Hugo Ferroux, director creativo de Trudon.

Hugo Ferroux, director creativo de Trudon. Cedida por Isolée

Lujos ENTREVISTA

Hugo Ferroux, director creativo de la firma de velas que sedujeron a Luis XIV: "Aquí el tiempo sigue otro ritmo"

400 años después de que Claude Trudon abriese su pequeña tienda en el corazón de París, la luz de su llama eterna sigue encendida.

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María Muñoz Rivera
Publicada

En el corazón de la historia del lujo europeo hay nombres que trascienden su condición de firma para convertirse en símbolo cultural. Trudon es uno de ellos. Nacida en 1643 en la Rue Saint-Honoré de París, sus velas artesanales han iluminado durante siglos algunos de los escenarios más decisivos de la historia francesa, desde la corte de Luis XIV –de la que eran proveedores de velas oficiales–, hasta las grandes iglesias del país.

No fue el único capítulo histórico de la maison: Napoleón encargó una vela con incrustaciones de monedas por el nacimiento de su hijo Napoleón II, e Yves Saint Laurentescogió las velas de la casa francesa para dar su último adiós, al iluminar la Église Saint-Roch en su funeral en 2008, consolidando la trascendencia de la marca más allá del paso del tiempo.

400 años después de que Claude Trudon abriese su pequeña tienda en el corazón de París, la luz de su llama eterna sigue encendida, convertida en un objeto de deseo que combina memoria, oficio y emoción olfativa.

Hugo Ferroux, junto a una de sus velas.

Hugo Ferroux, junto a una de sus velas. Cedida por Isolée

Con un savoir faire aprendido en firmas como Mugler y Saint Laurent, Trudon vive una nueva etapa de la mano de la dirección creativa de Hugo Ferroux, quien, según conversa con Magas, entiende la firma como si fuera “hôtel particulier” en permanente transformación: las paredes permanecen, pero el interior se renueva para seguir dialogando con el zeitgeist de esta época, en la que Trudon sigue estando en los pequeños y grandes escenarios del lujo.

“Cuando faltaba a clase para visitar showrooms de moda, casi siempre había una vela de Trudon en algún lugar, sobre una repisa, ardiendo en silencio. La atmósfera ya era intimidante; la presencia de la vela, con su perfume profundo y envolvente, la hacía parecer aún más lujosa. Me dejó una impresión duradera”, declara Ferroux.

La tienda de Trudon en París.

La tienda de Trudon en París. Cedida por Isolée

Mechas de algodón centrifugadas y teñidas a mano en Vinci emergen de estos delicados vasos en forma de cubeta de champán, con un logo de estética heráldica que rinde homenaje a las abejas que han contribuido a la calidad de las velas durante siglos, en concreto, la especie negra de l’Orne.

Así lo reza el lema que puede leerse en todas sus etiquetas: Deo Regique Laborant, o “(Las abejas) trabajan para Dios y el Rey”. En tiempos de algoritmo y producciones en masa, este acto de artesanía se convierte, casi, en un desafío.

La casa francesa escribe su historia como un puente entre siglos. En esa tensión entre memoria y presente se sitúa la nueva etapa creativa de la firma, que Hugo Ferroux desgrana en esta conversación.

Trudon tiene una historia centenaria. ¿Resulta intimidante liderar una marca con cuatro siglos de historia? ¿Qué retos afronta actualmente?

Para ser sincero, en absoluto. Me encanta la historia, los relatos, la belleza y el lujo. Y estoy rodeado de un equipo que ama profundamente la casa y la cuida con devoción. Creo que el único desafío real es mi propia impaciencia; vengo de la moda, donde todo gira en torno a la inmediatez y al deseo renovado. En Trudon, el tiempo sigue otro ritmo. No se crea un perfume ni se diseña un recipiente tan rápido como se traza un patrón y se cose una prenda. Aquí, la creación exige paciencia, y esa es también su fortaleza.

Algunos le describen como un “creador de universos”. ¿Cómo integra un legado de cuatrocientos años en una narrativa que resuene con la actualidad?

Trudon se fundó en 1643, pero no se quedó en el siglo XVII. La firma está viva, evoluciona y habla a públicos diversos. A menudo comparo Trudon con un hôtel particulier parisino. Las paredes permanecen y todo se restaura a la perfección. Pero el mobiliario cambia. Nadie desea vivir congelado en el tiempo. Al mezclar épocas y estilos, se crea tensión, y la tensión genera intriga. Esta superposición de historia permite que surja una nueva narrativa.

Ha recorrido universos creativos muy diferentes —desde Mugler hasta Saint Laurent— antes de llegar a Trudon. ¿Qué aspectos del legado de la Maison resuenan más con su visión artística?

Viniendo del mundo de la moda, las nociones de herencia, patrimonio y preservación están profundamente arraigadas en mí. Siempre he tratado de comprender qué heredamos del pasado y trasladarlo a algo que resulte adecuado y relevante para el presente, impregnado de la propia sensibilidad y visión. De niño, me fascinaba el siglo XVIII y Louis XIV: la grandeza ceremonial, la opulencia, el dominio absoluto sobre la estética de su tiempo… Esa orquestación entre belleza y poder me conmovía profundamente.

Detalle de la 'boutique' de Trudon.

Detalle de la 'boutique' de Trudon. Cedida por Isolée

¿Ya desde niño?

Sí, y después, de adolescente, coleccionaba perfumes. Por supuesto, por sus aromas, pero aún más por su diseño. Me cautivaba cómo cada casa expresaba su identidad a través de un color, una forma o un frasco. En el fondo, todo giraba en torno a la belleza. La artesanía llegó más tarde, cuando uno empieza a preocuparse por los objetos que nos rodean y nos definen, buscas algo tocado por manos humanas, marcado por la pátina, un objeto que tenga alma.

Si es que lo recuerda, ¿sabría decirme cuál es su primer recuerdo de la marca?

Está íntimamente ligado a la moda y al lujo. Cuando llegué por primera vez a París, faltaba a clase para visitar showrooms de moda. Casi siempre había una vela de Trudon en algún lugar, sobre una repisa, ardiendo en silencio. La atmósfera ya era intimidante; la presencia de la vela, con su perfume profundo y envolvente, la hacía parecer aún más lujosa. Me dejó una impresión duradera.

Usted ha hablado en muchas ocasiones de la importancia de la narrativa en cada colección. ¿Cómo se traduce este enfoque en objetos como una vela o una fragancia? Al final, son más abstractos que una firma de moda

Trudon es profundamente narrativo. Nos apoyamos en cuatro siglos de savoir-faire e historia; es extraordinario. Cuando enciendes una vela, me gusta pensar que no se trata solo del aroma; es un viaje por el legado de la Maison y una forma de expresarse. Cualquier historia convincente que descubro en los archivos o dentro de una época concreta se convierte para mí en un punto de partida. Intercambiamos constantemente con los perfumistas, compartiendo imágenes y referencias históricas. Luego, ellos traducen esta narrativa en aroma.

Su llegada a Trudon coincidió con la expansión internacional, incluida la apertura de una boutique en Rockefeller Center. ¿Cómo influyen estas experiencias espaciales en tu concepción artística de la marca?

Supe del proyecto de Rockefeller durante mi primera semana. Concebir el espacio de la A a la Z fue tanto un privilegio como una poderosa declaración. Antes de unirme a Trudon, pasé un mes reflexionando sobre la dirección que deseaba seguir. Naturalmente, la arquitectura de la tienda y los próximos lanzamientos se concibieron en paralelo. Para Rockefeller, quise evocar el esplendor Art Déco, la Galerie des Glaces de Versalles e incluso el espíritu del estudio de Halston a solo una manzana de distancia. Ahora estamos trabajando en una nueva identidad arquitectónica. Cada boutique debe expresar el ADN de la marca, a la vez que lo desafía y lo enriquece.

¿Y cómo equilibra la tradición artesanal con una visión contemporánea?

A menudo digo que Trudon es La Francia. Como la Manufacture de Sèvres o los Gobelins, encarna la grandeza de la artesanía francesa. Somos afortunados de poseer nuestra fábrica en el Perche y de transmitir este savoir-faire de generación en generación. Hoy, la autenticidad es el lujo supremo: claridad, integridad, deseo. Mi papel no es romper ni borrar, sino proteger y magnificar lo que existe, elevándolo hacia el futuro.

La próxima colección, Figuerie, evoca sensaciones como la humedad de los higos en primavera. ¿Cómo trabaja con los perfumistas para crear estas experiencias sensoriales?

La narrativa cultural está en el corazón mismo del proceso. Figuerie comenzó con una investigación y el descubrimiento del huerto de higueras del Potager du Roi, creado por Jean-Baptiste de La Quintinie para complacer a Luis XIV durante todo el año, ya que los higos eran su fruta favorita. A partir de ahí, se convirtió en una sensación que transmitir.

¿Cómo lo imaginó?

Imaginé la primera mañana de primavera: la luz golpeando la piedra fría de la casa de las higueras al abrir la puerta, donde los árboles se han preservado del invierno. El contraste entre la frescura crujiente de las hojas y las notas húmedas y terrosas del espacio cerrado, iluminado por los primeros rayos del día… Me atrajo esa tensión. Fue mi primera creación de vela, y estoy profundamente agradecido a Émilie Bouge por captar esta visión de forma tan hermosa.

Retrato del director creativo de Trudon.

Retrato del director creativo de Trudon. Cedida por Isolée

¿Qué diría que aporta su formación en el ámbito de la moda a las fragancias y aromas para el hogar?

El proceso creativo es notablemente similar. Gira en torno al storytelling, el significado, el idealismo, la belleza y el deseo. Sobre todo, en ambos mundos, el elemento humano sigue siendo esencial. La creación cobra vida solo porque un equipo cree en ella y la lleva a la realidad.

¿Cómo cree que están evolucionando los valores del lujo y qué papel desempeña Trudon?

Los consumidores siempre responderán a la autenticidad, la energía, la belleza y la ética, valores que priorizamos en Trudon. Estamos orgullosos de nuestro pasado y tejemos toques de herencia en todo lo que creamos. Se trata de permanecer fieles, coherentes e intransigentes en la calidad. Al final, uno siempre vuelve a los clásicos, a lo esencial.

¿Y cómo se comunican productos sensoriales en una era que es cada vez más digital? Existen nuevas generaciones que siguen de cerca el mundo de la alta perfumería, pero lo hacen a través de una pantalla

No lo veo como un reto. Al contrario, a medida que el mundo se vuelve cada vez más digital, el verdadero lujo residirá en las experiencias tangibles y reales. La industria de la fragancia nunca ha sido tan fuerte como ahora. Observamos a muchos jóvenes acercarse al aroma como medio de autoexpresión, una forma de ser audaces, distintivos y memorables en la vida real.

¿Existe alguna anécdota histórica que le inspire especialmente?

La inspiración es constante. Siempre estoy investigando; se ha convertido en una pasión. Disfruto visitando el Hôtel de Trudon en la Rue de l’Arbre Sec de París. Ya no queda nada de la familia, y aun así lo siente como una peregrinación. Curiosamente, antes había una pequeña tienda de revistas en el patio donde, durante mi etapa en YSL, buscaba semanalmente números antiguos de Vogue e imágenes de archivo. Lo siento como un hilo silencioso que conecta pasado y presente.

¿Qué diría que pueden esperar los seguidores de la próxima fase creativa?

Este es un momento emocionante para Trudon. El reciente lanzamiento de Nuit Rouge fue un gran éxito y marca solo el comienzo. Mi enfoque inicial fue clarificar la oferta, refinar la imagen y elevar la percepción de la Casa a través de la arquitectura y la identidad visual. Con esa base ya establecida, estamos listos para explorar nuevos territorios y colaboraciones significativas. Creo que Trudon es el mejor fabricante de velas del mundo. Mi ambición es asociarme con artesanos y marcas excepcionales, aquellos que comparten nuestro oficio, nuestra resonancia y nuestros valores. Se trata de aportar una energía renovada a la Maison, quizá incluso un toque de sensualidad.