La autora publica 'La casa de los huéspedes'.

La autora publica 'La casa de los huéspedes'. Cedida

Protagonistas

Ana Lena Rivera sobre los secretos: "El trauma nace de no poder contar lo que pasó o de que no te crean"

El más reciente lanzamiento de la escritora parte de una vivencia familiar que conoce bien y que a su vez se trata de una historia colectiva.

Más información: Ana Merino reflexiona sobre el desamor en su nueva novela: "La culpa es parte del proceso, pero no debe paralizar"

Publicada

Ana Lena Rivera explora la memoria y las voces silenciadas en su última novela, La casa de huéspedes. Con maestría combina hechos históricos con vidas personales, mostrando la resiliencia de varias generaciones de mujeres durante la Guerra Civil, el exilio y la dictadura franquista.

La obra destaca por su capacidad de transformar secretos familiares y experiencias reales en relatos universales sobre identidad, lucha y supervivencia.

La novela empieza con una explosión en la Gran Vía durante la Guerra Civil. ¿Por qué arrancas desde ahí?

Mis tíos tenían un hostal en el número 15, que originalmente pertenecía a la hermana de mi abuela. Allí escuchaba muchas historias de los huéspedes y cómo vivieron los bombardeos, especialmente el del edificio Telefónica, un objetivo estratégico.

El hecho con el que comienzo y al que haces referencia ocurrió realmente, aunque no destruyó el establecimiento. La narración es ficción histórica, pero muchos detalles se basan en experiencias reales de esa época.

Es un relato generacional, ¿qué nos puede enseñar hoy?

Nos recuerda la resiliencia de quienes vivieron represión y escasez, sobre todo las mujeres, que tenían pocas oportunidades si no encajaban en la 'familia perfecta'. Ellos lucharon por sacar adelante a los suyos y darnos una vida mejor.

Nos hace reflexionar sobre la gratitud hacia esas generaciones y cómo nuestras peleas actuales también construyen un futuro mejor.

Mirando la historia familiar, ¿qué seguimos sin aprender?

Todavía nos cuesta valorar lo que vivieron nuestros antepasados. A veces creemos que seríamos capaces de rebelarnos, pero todos estamos condicionados por nuestra educación y contexto.

Recordar su resistencia nos ayuda a entender nuestro presente, y nos hace conscientes de lo privilegiados que somos comparados con lo que ellos enfrentaron: la guerra, la escasez, la represión y los límites a la libertad de decisión.

¿La desigualdad de género es un tema central en la novela?

No hay un tema central de reivindicación. El libro simplemente muestra cómo se vivía y lo que se consideraba normal.

Claro que existía inequidad: la sociedad estaba organizada así. Por ejemplo, en convenios laborales, los puestos y salarios de las mujeres eran inferiores a los de los hombres, incluso en los mismos trabajos. Hoy hablamos de equidad salarial; entonces, eso no existía.

La novela no trata solo de eso, sino de cómo estas figuras femeninas soportaron las condiciones que les tocaron y procuraron que las generaciones siguientes tuvieran una vida mejor.

Un retrato de la autora.

Un retrato de la autora. Cedida

¿El exilio y el retorno también son importantes en la historia?

Sí. La protagonista es enviada a Francia siendo muy joven, antes de la guerra, porque Madrid no era seguro, y su tía, casada con un directivo, podía cuidarla.

Al regresar, años después, vuelve con otras costumbres adquiridas fuera y se enfrenta a una sociedad que no las acepta. Pequeños actos, como fumar en el balcón, podrían dañar su reputación o la del hostal. Entonces, el qué dirán era fundamental; pertenecía al grupo, y eso era una cuestión de supervivencia social.

No hay familias sin secretos.

Exacto. Además, cuando ciertas cosas no se podían contar porque estaban mal vistas o incluso penadas por la ley, como la homosexualidad, esos secretos se multiplicaban.

El trauma no surge sólo del hecho en sí, sino de no poder contarlo o de que no te crean. Por ejemplo, una adopción era un secreto enorme, incluso para los propios adoptados.

Muchos secretos familiares se ocultaban para proteger la reputación. ¿Cómo se vivía esa presión social?

Efectivamente. Ocultar lo que ya he mencionado, embarazos tempranos, madres solteras… Todo eso se vivía en secreto.

Además, la gente cotilleaba: '¿Será viuda de verdad?', '¿Vendrá de fuera?'. La comunicación era intensa y rápida, sobre todo porque no había televisión; sólo la radio, incluso la vecinal.

Cuando escribiste sobre violencia, guerra y exilio, ¿descubriste algo que te impactó emocionalmente o decidiste no incluirlo?

Siempre. Para documentar los libros leo mucho, pero procuro poner sólo lo necesario, resumiendo y transportando al lector sin entrar en detalles escabrosos que no aportan a la trama.

Muchas noches me voy a la cama con el corazón encogido, porque la violencia y la crueldad humana afectan. Siempre elimino lo que no es imprescindible para que avance la acción.

Dar voz a estas mujeres anónimas y antepasadas es fundamental, pero la literatura también debe entretener, aunque mi propósito sea que su memoria no caiga en el olvido.

¿Cómo surgió la idea de esta historia a partir de hechos y experiencias reales que habías presenciado o investigado?

La decisión surgió de forma curiosa: hubo una epidemia de chinches en España y durante un mes todos los periódicos hablaban de ellas. Unos amigos comentaban el tema y empecé a hablar de remedios históricos, del DDT y su prohibición… Al terminar, me dijeron: '¿Y esta masterclass?' Y entonces supe que ahí iba a estar la siguiente novela.

La identidad falsa también juega un papel importante.

Todos las tenemos, muchas máscaras. Por un lado, está quiénes somos y quiénes parecemos ante los demás. Y ni hablar en redes sociales. Pero cuando tu vida depende de ello, o puedes acabar en la cárcel por no hacerlo, la presión es enorme. Lo que normalmente nos causa estrés se vuelve prácticamente insoportable.

Antes, la familia se mostraba de una manera para afuera y era muy diferente por dentro. ¿Hoy hacemos algo parecido en las plataformas digitales?

En efecto, pero ahora no es por supervivencia. Supongo que seguimos siendo humanos y mostramos una imagen que no es nuestra, casi por orgullo: sentir que no somos suficientes y tenemos que aparentar algo distinto.

La sociedad nos dice cómo debemos ser, sin aceptar a cada uno en esencia ni respetar el espacio que cada persona tiene derecho a ocupar.

La escritora acaba de publicar su última novela, que explora la memoria y los secretos.

La escritora acaba de publicar su última novela, que explora la memoria y los secretos. Cedida

Esta novela sigue a mujeres cuyas voces fueron silenciadas. ¿Sientes que tu trayectoria también busca ser un altavoz para quienes están en esa situación?

Totalmente. Todo lo que escuché por tradición oral lo busqué después en los libros… y no estaba en ningún sitio. De niña, la asignatura de Historia no me gustaba: eran sólo señores y fechas, nada que conectara con mi familia ni con quién era yo.

Aquí sí está esa conexión. No es mi vida personal, sino una narración colectiva. Muchos lectores dicen: 'Esto me lo contó mi padre', 'Esto lo vivió mi abuelo', 'Ahí está mi yaya. La acabo de reconocer en la novela'.

Sin ser el relato de nadie en concreto, se convierte en la de todos: de dónde venimos realmente, más allá de años y batallas.

Muchos jóvenes parecen desconocer la represión histórica. ¿Cómo lo ves desde tu experiencia?

Claro, porque no les tocó vivirlo. Cuando eres joven parece que lo sabes todo y que quienes estuvieron antes 'no sabían nada'. Todo es blanco o negro.

Con el tiempo, aprendes a relativizar, a mirar atrás y a entender. Esa visión juvenil también tiene su función en nuestra supervivencia y evolución como especie.

¿Crees que a veces la ignorancia tiene un valor positivo en la juventud?

Sí. A veces es mejor no ser consciente de todos los riesgos para poder lanzarte a hacer cosas nuevas. Protege del miedo y fomenta la innovación.

Esa fase es necesaria en la vida; nos permite aprender y evolucionar.

La Guerra Civil sigue presente en la literatura y en la memoria colectiva. ¿Piensas que los jóvenes llegarán a entenderla?

Sí, pero llegará su momento. A mí también me interesaba mucho de joven, pero a los 20 años no le prestaba la misma atención y hoy me arrepiento de no haber escuchado más. Es normal.

Volverán a ello cuando les toque. Vivimos en una sociedad muy polarizada, pero la historia sigue ahí y continuará enseñándose y recordándose.

¿Qué papel crees que juega la literatura para fomentar la empatía y ayudar a ver más allá del blanco y negro?

Es fundamental. Hoy, las redes sociales nos exponen sólo a quienes piensan como nosotros, y eso nos hace creer que únicamente existe nuestra versión de la realidad, lo que fomenta intolerancia y lleva a los extremos.

En cambio, la literatura muestra matices: cómo otras personas ven la vida, cómo son sus pensamientos al respecto y qué valores tienen. Por eso es tan importante leer relatos con personajes diferentes, con conflictos y opiniones distintas. Nos ayuda a comprender, a relativizar y a ponernos en el lugar del otro.

Escucha Autoras de palabra con Rosa en tu plataforma favorita:

Spotify | Ivoox | Apple | Google | Spreaker |