Mando de aire acondicionado a baja temperatura.

Mando de aire acondicionado a baja temperatura. IStock

Interiorismo

Los arquitectos españoles coinciden: "La clave para tener una casa fresca en verano no está en el aire acondicionado"

Que una casa se conserve fresca no depende únicamente de los aparatos climáticos, sino también de cómo está orientada la vivienda.

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En España entendemos de altas temperaturas. Más cuando llega el verano, muchos hogares se convierten en auténticos refugios contra el calor. Ventiladores funcionando durante horas, persianas bajadas y aire acondicionado al máximo forman parte de la rutina de millones de personas durante los meses más calurosos del año.

Sin embargo, para algunos expertos el problema no siempre está en la falta de sistemas de refrigeración, sino en algo mucho más básico: el propio diseño de la vivienda.

Así lo asegura Fernando Herrera, arquitecto, que ha compartido una reflexión que está generando interés entre quienes buscan mantener su casa fresca sin disparar el consumo eléctrico.

"¿Te mueres de calor en verano? Quizá sea porque tu casa está mal diseñada", afirma el experto en uno de sus vídeos más comentados.

Antes de pensar en comprar un ventilador más potente o instalar un nuevo aparato de aire acondicionado, conviene analizar cómo recibe el sol la vivienda y de qué manera circula el aire por su interior.

La importancia de la orientación

Según Herrera, dos viviendas ubicadas en la misma ciudad pueden experimentar sensaciones térmicas completamente distintas dependiendo de su orientación. "La orientación y la ventilación en una vivienda son la clave para una buena sensación térmica", explica.

El arquitecto recuerda que el recorrido del sol influye directamente en la cantidad de calor que acumulan las paredes, ventanas y espacios interiores.

Por ese motivo, una vivienda mal orientada puede calentarse de forma excesiva durante buena parte del día, obligando a recurrir constantemente a sistemas de climatización para recuperar el confort.

"Si tu casa está mal puesta al sol y no tiene un flujo de aire adecuado, esta casa será un horno en verano", advierte. La buena noticia es que, incluso cuando no es posible modificar la orientación de una vivienda ya construida, sí existen medidas que ayudan a minimizar los efectos del calor.

Elementos como toldos, persianas, lamas exteriores, cortinas térmicas o una correcta ventilación pueden marcar diferencias importantes durante los meses estivales.

El calor en las casas

Fernando Herrera insiste en que no todas las casas reciben la radiación solar de la misma manera y, por tanto, tampoco deberían diseñarse siguiendo las mismas soluciones. Por eso, cada orientación presenta ventajas y desafíos específicos.

En las viviendas con una fuerte exposición solar durante gran parte del día, resulta especialmente importante incorporar elementos de protección que reduzcan el impacto directo de los rayos sobre las ventanas.

Según explica el arquitecto, cuando una fachada recibe demasiada radiación, los cristales actúan como una puerta de entrada para el calor, generando un efecto similar al de un invernadero, lo que se traduce en mayor temperatura y mayor dependencia de ventiladores y aparatos de climatización.

En cambio, las viviendas que reciben una iluminación más suave o indirecta suelen disfrutar de condiciones térmicas más equilibradas, especialmente si cuentan con un buen aislamiento y sistemas de ventilación natural. Por ello, los expertos recomiendan adaptar cada solución arquitectónica a las características concretas de la orientación de la vivienda.

Ventilación natural

Más allá de la posición de la casa respecto al sol, Herrera destaca otro aspecto fundamental: la circulación del aire. Una vivienda puede recibir mucha radiación solar y, aun así, mantener niveles razonables de confort si dispone de una ventilación eficiente.

La llamada ventilación cruzada, que permite que el aire entre por una parte de la vivienda y salga por otra, sigue siendo una de las estrategias más eficaces para reducir la sensación de calor sin consumir energía.

Cuando existe movimiento de aire, el ambiente resulta más agradable y se facilita la evacuación del calor acumulado durante el día. Además, aprovechar las horas nocturnas para abrir las ventanas y renovar el aire interior ayuda a que paredes, techos y suelos pierdan parte del calor almacenado.

Esta práctica, combinada con una adecuada protección solar durante las horas centrales del día, puede reducir notablemente la temperatura interior. "Ni el ventilador más potente te va a sacar de apuros" si la casa acumula calor constantemente por una mala orientación o por una ventilación insuficiente.

Por eso, cada vez más arquitectos insisten en recuperar principios básicos de diseño bioclimático que aprovechen el comportamiento natural del sol y del aire. Una estrategia que no solo ayuda a combatir el calor del verano, sino que también reduce el consumo energético durante todo el año.