Retrato de la directora y guionista estadounidense en la Mostra de Venecia.

Retrato de la directora y guionista estadounidense en la Mostra de Venecia.

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La cineasta del 'conflicto', Kathryn Bigelow: "Se ha normalizado la proliferación del armamento nuclear"

En Una casa llena de dinamita aborda la posibilidad de una guerra nuclear y explora cómo actuaría EEUU si un misil desconocido se dirigiera al país.

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Janina Pérez Arias
Publicada

Cuando hablamos de Kathryn Bigelow hay que tener muy presente que se trata de la primera mujer en ganar el Óscar a Mejor dirección. La cineasta haría historia por partida doble, ya que con su celebrada En tierra hostil marcaría su empeño en tocar temas delicados desde el punto de vista político y enlazados con la actualidad, un territorio que por tradición había estado reservado a sus colegas masculinos.

El drama bélico desarrollado en plena guerra de Irak y que sigue de cerca a un escuadrón de artificieros de la milicia estadounidense, ganaría seis estatuillas en total en aquella gala de 2010, incluyendo Mejor Película.

Ese fue un hecho que se puede calificar de toda una hazaña si se piensa que Bigelow había puesto dinero propio porque sabía que esa historia iba a acobardar a los estudios cinematográficos. No sería la primera vez que la directora se lograba imponer a fuerzas contrarias.

Más tarde, con la también elogiada La noche más oscura (2012), centrada en el andamiaje de inteligencia y posterior operación que conduciría a la captura y muerte de Osama bin Laden, Kathryn Bigelow volvió a evidenciar sus destrezas cinematográficas y su arrojo como directora. Parecía que no tenía nada más que demostrar.

Sin embargo, más allá de los premios y reconocimientos conquistados, sus películas han impulsado estimulantes y necesarios debates, algo que ha vuelto a conseguir con Una casa llena de dinamita, la cual aborda el peliagudo tema de una guerra nuclear.

Retrato de la cineasta.

Retrato de la cineasta. Carolyn Cole Getty Images

Lo hace partiendo de la siguiente pregunta: ¿cómo actuarían tanto el gobierno estadounidense como sus dependencias de defensa si un misil de procedencia desconocida se dirigiera imparable hacia ese país?

"En las últimas décadas, se ha normalizado mucho la proliferación del armamento nuclear, lo que ha llevado a un silencio colectivo. Nadie habla de ello; es horroroso", comenta la directora en un encuentro con un grupo de periodistas internacionales durante la Mostra de Venecia, donde su más reciente filme tuvo estreno mundial.

Y añade: "El tema es muy oportuno, y es fundamental formarse una opinión sobre las armas nucleares, cuyo uso tiene obviamente consecuencias inconmensurables".

Desde la ficción, en un escenario que entra más en la probabilidad que en lo imposible, planteando no un ‘si’ condicional sino más bien la pregunta ‘cuándo’, Bigelow se ha propuesto con este thriller a darnos un baño de realidad y recordarnos que el planeta es una olla a presión repleta de pólvora.

A pesar de la urgencia y lo trascendental del tema, la cineasta transmite una inquebrantable calma cuando se expresa. "Lamentablemente, ningún ataque de ese tipo está exento de generar consecuencias tremendas a nivel mundial", afirma la cineasta.

Y añade que "estamos hablando de amenazas de un ataque nuclear, lo cual es una aniquilación segura. Es por eso que la diplomacia, el diálogo y la información son aspectos cruciales en nuestra defensa".

Para esta producción, Bigelow se ha apoyado en el guion del periodista y expresidente de NBC News Noah Oppenheimer, así como en la asesoría de expertos, además de altos mandos militares que durante sus años de servicio han estado viviendo en una especie de vigilia ininterrumpida.

En medio de un crispado panorama en el que el equilibrio mundial se tambalea, son oportunas las cifras: de nueve países que atesoran un arsenal nuclear (EEUU, Rusia, Reino Unido, China, Pakistán, Corea del Norte, Francia, Israel, India), sólo tres son miembros de la OTAN.

La Guerra Fría acabó en ciertos niveles, pero no en cuanto a la amenaza de estas características. Kathryn Bigelow (San Carlos, California, 1951) pertenece a una generación de estadounidenses que, durante aquellos años de incertidumbre y enfrentamientos constantes, cumplía en sus escuelas con un llamado ‘protocolo de seguridad’.

"En pleno apogeo de la Guerra Fría teníamos que escondernos debajo de las mesas en el colegio; eran tiempos aterradores", describe el ritual de supervivencia ante un posible ataque. "Era ridículo porque, obviamente, el meterte debajo de un pupitre no te iba a salvar, pero en la escuela era un ejercicio rutinario".

"Ahora, cuando miro hacia atrás, pienso en lo absurdo que fue y sigue siendo el hecho de continuar aún rodeados de dinamita, por decirlo de una manera... Es absolutamente espantoso", afirma la cineasta, que se ha referido a "un sistema construido para acabar con el mundo en un abrir y cerrar de ojos".

Comprender lo impensable

Volvamos a la ficción que plantea Una casa llena de dinamita, en la que actúan Idris Elba, Rebecca Ferguson, Anthony Ramos, Greta Lee, entre otros, y que después de su paso por salas comerciales, se podrá ver en Netflix.

Desde el lanzamiento del misil (detectado de inmediato) hasta el impacto se cuentan 18 minutos, tiempo en el que se tiene que tomar una serie de decisiones: desde la posibilidad de interceptarlo (con una casi nula cuota de éxito), pasando por la evacuación (selectiva, por demás…) hasta un opcional contraataque (que atiende a los llamados códigos nucleares), una decisión que corre por cuenta del presidente de turno.

Kathryn Bigelow escenifica ese lapso desde los puntos de vista de diferentes personajes, lo cual da una completa idea de un escenario bastante verosímil.

"Uno de los aspectos más importantes de la película ha sido humanizar todo el proceso (de la toma de decisiones en una situación extrema) a través de sus personajes", describe la multipremiada cineasta, "poniendo énfasis en que no se trata sólo de un protocolo, de un procedimiento, sino que hay seres humanos enfrente de esa situación que para mí parece casi impensable".

La intención de Bigelow es crear puentes de empatía e identificación entre la audiencia y los personajes. "Es importante que el público se ponga en el lugar del otro, y que digan ‘así hubiera actuado yo’; ese proceso humaniza una experiencia que es absolutamente imposible de comprender", apunta.

Kathryn Bigelow en la Mostra de Venecia.

Kathryn Bigelow en la Mostra de Venecia. Jacopo Salvi ASAC

En nuestro mundo real, vemos cómo cada día fracasa una y otra vez la diplomacia. Los ejemplos abundan: la frustrada mediación en la guerra entre Rusia y Ucrania, el aún más férreo blindaje de Corea del Norte, la expansión del arsenal nuclear en China, o la puesta en práctica de la nueva doctrina nuclear de Donald Trump.

"Somos extremadamente frágiles, falibles, y estamos rodeados de estas armas que potencialmente son infalibles", pone en claro la reputada directora y productora, "es un pensamiento aterrador saber qué hay ahí fuera, saber cuáles son las posibilidades y conocer cómo se puede tomar ese tipo de decisiones", sostiene.

Kathryn Bigelow, que una y otra vez reitera la importancia de la diplomacia, no pierde su temple cuando ahonda en el continuado naufragio en las relaciones internacionales.

"Es que ni siquiera estamos en una situación diplomática, es así de sencillo", inicia su diagnóstico, "no hay diálogos, no nos hablamos, estamos en un mundo aislado y bifurcado: nosotros contra ellos, demócratas contra republicanos, lo que sea contra lo que sea…", explica.

"Entonces, ¿cómo podemos superarlo?, ¿cómo podemos vivir en un mundo más seguro? Todo el mundo tiene que remar hacia esa meta, ¡todo el mundo!, y la misma situación la tenemos con el cambio climático. Si nos quedamos en nuestras pequeñas burbujas, en nuestros entornos aislados, nunca saldremos de esto", zanja.