Pilar Ordóñez

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La directora Pilar Ordóñez: “Se toma el sexo demasiado en serio. La risa es el mejor lubricante"

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Desde su estreno en el 46º Moscow International Film Festival, Piezas, la ópera prima como directora de la actriz y escritora Pilar Ordóñez (Madrid, 1963) ha sido seleccionada en más de 20 festivales de países como –además de Rusia–, Grecia, Italia, Moldavia, Malasia o Pakistán. Ya ha recibido 12 premios. "Solo en la India, nos han dado cinco", comenta Ordóñez.

Piezas es una película de verdad independiente. Como no tenía dinero, lo he hecho todo yo, soy la 'produchacha', cuenta, y subraya que "las mujeres de más de 50 años tenemos mucho que decir y los temas que nos interesan son universales. Hay mujeres que quieren abortar o que han sufrido algún tipo de violencia sexual en todas partes", reflexiona.

La película, supone un ejercicio actoral tejido en nueve historias, sobre temas como la violencia de género, la anorexia o el acoso en el trabajo. Por su compromiso con la igualdad ha recibido el apoyo del Ministerio de Igualdad.

De hecho, su secretaria de Estado, Aina Calvo, estuvo presente en el preestreno en Madrid. "Mi objetivo es hacer crítica social, lo que de verdad me interesa". De lo que más orgullosa se siente es de la dirección de actores, con los que trabajó tres meses de ensayos, todo online. "Estoy acostumbrada a hacerlo así por las clases de coach actoral que doy a profesionales, para prepararles una serie de Netflix o un largometraje", explica.

Cómica desde la cuna

En el Siglo de Oro español se acuñó el término cómico de la legua, comediantes nómadas que se dedicaban a hacer representaciones teatrales en pequeñas poblaciones. Con sus carromatos, se convirtieron en personajes habituales en nuestro país, como muestra la novela de Fernando Fernán Gómez, El viaje a ninguna parte, y la película homónima que dirigió. "Mi abuela era cómica de la legua. Mi abuelo también, pero a él no llegué a conocerlo", comienza Pilar Ordóñez a explicar de dónde le viene la vocación: de la cuna.

Con un padre dramaturgo que siguió la tradición familiar, Pilar y sus nueve hermanos fueron naciendo "esparcidos por España", cuenta. Todos estudiaron música, solfeo, algún instrumento, danza y teatro. "Desde pequeños, mi padre nos iba incluyendo en las funciones de teatro de su compañía, como mano de obra barata, o quizá debería de decir como esclavos, porque no nos pagaba, ¿sabes?", recuerda la directora.

Su hermano mayor, Pablo Ordóñez, llegó a ser Manolito, un personaje infantil de la mítica Crónicas de un pueblo, la primera serie de Antonio Mercero. "Imagínate, cuando la tele era en blanco y negro. Se hizo famoso y hasta el príncipe Felipe y la reina Sofía fueron a verle al teatro", destaca la intérprete.

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Aquel contacto con la fama le hizo sentir "angustia", pero también comprender el fenómeno fan, del que trató de alejarse, ya que, como ha constatado de adulta, es una Persona Altamente Sensible (PAS), "las situaciones distorsionadas me generan mucha ansiedad".

Pese a todo, tenía plantada la semilla del espectáculo. Eso sí, a su manera, "intentando alejarme de la parte mediática, la falsedad y el ego, que no me gustan". Poco a poco, Ordóñez se labró una carrera, y trabajó para directores como Carlos Saura, Luis García Berlanga, Fernando Trueba o Moncho Armendáriz.

También, de la mano de la cantante Cristina del Valle, se unió a la Plataforma de Mujeres Artistas. "Ahí descubrí el feminismo y comprendí que las mujeres podemos hacer lo que nos dé la gana. De hecho, llegamos a fletar un avión al Sáhara para denunciar la situación del pueblo saharaui", recuerda. "Gracias a la Plataforma empecé a empoderarme. El feminismo me hizo entender que no tenía que esperar a que nadie me llamara para contratarme, tú puedes autocontratarte. Me hizo dejar de tener miedo, confiar en mí y ser más libre".

"El feminismo me hizo decir bueno, no tienes por qué esperar a que nadie te llame para contratarte, tú puedes autocontratarte. Me hizo dejar de tener miedo, confiar en mí y ser más libre"

Aparte, Ordóñez descubrió algo que siempre había estado ahí. "Desde el principio he dirigido. De pequeña ya organizaba funciones infantiles el día de Reyes con mis hermanos y era la jefa", cuenta.

Así que cuando el trabajo comenzó a escasear, decidió generarlo ella y montó Pilates: 4 Mujeres, 4 Causas. Se reservó uno de los monólogos del espectáculo, el dedicado a la sexualidad. Notó que era el que más tiraba y decidió convertirlo en un libro, MISs tupper SEX. Sexo manual para mujeres abiertas (Penguin Random House).

Con lo que ganó, se marchó a Nueva York a estudiar con Susan Batson, coach de actrices como Nicole Kidman y Juliette Binoche. "Me enseñó que en el cine se trata de hacer una gran mentira desde la verdad más absoluta. Si no, no conmueves a nadie", señala.

Al regresar, Ordóñez montó un laboratorio de creación con los actores y actrices de su agencia de representación, Doble M. Además de una webserie llamada Clara, el proyecto se convirtió en el germen de Piezas. También transformó MISs tupper SEX en un monólogo cómico. Hace ya nueve años que no para de representarlo. Hasta el 25 de enero está los sábados a las 22:45 p.m. en el Teatraneu de Barcelona. "En este país estamos muy necesitados de hablar de sexo, básicamente porque no sabemos nada de nada", dice.

Una investigación sexual

Para Pilar Ordóñez, el germen de su obra teatral sobre el sexo nace, primero, de su experiencia y sus dudas. "Me he casado dos veces. La primera, con 20 años. No sabíamos nada", recuerda. Por eso cree que "nunca viví el sexo como algo guay. Me dolía, no disfrutaba. Como soy heterocuriosa, empecé a investigar, a leer, a preguntar…", apunta.

Además, para su libro, habló con ginecólogas, urólogos, terapeutas sexuales, psicólogas, mujeres y hombres de todas las orientaciones sexuales… "Yo pensaba que todo el mundo sabía de sexo, excepto yo. Pero comprobé que, aparte de los profesionales, nadie entendía demasiado", afirma.

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Aquello también le sirvió para reconciliarse con su educación. "Siempre le eché la culpa a mi madre por no enseñarme de sexo, ni de la menstruación, ni de nada. Pero cuando vino a verme al estreno en el teatro Alfil, luego entró al camerino, me dijo 'ay, hija, cuánto he aprendido contigo'. Comprendí, claro, como me iba a enseñar si ella tampoco sabía aun teniendo 10 hijos. No podemos juzgar a la generación de nuestras madres porque no tenían ni idea de sexo".

Un monólogo para cambiar

Algo fascinante del monólogo de Pilar Ordoñez, Miss Tupper Sex –que ha reescrito y actualizado tantas veces que "ya lo considero una segunda parte"–, es que con él mucha gente sale transformada. Algunos vuelven para darle las gracias. "Hay quien me ha dicho que ha mejorado su vida sexual. No me extraña, nos queda tanto por conocer", apostilla la dramaturga.

Por ejemplo, aprender dónde está el punto G, "un básico", o que el lubricante ha llegado para hacer nuestra sexualidad más placentera. "Tendríamos que grabárnoslo a fuego, es como mantener una cerradura bien engrasada", comenta.

Y destaca que "la risa es el mejor lubricante. Nos tomamos el sexo demasiado en serio y luego pasa lo que pasa, la gente se bloquea. Por eso me gusta recordar que riéndote lo puedes practicar y no pasa nada, es una vacuna contra los gatillazos, por ejemplo".

Otra cosa que ha cambiado con su aprendizaje sexual no le ha resultado tan positiva, confiesa la intérprete: "Según me empoderaba, la relación de los hombres conmigo se transformó. Me ha llegado a hacer ghosting un Tinder porque se le bajaba y decía que solo le pasaba conmigo".

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Como aquello ocurrió más veces –hombres que no tenían erección con ella–, decidió preguntarle a la sexóloga Ana Sierra qué estaba ocurriendo. La respuesta de la terapeuta la dejó helada: le dijo que no debía de tomar la iniciativa. "Me explicó que los tíos están muy descolocados y cuando ven una tía tan echada para adelante, solo de pensarlo ya se les baja. Si quieres que se sientan bien, dijo, tienes que dejar que sean ellos los que te seduzcan. La conclusión es que ser mujer en estos tiempos, libre y empoderada sexualmente, apabulla a los hombres", comenta la directora.

Aunque reconoce que le dio "una bajona, tantos años trabajando en el empoderamiento para esto", también le sirvió para analizar la situación actual en el sexo y mejorar su monólogo, que a estas alturas es la mejor guía de sexualidad a la que se puede acceder.

"Me ha quedado claro, las mujeres tenemos unos problemas y los hombres, otros. Ello tienen esta cosa de la falocracia, todo gira alrededor de su falo. Si no se sube cuando quieren, están perdidos". Para solucionarlo, considera que la única manera es "educarnos y hablar de ello. Y, como dije antes, dejar de sacralizar tanto el sexo y reírnos más".

Eso sí, reconoce que ella ha decidido bajarse del carro. "Los hombres de mi edad parecen mis abuelos, los muy jóvenes no me interesan. Así que, de momento, paso de follar", concluye.