Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y Elma Saiz, Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

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Estilo de vida

Bélgica da una lección a España con las pensiones: jubilación a los 65 años, pagas de hasta 3.500 € e indexación automática por ley

La diferencia entre ambos países no reside tanto en ofrecer cifras espectaculares, sino en cómo se construye la seguridad del pensionista.

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Mientras el debate sobre las pensiones vuelve a ocupar el centro de la conversación en España, hay modelos dentro de Europa que suelen ponerse como referencia casi automática. Uno de ellos es el de Bélgica, que a menudo aparece ligado a ideas como estabilidad, salarios más altos y una mayor protección social en la jubilación.

La comparación no es casual, ya que Bélgica ha desarrollado un sistema que, al menos sobre el papel, ofrece ventajas llamativas. Se habla de jubilaciones en torno a los 65 años, de pensiones que pueden acercarse a los 3.500 euros y, sobre todo, de un mecanismo que ajusta automáticamente las prestaciones cuando suben los precios, algo que despierta especial interés en contextos de inflación.

Sin embargo, detrás de ese titular hay una realidad más compleja. Las diferencias no solo están en cuánto se cobra, sino en cómo se calcula cada pensión, cuándo se actualiza y qué papel juega el Estado en todo el proceso, factores que terminan marcando la verdadera distancia entre ambos sistemas.

Cómo Bélgica protege el poder adquisitivo

El debate sobre si España tiene algo que aprender de Bélgica no se resuelve únicamente mirando cifras máximas, ya que en términos nominales ambos países se mueven en rangos muy similares.

En España, la pensión máxima en 2026 ronda los 3.477 euros mensuales repartidos en 14 pagas, una cifra que prácticamente alcanza ese umbral de los 3.500 euros que suele utilizarse como referencia.

Bélgica, por su parte, no fija un techo único tan claro, ya que el cálculo depende del tipo de trabajador y de su historial laboral, lo que hace que alcanzar esas cantidades en el sector privado sea poco habitual.

Donde realmente aparece una diferencia relevante es en la forma de actualizar esas pensiones. Bélgica aplica un sistema de indexación automática por ley, conocido como "index", que vincula directamente las prestaciones a la evolución de los precios.

Cuando el llamado índice salud sube un 2%, las pensiones se incrementan automáticamente en ese mismo porcentaje al mes siguiente, sin necesidad de negociación política ni de esperar a revisiones anuales.

Esto introduce una protección inmediata frente a la inflación que evita pérdidas prolongadas de poder adquisitivo.

El primer ministro belga, Bart De Wever.

El primer ministro belga, Bart De Wever. Benoit Doppagne Europa Press

España también ha reforzado su sistema en este sentido tras la reforma de 2021, que garantiza la revalorización de las pensiones conforme al IPC medio. Sin embargo, el ajuste se produce una vez al año, cada 1 de enero, lo que implica que durante meses los jubilados pueden notar el impacto de la subida de precios antes de que llegue la compensación.

Se trata de una diferencia técnica, pero con efectos muy concretos en la economía doméstica.

En cuanto a la edad de jubilación, la comparación exige cierta cautela. Bélgica mantiene todavía los 65 años como referencia, aunque ya ha aprobado su incremento progresivo hasta los 66 en 2025 y los 67 en 2030.

España, por su parte, sitúa la edad legal en 66 años y 10 meses en 2026, aunque permite retirarse a los 65 con el 100% de la pensión si se cumplen largas carreras de cotización.

Sin embargo, a diferencia del caso belga, donde el calendario de subida está cerrado por el momento, en España la edad de jubilación no ha dejado de aumentar en los últimos años y seguirá haciéndolo de forma gradual, lo que introduce una mayor sensación de cambio constante para los trabajadores.

Además, Bélgica introduce excepciones y no todas las profesiones siguen las mismas reglas.

En sectores como la minería, la navegación marítima, las Fuerzas Armadas o la aviación, los trabajadores pueden acceder a la jubilación de forma anticipada, en algunos casos entre los 55 y los 60 años, en función de los años de servicio y de las condiciones específicas de cada carrera.

Se trata de un reconocimiento a la exigencia física, la peligrosidad o el desgaste acumulado en este tipo de empleos, que el sistema compensa permitiendo una salida más temprana del mercado laboral sin las penalizaciones habituales.

Otro elemento que inclina la balanza a favor del modelo belga es el nivel de protección en la base del sistema. Las pensiones mínimas y el salario mínimo son significativamente más altos que en España, lo que eleva el suelo de ingresos y reduce el riesgo de pobreza en la vejez.

Esto no significa necesariamente que todos los jubilados cobren más, sino que el sistema garantiza un punto de partida más sólido.

Al final, la diferencia entre Bélgica y España no reside tanto en ofrecer cifras espectaculares, sino en cómo se construye la seguridad del pensionista. Bélgica apuesta por mecanismos automáticos y por reforzar los mínimos, mientras España mantiene un modelo más centralizado y con ajustes periódicos.