María Blanco, economista.

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Estilo de vida

María Blanco, economista: "Si pagas los cafés con tarjeta de crédito, te vas a encontrar con deudas a final de mes"

Según la experta, cada pago con tarjeta de crédito supone la generación de una "deuda" con la entidad bancaria que se liquidará a final de mes o se fraccionará.

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Según el Banco de España, más del 60% de las transacciones cotidianas ya se realizan con tarjeta o móvil. El avance de la digitalización y la reducción del uso del efectivo han consolidado un modelo más rápido, cómodo y cada vez más extendido entre todas las franjas de edad.

Esta transformación no solo afecta a la forma de pagar, sino también a la percepción del gasto. Datos del Banco Central Europeo apuntan a que los consumidores tienden a gastar más cuando no utilizan dinero físico, al perder la referencia tangible del desembolso.

De hecho, los expertos como María Blanco ya están alertando sobre el uso cotidiano de las tarjetas de crédito en gastos menores. Aunque aportan comodidad y rapidez, implican utilizar "dinero prestado" de forma recurrente, lo cual puede derivar en una suma de cargos que, al final de mes, suponga un gasto mayor del previsto.

Así funcionan las tarjetas de crédito

María Blanco es doctora en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad CEU-San Pablo, y lleva años analizando cómo los hábitos de consumo afectan a la salud financiera de las familias.

Según explicó a COPE, la tarjeta de crédito no es simplemente un medio de pago más cómodo que el efectivo, sino un instrumento financiero que implica endeudamiento si no somos conscientes de su uso.

Blanco subraya una diferencia fundamental que a menudo se diluye en la práctica cotidiana: no es lo mismo gastar el dinero propio que gastar dinero prestado.

Cuando se utiliza una tarjeta de débito, el cargo se realiza de forma inmediata sobre el saldo disponible en la cuenta corriente. Si el dinero se agota, la operación no se autoriza. Ese límite natural actúa como un mecanismo de disciplina presupuestaria.

En cambio, la tarjeta de crédito funciona como una línea de financiación a corto plazo. Cada pago supone, en términos estrictos, la generación de una deuda con la entidad bancaria que se liquidará a final de mes o se fraccionará, en ocasiones con tipos de interés elevados.

Es ahí donde aparecen los llamados "gastos hormiga", un concepto ampliamente utilizado en educación financiera para describir los pequeños desembolsos diarios que, de forma aislada, parecen insignificantes, pero cuya acumulación puede resultar considerable.

Imagen de ilustración de una persona pagando con tarjeta.

Imagen de ilustración de una persona pagando con tarjeta.

Un café de dos euros, el billete de metro, una botella de agua o una suscripción digital mensual no alteran por sí solos la percepción de solvencia.

El problema, explica Blanco, es psicológico: al no salir el dinero inmediatamente de la cuenta —como ocurre con el efectivo o el débito— se pierde la noción real del gasto acumulado.

La sensación es la de estar pagando poco, cuando en realidad se está construyendo una factura global que llegará días después.

"Para un café, el metro o la máquina de agua, es preferible utilizar la tarjeta de débito", explica Blanco. De lo contrario, el consumidor puede encontrarse con una deuda a final de mes que no estaba en sus cálculos.

El riesgo no reside en el importe individual, sino en la suma de transacciones diarias realizadas con dinero prestado. Cuando el banco pasa el cargo total, el sueldo puede no ser suficiente para absorberlo sin tensiones.

A su juicio, el débito debe reservarse para el día a día: transporte, cafeterías, supermercado, pequeños pagos recurrentes. El crédito, en cambio, tiene sentido en compras excepcionales o de mayor cuantía, como un ordenador, un electrodoméstico o un mueble.

En estos casos, la tarjeta de crédito puede aportar ventajas adicionales, como seguros asociados o protección frente a incidencias, y permite adelantar una cantidad relevante de dinero de forma puntual.

Pero incluso entonces, la economista recomienda acudir al banco, revisar los límites asignados y, si es necesario, establecer topes específicos para compras online.

Más allá del debate ideológico, la cuestión central sigue siendo la salud financiera individual. Las tarjetas de crédito son herramientas útiles y versátiles, pero exigen una gestión consciente.

Expertos citados por Europa Press recomiendan revisar los extractos al menos una vez al mes para tener un control real de los gastos acumulados. Este hábito, aparentemente sencillo, permite detectar desviaciones antes de que se conviertan en un problema estructural.

También resulta clave prestar atención a posibles cargos indebidos o fraudulentos y comunicarlos de inmediato a la entidad bancaria. La digitalización ha multiplicado la comodidad, pero también los riesgos asociados a la seguridad informática.

Asimismo, conviene leer con detenimiento las condiciones de promociones y descuentos vinculados a tarjetas de crédito, ya que en ocasiones incluyen requisitos o costes adicionales que pueden pasar desapercibidos.