Una chica en una casa sin calefacción.

Una chica en una casa sin calefacción.

Interiorismo

Una estudiante comparte piso y no tiene calefacción: "Mi habitación está a la misma temperatura que la calle"

La mujer denuncia su realidad: "Agradecería mucho poder tener la opción de encender la calefacción".

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La pobreza energética es una situación en la que un hogar no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada o cubrir los servicios energéticos básicos (calefacción, electricidad, agua caliente...) sin que ello suponga un esfuerzo económico excesivo. No es solo una cuestión de facturas altas, sino de desigualdad y vulnerabilidad social.

Este problema afecta especialmente a personas mayores, familias con bajos ingresos, hogares monoparentales y viviendas mal aisladas. Muchas de estas casas pierden calor con facilidad, lo que obliga a gastar más energía para conseguir el mismo confort.

Esta es la realidad que viven muchas personas en España, caso de algunas ciudades muy húmedas como puede ser Santiago de Compostela, así como otras zonas de Galicia, tal y como sabemos a través del Correo Gallego.

De hecho, tal y como se conoce a través del medio anteriormente citado, una mujer cuyo nombre ficticio sería Uxía (para preservar su intimidad), dice que "su habitación está prácticamente a la misma temperatura que la calle". Se trata de una estudiante de 18 años que comparte piso en Conxo (Santiago de Compostela) y que dice no tener radiadores en su casa.

Sin embargo, usa un calefactor para calentarse. "Cuando estoy estudiando lo pongo a mi lado y lo voy rotando para calentarme desde varios ángulos, porque si no me congelo". Además, esta mujer contaba que tiene que ponerse varias capas de ropa y que tampoco usa mucho este calefactor que tiene porque "gasta mucha luz".

Tal es la realidad de esta mujer que, tal y como cuenta al medio gallego, tiene que calentar sus sábanas antes de irse a dormir "porque están frías y húmedas" y para ello se vale de un secador de pelo o de su calefactor. Lo mismo le pasa con su ropa: "O se lo acerco o no se seca nunca".

La mujer denuncia su realidad: "Agradecería mucho poder tener la opción de encender la calefacción, pero esta situación también se agrava por el mal aislamiento del piso".

La situación de esta estudiante es la de muchas otras personas y combatir la pobreza energética pasa por medidas estructurales: mejorar el aislamiento de las viviendas, fomentar la eficiencia energética, proteger a los consumidores vulnerables y garantizar precios justos.

También es clave ofrecer información y apoyo para que las personas puedan acceder a ayudas, bonos sociales o soluciones que reduzcan el consumo sin perder dignidad ni bienestar.

No se puede olvidar que la pobreza energética tiene consecuencias directas sobre la salud. Vivir en viviendas frías o húmedas incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y problemas de salud mental.

Igualmente, hay que tener en cuenta que el estrés constante por no llegar a fin de mes o por no poder encender la calefacción también tiene un impacto psicológico importante.