Estebanía, extraordinaria moza de la madrileña villa de Valdaracete, tuvo que cambiarse el nombre al abandonar su pueblo, hacerlo masculino: las "cosas heroicas" que engrosaban su biografía, fundamentalmente duelos con la espada de los que salía victoriosa, no podían ser obra de una mujer. Sí de su otro yo, Esteban. Dos letras que se extirpó obligada por la estructura social de su época, pero que también la empujaron a una vida más privilegiada. Y solo por aceptar que era un varón, por darle la vuelta al sexo que se le había asignado en el acta bautismal, aunque su aspecto físico no coincidiese con lo que quedó plasmado sobre un papel.

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Es la suya una historia sorprendente y desconocida, que guarda evidentes paralelismos con la de Catalina de Erauso, la monja alférez, aunque de tintes menos peliculeros y vertiginosos. Estebanía es otro de esos ejemplos de mujeres masculinizadas del siglo XVI, una época en la que "poseer un sexo era como pertenecer a un estado o estamento; los atributos biológicos formaban parte del rango o la 'calidad', sin un privilegio ontológico respecto al atuendo o las ocupaciones".

Así lo describen los historiadores Francisco Vázquez García, catedrático de la Universidad de Cádiz, y Richard Cleminson, profesor de Estudios Hispánicos en la Universidad de Leeds, en la obra Sexo, identidad y hermafroditas en el mundo ibérico, 1500-1800 (Cátedra), donde reconstruyen, con los pocos datos disponibles, el caso de esta mujer hermafrodita que apenas había suscitado el interés de un par de investigaciones. 

Nacida en 1496 en la villa de Valdaracete, al sureste de Madrid, se sabe que Estebanía, con apenas veinte años, destacaba por su poderío físico: "Era tan suelta e tan ligera e de tan buenas fuerzas que corría y saltaba e tiraba la barra e jugaba a la pelota con tanta presteza e envoltura que en su tiempo ningún mancebo la igualaba". Se curtió con pasatiempos y actividades típicamente destinadas a los jóvenes varones, pero su aspecto, con "sueltos sus cabellos largos e rubios en gran manera", deslizaba otra apariencia.

Estos testimonios proceden de las Relaciones Topográficas de Felipe II, principal fuente de la biografía de Estebanía, un cuestionario realizado en cada pueblo de España desde 1575 con la cual el rey pretendía recopilar una información lo más exhaustiva posible sobre los recursos del reino. El interrogatorio era suministrado a las autoridades locales para que lo completaran e incluía una larga lista de cuestiones: características geográficas y administrativas del pueblo, calidad de las tierras, cabezas de ganado, número de fortalezas o castillos, órdenes religiosas establecidas, reliquias, etcétera.

En el apartado número 44 de esta relación se solicitaba información acerca de "todas las cosas notables y dignas de saberse, que fuesen a propósito para la historia y descripción de cada pueblo". Cuando los dirigentes de Valdaracete remitieron en 1580 a Felipe II las respuestas del cuestionario, se incluía como "cosa notable" el nacimiento, casi un siglo antes, de Estebanía. Pero no se referían a ella como una anormalidad o por connotaciones negativas, sino que aquello fue una "maravilla".

Escuela de esgrima

Entonces, ¿qué derroteros siguió la vida de esta mujer para ser recordada de forma tan positiva por sus vecinos? Tras abandonar su pueblo y vagar por localidades diversas, "donde se hizo conocida por sus meritoria acciones —probablemente hechos de armas, pues se califican de 'cosas tan heroicas'—", explican los historiadores, terminó en Granada. Los cantos sobre estas gestas llegaron a oídos de las autoridades de la Chancillería de la ciudad, destacado órgano judicial castellano, y la citaron porque era imposible que la protagonista fuera una mujer.

Esa desconfianza hizo que Estebanía fuese examinada "por matronas y parteras para ver su participación del sexo viril, y fue hallada ser hermafrodita". La inspección no fue conducida por ningún médico docto en la inspección del sexo femenino, pero las leyes dictaban que en estos casos de indeterminación, la procesada tenía que escoger entre declararse hombre, lo que le permitiría mejorar de estado y acceder a ese probable sueño suyo de ser "mujer soldado", o hembra. La elección parece obvia, más todavía teniendo en cuenta su fuerza física y valentía.

Ya como Esteban, como varón, contrajo matrimonio con otra mujer y se hizo maestra de esgrima en Granada, donde logró abrir una escuela. Una anécdota con la que "pudo ganar honra" durante la visita a la ciudad de Carlos V. El emperador le hizo llamar para medirse en combate con alguno de sus oficiales más "diestros y valientes". Y a todos los derrotó: "De los cuales batalló de todas las armas e los hirió e señaló él primeramente con la espada".

Esteban —o Estebanía—, falleció relativamente joven, una década después de casarse. Curiosamente, su madre y su esposa lloraron su pérdida invocando asignaciones sexuales opuestas: "La una lloraba diciendo ay hija mía e la otra hay marido mío". Las dos vidas de una mujer brava y fascinante.