Mujer echando insecticida en la encimera

Mujer echando insecticida en la encimera iStock

Interiorismo

Un biólogo experto en plagas avisa: "Los insecticidas que usamos en casa ya no son el método más efectivo para terminar con las cucarachas"

En las ciudades del futuro, el objetivo no será hacerlas desaparecer, sino impedir que se conviertan en un problema fuera de control.

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Con la llegada del calor a España, las cucarachas vuelven a convertirse en uno de los problemas más incómodos en viviendas, locales y comunidades de vecinos.

Su presencia aumenta en verano, cuando las altas temperaturas favorecen su actividad, aceleran su reproducción y las empujan a buscar alimento, agua y refugio en espacios habitados.

La sensación de que cada año cuesta más eliminarlas no es solo una impresión. Los especialistas en control de plagas llevan tiempo advirtiendo de que estos insectos están mostrando una capacidad de adaptación cada vez mayor frente a los métodos tradicionales de erradicación.

Así lo ha explicado Andreu García, vicepresidente y portavoz de la Asociación Catalana de Empresas de Salud Ambiental (ADEPAP), durante una intervención en Catalunya Ràdio junto al entomólogo Xavier Bellés, investigador del Instituto de Biología Evolutiva.

El diagnóstico de ambos expertos es que las cucarachas no solo sobreviven bien en las ciudades, sino que están aprendiendo a esquivar muchas de las estrategias que el ser humano utiliza para combatirlas.

Cada vez más resistentes

"La resistencia es una evidencia demostrada", señaló Bellés durante la conversación. García fue un paso más allá al explicar que el fenómeno no se limita únicamente a una cuestión genética.

Según el experto, algunas poblaciones de cucarachas han desarrollado resistencias fisiológicas, es decir, insecticidas que antes resultaban eficaces ahora ya no consiguen matarlas con la misma facilidad. Pero también se observan cambios de comportamiento.

"Estamos viendo resistencias de diferentes tipos. Hay resistencias genéticas, donde los insecticidas ya no las matan, pero también resistencias de carácter comportamental. Hay cebos que antes comían y ahora determinadas cucarachas han dejado de consumir", explicó García.

Este cambio resulta especialmente relevante porque muchos tratamientos actuales se basan en cebos. Si el insecto deja de consumirlos, el sistema pierde eficacia y obliga a los profesionales a buscar soluciones más complejas.

Para los especialistas, la lucha contra las cucarachas se parece cada vez más a una carrera evolutiva. El ser humano desarrolla nuevas herramientas y estos insectos, con una enorme capacidad de supervivencia, generan mecanismos para resistirlas.

García lo resume: "Las cucarachas están desarrollando métodos para combatir nuestros intentos de erradicación".

El calor y las ciudades

El aumento de las temperaturas es otro factor decisivo. Las cucarachas son insectos especialmente favorecidos por los ambientes cálidos y húmedos. Cuando sube el termómetro, sus ciclos biológicos se aceleran y las poblaciones pueden crecer con más facilidad.

"Cuanto más alta es la temperatura, sin llegar a extremos, mejor les va", explicó Bellés. Por eso su presencia se dispara especialmente en los meses de verano y en zonas urbanas densamente pobladas.

Las ciudades ofrecen a estos insectos todo lo que necesitan: alcantarillas, grietas, sótanos, cuartos de basura, restos de comida y espacios oscuros donde refugiarse. Allí donde hay más concentración de personas, suele haber también más residuos y más oportunidades para que las plagas se instalen.

García recuerda que algunas especies presentan un comportamiento sinantrópico. Es decir, se han adaptado a vivir cerca del ser humano y a aprovechar las infraestructuras creadas por las personas para prosperar.

Esto explica por qué las cucarachas aparecen con frecuencia en edificios antiguos, redes de saneamiento, cocinas profesionales, comunidades de vecinos o viviendas con problemas de humedad.

Controlarlas, no erradicarlas

Pese a este escenario, los expertos descartan una visión catastrofista. El sector dispone de herramientas para mantener las poblaciones bajo control, aunque la erradicación total resulta prácticamente imposible.

"Las iremos controlando, pero no podremos erradicarlas. Tendremos que acabar negociando con las cucarachas y mantener sus poblaciones en niveles tolerables", afirmó García.

El riesgo no es solo estético. Las cucarachas pueden transportar bacterias y microorganismos en sus patas y en el exterior de su cuerpo, contaminando superficies o alimentos. También sus restos, excrementos y alérgenos pueden agravar problemas respiratorios en personas sensibles.

Aun así, Bellés matiza que, en muchos casos, el mayor impacto es psicológico y social. Su presencia genera rechazo, sensación de suciedad y una clara percepción de falta de higiene, aunque puedan aparecer incluso en entornos aparentemente cuidados.

Uno de los mitos más extendidos es que pisar una cucaracha puede dispersar sus huevos por la casa. García lo niega. Según explica, no es cierto que aplastarlas provoque una propagación de la plaga a través de la suela del zapato.

La prevención, por tanto, sigue siendo la medida más eficaz. Los especialistas recomiendan sellar grietas, revisar desagües, instalar sifones, no acumular restos de comida, mantener los cubos de basura cerrados y evitar humedades.

También aconsejan no abusar de insecticidas domésticos sin criterio, ya que pueden ser insuficientes en infestaciones consolidadas y favorecer un uso ineficaz de los productos.