Sara, albañila, en el vídeo de Quique Vasquez.
Sara, albañila con cinco años de experiencia: "Trabajo solo 8 horas y gano el triple que siendo interna"
La hondureña dejó el trabajo como interna para abrirse camino en la construcción, un sector aún poco habitual entre mujeres migrantes.
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La nueva vida de Sara comenzó como empieza la de la gran mayoría de mujeres que vienen a España en busca de nuevas oportunidades, en el hogar. En nuestro país, aproximadamente el 41% de las trabajadoras del hogar son inmigrantes.
Sin embargo, y debido a las condiciones laborales que, en muchas ocasiones, ofrecen estos trabajos, la hondureña decidió buscar oportunidades en otro sitio. Y a pesar de no haber agarrado nunca una herramienta, decidió probar en la construcción.
El salto no fue sencillo ni habitual. Son pocas las mujeres migrantes que abandonan el sector de los cuidados para adentrarse en otros oficios, especialmente en ámbitos masculinizados como la construcción. En el caso de Sara, la apuesta le ha permitido, según relata, "cobrar el triple que siendo interna" y ganar en autonomía.
La vida de Sara en España
Sara empezó como pintora en pequeñas obras que no requerían formación, lo que se conoce como 'chapuzas' y donde estuvo siete meses; sin embargo, una empresa le dio la oportunidad para trabajar como albañil legalmente.
"Para las mujeres, hay más oportunidades en la pintura que en la albañilería", comenta la hondureña, pero confiesa que, aunque no se ha topado con muchas, se pueden encontrar siempre que se busquen.
A pesar de ser un mundo históricamente masculino, la construcción le ha permitido a Sara una vida en la que tiene tiempo y en la que su sueldo está por encima de muchos otros.
Siendo interna, según confiesa, trabajaba 11 meses, de lunes a domingo, y sin ningún tipo de independencia. Sara explica que cuidaba a una pareja de ancianos y cobraba 200 euros al mes por su labor.
Sara no solo cuidaba a la pareja de ancianos, sino que también dormía en su casa y realizaba tareas como cuidar a los hijos de los empleadores, dedicando varias horas cada noche y durante las mañanas.
En la construcción, en cambio, Sara trabaja de lunes a viernes, de 8 de la mañana a 6 de la tarde, con dos descansos: uno a las 10 de la mañana y otro a las 2 de la tarde, volviendo a trabajar a las 3.
El trabajo de Sara en la construcción.
Además, la mayor ventaja para la hondureña es el salario. "En la construcción se gana muchísimo mejor que trabajando de interna", explica. Su sueldo base es de 1.200 euros, pero con horas extra puede llegar a los 1.500.
Sin embargo, toda historia bonita parece tener algún desafío y, en el caso de Sara, es el machismo del sector. "A veces creen que por ser mujer no puedo hacer el trabajo", confiesa, aunque sus supervisores nunca hayan permitido faltas de respeto.
De hecho, uno de estos micromachismos viene por parte de su familia, quien le dice que es un "trabajo para hombres", aunque es el oficio que le permite enviarles dinero a Honduras.