vida", afirma Anita Pradhan, de 35 años, con dos hijas de 9 y 10 años, y un hijo de 5. En todo el distrito, 1.849 familias han accedido ya a programas públicos, y 816 ya tienen la tarjeta de trabajo.

“En mi aldea, hace cuatro años que no ha habido ningún matrimonio infantil, ni embarazos adolescentes”, recalca Anita. Antes, los adolescentes no sabían dónde ir: “Eso fomentaba que anduvieran por cualquier sitio. Ahora van al Centro de multiactividades, lo pasan bien y estudian más".

Chicas con voz propia

Al día siguiente, asistimos a una representación teatral en la aldea de Padenketa, donde viven unas 400 personas. La obra, escrita por un sacerdote católico de la zona, explica las consecuencias devastadoras del casamiento temprano.

La interpretan adolescentes que exageran gestos, hacen chistes. "Es más eficaz que cualquier discurso. Con esta obra conseguimos que entiendan el alcance de esta lacra para ellas", señala Apurva Singh, responsable de Comunicación de Educo India.

Otro pilar es The Vow, un juramento comunitario diseñado por Educo y PREM en 2021. En él, los menores se comprometen a no participar en esos matrimonios. En muchas comunidades, jurar tiene un valor sagrado. Este compromiso se repite en cada encuentro. Ya no son sólo las niñas y niños, se ha convertido en símbolo de identidad colectiva y un motivo de orgullo.

Nos empieza a quedar claro que los adolescentes de estos proyectos tienen voz propia y conciencia de sus derechos. Auspiciados por los programas de PREM-Educo, 4.786 chicos y chicas forman parte de 96 grupos de participación, que han bautizado con nombres como Estrella feliz o Libertad.

En ellos debaten, señalan los asuntos que les preocupan y diseñan soluciones. Además, son muy activos en la lucha contra los matrimonios forzosos, conciencian y denuncian los casos, para que intervengan las oenegés y las autoridades y así evitarlos o rescatar a las niñas.

Los adolescentes de los programas de PREM-Educo tienen voz propia y conciencia de sus derechos.

Los adolescentes de los programas de PREM-Educo tienen voz propia y conciencia de sus derechos. Cristina Villarino

"No quiero casarme, quiero estudiar informática", afirma Nisha, de 17 años. Cuando le empezaron a llegar propuestas de boda, no lo contó en casa. Cuando se enteraron, "les dije a mis padres que si me obligaban, me iría de casa; yo conocía mis derechos y sabía que la ley me ampara", cuenta.

De los regalos que recibía, ahorró dos mil rupias (20 euros) para comprar libros. "Los chicos gastan en comida basura. Yo, no", dice sonriendo, aunque admite que "me encantan los vestidos bonitos, pero ya llegarán". Viaja cada día en tuk-tuk, motocarro indio, a la escuela. Sus padres ahora también ahorran para su educación.

Pero no todas llegaron a tiempo. El tercer día en Odisha comienzan las entrevistas en la sede de PREM Educo. La primera es Asha, de 19 años, obligada a casarse a los 16 con un hombre de 25. "Pensaba que ser esposa era limpiar y trabajar. No sabía nada más", dice. Fueron otros jóvenes quienes advirtieron de su caso.

La secuencia parece el guion de un thriller. Alerta del grupo adolescente. Activación de la Comisión de Protección Infantil. Llegan la trabajadora social, la policía, y agentes comunitarios. Trasladan a la niña a una residencia gubernamental.

"Me explicaron que aquello era ilegal", recuerda Asha. En la India, la Ley de Prohibición del Matrimonio Infantil está vigente desde 2006. Para recuperar su custodia, sus padres tuvieron que firmar un compromiso para no casarla antes de la mayoría de edad. Hoy Asha estudia y quiere "ser profesora e independiente".

Aunque la vida, aquí, nunca es en blanco y negro. Con todo, Asha habla con cariño de su marido. "Es un buen hombre. Me dijo: vete y estudia, yo te esperaré". Se sonroja. "Nos equivocamos al hacerlo demasiado rápido. Quiero estudiar, conseguir un trabajo y luego, ya veremos”, comenta.

En la India, la Ley de Prohibición del Matrimonio Infantil está vigente desde 2006.

En la India, la Ley de Prohibición del Matrimonio Infantil está vigente desde 2006. Cristina Villarino

Otras chicas se plantaron ante el matrimonio infantil. Para Minu, de 20 años, "el momento más triste de mi vida fue cuando me dijeron que no podía seguir estudiando a los 16". Querían que se casara, pero ella les advirtió un "si me obligáis, me mato".

Tras un año ayudando en casa, sus amigas avisaron a la agente comunitaria Rina Baliansingh, de 28 años, que tiene siete aldeas a su cargo. El mecanismo de apoyo se puso en marcha.

"Les expliqué a los padres que Minu era una gran alumna y que podría estudiar para auxiliar de enfermera. Que no tendrían gastos", explica Rina. Tras acabar los estudios, Minu tiene un sueldo de 12.000 rupias al mes (110 euros), "me gustaría estudiar otro curso para ser enfermera y ganar más", apostilla.

"Lo que más me gusta es poner inyecciones sin que les duela", explica Beauty, de 22 años y también auxiliar de enfermería, que también logró evitar un matrimonio temprano.

Como Santa, de 20. "Minu me salvó", enfatiza señalándola, porque "me habían sacado del colegio y mi tío trajo una propuesta de boda. Les dije que me mataría si me obligaban". Ahora está "feliz sacando sangre a los pacientes. Ya pensaré si me quiero casar".

La confianza que sienten las jóvenes por Rina Baliansingh es evidente. Como por Himani Dash Mohapatra, coordinadora de Proyectos en PREM. "Son nuestros ángeles", dice Beauty. "Cada una que conseguimos que siga estudiando nos produce una alegría enorme. Así podrán tener el futuro que ellas elijan", asegura Himani.

Y Rina añade que "amo este trabajo, poder ayudarlas y motivarlas. Ellas me han hecho comprender que no debí casarme a los 20; tendría que haber seguido estudiando".

A media mañana llega Lalita, de 19 años, acompañada de su madre. Himani nos advierte que su caso es "bastante duro". A los 14 la casaron con un hombre de 24. "En casa de mi marido eran todas mujeres. Yo hacía la mayoría de las faenas", cuenta.

"Al poco tiempo me quedé embarazada; estaban muy contentos y más cuando mi hijo nació", rememora. Ella tenía anemia, que empeoró con el embarazo. "A los dos meses", prosigue, "mi bebé cogió una neumonía y murió. Entonces empezaron a decir que yo era la culpable, que era una bruja".

Hay que parar la entrevista porque a Lalita se le llenan los ojos de lágrimas. Tras unos abrazos, agua y un rato de charla, nos explica que su marido la trataba con desprecio y la denunció a la policía por adúltera. “Yo no podía defenderme porque no teníamos dinero para un abogado”, destaca.

Reclaman ser independientes

La separación llegó deprisa. Ella ha vuelto a estudiar y, cuando lo cuenta, sonríe al fin. "La educación y la independencia económica lo son todo", subraya. Su madre, viuda, asiente: "Casarla pronto fue un error. Lo sé y estoy orgullosa de ella".

Al caer la noche llega Priya, de 17 años, con su bebé en brazos. Duele verla caminar hacia nosotros; se percibe que la relación con el pequeño, y también con sus padres, es compleja. Apenas les mira.

Para la entrevista, deja al bebé con su madre y pide hacerla sin su familia cerca. "Mi marido era algo mayor que yo, bebía mucho y tenía muy mal carácter. Se peleaba con su familia y abusaba de mí cuando estaba bebido”, cuenta mirando al suelo. Cómo explicarle que no tendría que ser ella la que sintiera vergüenza.

Le impusieron un matrimonio que no deseaba. "Me obligaron", recalca en voz baja. Estaba de seis meses cuando la rescataron. "Me sentí feliz cuando vi que llegaban a por mí", asegura. El tiempo que pasó en la residencia gubernamental fue un bálsamo, aunque carga con un dolor profundo.

Los embarazos forzados en menores provocan trastornos depresivos, ansiedad, y estrés postraumático. Para Priya, todo ha cambiado. Su mirada opaca estremece. "Antes tenía una vida, amigas y la escuela; ahora no tengo nada", dice. Aunque quiere volver a estudiar, no tiene fuerzas todavía. El proceso de readaptación será largo.

Su bebé aún no tiene nombre. Ella apenas lo mira; él no deja de buscarla nervioso en brazos de su abuela. Pero cuando la joven madre escucha su llanto, se levanta como un resorte a calmarlo. Lo logra de inmediato. Al contemplarlos –esa niña con un niño en brazos–, por muy curtida que esté como periodista, tengo que retener las lágrimas.

Una de las condiciones de Educo es no mostrar rostros ni nombres reales. "No queremos que les cause estigma, ni que se las vea como víctimas, sino como sujetos de derechos", insiste Rao. Ellas aceptan hablar porque saben que su voz puede ayudar a otras niñas en su situación.

Sudhir Kumar resume el impacto de los programas de las dos oenegés: "Hemos detenido 35 matrimonios infantiles, empoderado a más de 4.200 madres y fortalecido 96 comités de protección infantil". Pero, sobre todo, están educando a una generación de jóvenes, niños y niñas que dicen no al matrimonio infantil y que conocen sus derechos.

Ellas mismas se salvan

El último día en las aldeas, el grupo de adolescentes nos prepara una despedida. Comienza con el juramento contra el matrimonio infantil. Luego enumeran lo que han conseguido. En dos aldeas ahora hay iluminación, en 10 canales de irrigación, en 16 carreteras de asfalto…

"Los grupos de adolescentes son esenciales. Cuando un trabajador social o un departamento gubernamental no logra identificar un caso crítico a tiempo, han desempeñado un papel fundamental al acudir a alertarnos", destaca Apurva Singh.

Odisha aún está lejos de erradicar el matrimonio infantil. De 2019 a 2021, alrededor del 20,5% de las mujeres de 20 a 24 años se habían casado antes de los 18 años. Aunque la cifra ya es inferior a la media nacional, del 23,3%. El descenso es lento.

En muchas comunidades tribales, jurar tiene un valor sagrado. Por él, se comprometen a no participar ni forzar de ninguna manera los matrimonios tempranos.

En muchas comunidades tribales, jurar tiene un valor sagrado. Por él, se comprometen a no participar ni forzar de ninguna manera los matrimonios tempranos. Cristina Villarino

Pero en estas aldeas en Kandhamal ocurre algo extraordinario, las niñas han dejado de esperar a ser salvadas. Son ellas quienes reclaman educación y que se respeten sus derechos. Y, así, están reescribiendo sus historias.