La chef Begoña Rodrigo en su restaurante, La Salita.

La chef Begoña Rodrigo en su restaurante, La Salita. Dennis Branko

Lujos

Cenas secretas en palacios, yates o islas privadas: así es la nueva alta gastronomía que reinventa el placer en 2026

La nueva cocina de lujo entiende que lo verdaderamente exclusivo no es el precio, sino la experiencia irrepetible y un producto excepcional.

Más información: El listado definitivo de 'Los Top 100 Lujos' de Magas: las experiencias gastronómicas más selectas

Jesús Reyes
Publicada

Una mesa imperial en una biblioteca del siglo XIX en una mansión de lujo. Diez comensales. Un menú creado solo para esa noche y para esas personas. El chef no sale a saludar, únicamente cocina para ti. No hay carta, ni mesas vecinas, ni ruido ajeno.

El verdadero lujo gastronómico se vive en privado. En 2026, la alta cocina atraviesa una transformación que muy pocos conocen. El restaurante sigue siendo el templo, sí, pero cada vez más, chefs con estrellas Michelin trasladan su universo creativo a escenarios inesperados: villas privadas, mansiones históricas, palacios, yates o residencias imposibles de replicar.

Experiencias irrepetibles donde el producto, el hospitality y la emoción importan más que nunca.

Ramón Freixa, dos estrellas Michelin

Ramón Freixa, en su restaurante Tradición.

Ramón Freixa, en su restaurante Tradición. @dorian.ph

Ramón Freixa resume esta nueva forma de entender el lujo de la alta gastronomía con naturalidad desde su espacio de Velázquez 24, en pleno barrio de Salamanca, uno de los epicentros del hedonismo madrileño.

Allí conviven sus dos restaurantes perfectamente diferenciados: Ramón Freixa Tradición, donde la cocina clásica se ejecuta con mínima intervención, y Ramón Freixa Atelier, su laboratorio de vanguardia creativa con dos estrellas Michelin.

“Las novedades siempre las marca el producto”, declara a Magas el afamado chef. Los adjetivos con los que identifica su trabajo son “temporalidad, estación y excelencia como punto de partida”.

En Tradición, el objetivo es claro: “Crear un lugar que abrace al comensal. Un restaurante de cocina tradicional no tiene por qué ser frío ni feo. Puede ser elegante, hedonista, contemporáneo. Y aquí queríamos que el cliente se sintiera cómodo, como en casa”, matiza.

Ese concepto conecta de lleno con el nuevo lujo silencioso: un lujo que no necesita explicaciones, que se basa en la constancia, el detalle y la personalidad propia. Trabajo que traslada, detalle a detalle, cuando le toca trabajar fuera de sus fogones habituales.

Ramón Freixa en una de sus bodegas.

Ramón Freixa en una de sus bodegas. @dorian.ph

Así, cuando se le pregunta por el encargo más exclusivo y especial, Freixa expresa: “Me han llegado unos cuantos… desde cerrar el restaurante para dos personas, a pedirme menús únicos para bodas, comidas en yates, cenas en villas de lujo, islas privadas, en la Casa Real, en el Teatro Real de Madrid… Eventos de ensueño en zonas exóticas como en Cartagena de Indias y tener que viajar hasta Colombia… Lo que busco en cada ocasión es poder escuchar que han tenido la comida o cena de su vida”.

Un hecho que parece obvio en entornos tan distinguidos y de la mano de uno de los grandes de la cocina española, pero que se torna complejo a nivel logístico para un equipo que lucha por el sobresaliente.

Trasladar fogones, a todo un equipo, la vajilla, cubertería y plata… Crear el espacio desde cero y transformarlo en lujo es pensar en adaptarse a todo el contexto, a ese momento, a ese cliente y a ese lugar. No es sencillo, pero el resultado bien hecho es excelente y el cliente lo exprime al máximo”, apunta.

Cada detalle cuenta, pero también tiene el coste especial. “Este tipo de experiencias pueden costar desde ‘x’ hasta infinito, todo depende de la estructura que quieras montar e, importante, lo que quieras beber… porque en el vino, los precios no tienen fin”, responde Freixa cuando es consultado por cifras.

Begoña Rodrigo, chef con estrella Michelin

Otoño II, de Begoña Rodrigo.

Otoño II, de Begoña Rodrigo. Mikel Ponce

“Comer bien ya no basta”, coincide Begoña Rodrigo, desde La Salita, con una estrella Michelin y tres Soles Repsol, en Valencia. Su restaurante —uno de los más influyentes hoy por hoy en nuestro país— afronta 2026 con una apuesta aún más gastronómica: nuevos espacios, un primer pase en la mesa del chef, terraza, coctelería y una estructura de menús inédita.

Por primera vez, La Salita ofrecerá este año tres menús distintos según la proteína —pescado, carne y vegetales— y un cuarto menú Hedonia, pensado para quienes buscan el placer sin concesiones. “El lujo silencioso es la constancia”, afirma la chef. “Que te conozcan, que sepan lo que quieres, que siempre encuentres lo que esperas”.

Define su cocina con dos palabras precisas: lujo contenido. Una cocina reflexiva, reconocible y profundamente ligada a su territorio, el Mediterráneo, donde el producto excepcional no se mide en precio, sino en origen, cuidado y respeto. “Tiene que haber un productor detrás que mime toda la experiencia, y yo, como chef, quiero conocer la historia de cada producto que llega a mi local”, asevera.

Cenas privadas de lujo

La demanda de estas experiencias privadas es real y creciente. “Estas experiencias de megalujo no son frías ni distantes; al revés, están personalizadas milimétricamente”, afirma Freixa, quien admite que el precio por estas especiales demandas “puede ser infinito”. Y añade: “no solo por la comida, sino por todo lo que rodea a la experiencia: “estructura, vinos, producción y atmósfera.”

Pero, curiosamente, Begoña Rodrigo se posiciona en el extremo opuesto. “La cocina de La Salita viaja mal”, admite. “No es solo lo que hay en el plato: es el espacio, la gente, el ambiente”. Un contrapunto que demuestra que el nuevo lujo gastronómico no es uniforme, sino coherente con la identidad de cada chef y, que en el caso de Rodrigo, prefiere recibir a sus clientes en “casa”.

Mario Sandoval, el chef de la alta sociedad

Mario Sandoval, en su bodega, en el restaurante Coque.

Mario Sandoval, en su bodega, en el restaurante Coque. @dorian.ph

En Madrid, Mario Sandoval representa otra dimensión del lujo gastronómico: la del legado. Coque, su restaurante insignia con dos estrellas Michelin, celebra en 2026 su 50º aniversario, desde que el abuelo Sandoval abrió la taberna original en 1956.

Para conmemorarlo, el reconocido chef prepara una serie de cenas trimestrales irrepetibles, con algunos de los grandes nombres de la gastronomía mundial: Virgilio Martínez, Gastón Acurio, José Andrés, Joan Roca, Albert Adrià o Ángel León, entre otros. Cada encuentro dará lugar a menús únicos, documentados y concebidos como piezas de memoria gastronómica, con proyección editorial prevista para finales de 2026 o principios de 2027.

Sandoval defiende una filosofía clara para este nuevo ciclo: conciencia, coherencia y naturalidad. “Una vuelta a la pureza, a la historia y a la autenticidad, donde el producto excepcional no es solo el ingrediente, sino el hospitality, la atención y el detalle”, matiza el empresario mientras bebe agua en una fina copa de cristal de Bohemia, sentado en un mirador, espacio reservado para clientes especiales, en su restaurante, Coque.

Pocos chefs dominan el universo de los eventos privados como Mario Sandoval. Desde cenas íntimas para cuatro personas hasta producciones para miles de invitados en IFEMA, pasando por servicios regulares en el Palacio Real para los reyes Felipe VI y Letizia, o eventos para jefes de Estado como Emmanuel Macron.

Cenas privadas en residencias de Puerta de Hierro, montajes completos en bibliotecas del siglo XIX con música en vivo y una gran producción integral de película. El lujo, aquí, es precisión, experiencia y saber hacer.

“Hemos estado en casas de la zona de Puerta del Hierro de lujo de verdad como en la de Isabel Preysler, en la de Fernando Fernández Tapias, en casa de las Koplowitz… Clientes muy especiales que buscan una carta de vinos muy exclusiva… Eventos privados desde cuatro personas, pasando por un evento para los mejores cien clientes de Tiffany & Co. llegados de todo el mundo, en la plaza de Las Ventas de Madrid, hasta eventos de 4.000 personas en IFEMA. Y esto se hace estando preparado para ello. Nuestro catering, además, está basado en un lujo sostenible”, apunta.

Sala Coque con vajilla de Limoges.

Sala Coque con vajilla de Limoges. Cedida

Su alta cocina también llega a la realeza y a la política: “Hemos trabajado para el rey Felipe en el Palacio Real de Madrid. Tanto el rey don Felipe como doña Letizia son muy especiales y a nosotros nos quieren mucho. Ya don Juan Carlos nos quería mucho, venía con frecuencia a Coque cuando residía en España”, narra un orgulloso Mario.

Y al ser preguntado por la esposa de Felipe VI, responde con estima: “Letizia es muy especial como clienta y tenemos una relación muy especial, a ella le gusta mucho nuestro pescado”. Y amplía: “También el presidente de Francia, Emmanuel Macron, es un cliente muy especial”.

En cuanto a cifras, Mario habla de presupuestos a través de varios menús: “Solo el menú -fuera de Coque, a través del catering de la casa-, el más accesible cuesta 180 euros por comensal, pero sin contar la decoración, la música, extras ni las bebidas: los vinos van a la carta aparte y dependen de la elección y gustos de cada cliente. Y de ahí hasta lo que el cliente quiera invertir cada uno”.

Equipos, mujeres y liderazgo

En las cocinas de la alta gastronomía actual, el liderazgo también se redefine. Ramón Freixa lo resume con claridad: “El talento no tiene sexo”. En su equipo, muchas de las posiciones clave están ocupadas por mujeres.

Para Sandoval, trabajar con sus hermanos es fundamental: “Cada uno siempre está en su parcela, y es por ello que Coque está hoy por hoy más fresco y más imponente que nunca”. Las mujeres están presentes en toda la sala y cocina, admitiendo que ese valor lo aprendió de su madre: “En Coque buscamos la excelencia en el servicio, ya sea en una mujer o en un hombre”. Y remata: “mi deseo es dejar el legado a mis dos hijas, como mis padres a mí, y esto es sinónimo de la constancia en la búsqueda de la excelencia, empezando por el hospitality”.

Begoña Rodrigo, sin embargo, lanza otra reflexión: “Siento que cada vez hay menos mujeres otra vez en cocinas”. En La Salita, la sala es mayoritariamente femenina, pero en cocina el equilibrio sigue siendo difícil y desea seguir sumando equipo cualificado y preparado para su negocio, ya que su mayor orgullo hoy no es el reconocimiento externo, sino “aprender a ser una excelente jefa”, explica.

Experiencia irrepetible y cocinar para pocos

20 años después de abrir La Salita, Begoña Rodrigo mira hacia dentro. Sin expandirse, sin multiplicar proyectos. “Quiero que este espacio me genere toda la felicidad desde aquí”, comenta ilusionada.

Por su parte, Ramón Freixa, inconformista por definición, sigue persiguiendo la excelencia diaria con deseo de alcanzar una tercera estrella Michelin y sabiendo que las estrellas no se poseen: “se revalidan cada noche”.

Mario Sandoval mira al futuro con serenidad, convencido de que el lujo definitivo es el equilibrio perfecto para sus clientes con una experiencia que debe estar “como mínimo cada día en una nota de entre el 9,7 y 9,8”.

Así, en un mundo donde todo parece accesible, la nueva gastronomía de lujo entiende que lo verdaderamente exclusivo no es el precio, sino la experiencia irrepetible y un producto excepcional. Cocinar para pocos. Emocionar de verdad. Y, para muchos hedonistas, el cerrar la puerta a lo privado es sinónimo de que empieza la magia. En estos puntos, los tres chefs estrellas Michelin coinciden.