En la foto, Isis Sarmiento, bailarina y creadora y fundadora del proyecto Etérea Ballet.

En la foto, Isis Sarmiento, bailarina y creadora y fundadora del proyecto Etérea Ballet. Cedida

Estilo de vida Día Internacional de la Danza

La danza ya no es perfecta y eso es revolucionario: el baile rompe con el edadismo y los clichés de 'Cisne negro'

En el Día Internacional de la Danza, afloran nuevas concepciones de un arte escénico que parecía reservado a una élite y ligado exclusivamente a la rigidez.

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Contar con el respaldo de la UNESCO para cualquier iniciativa supone arrancar con unas bases más que fundadas. La institución fue la encargada de establecer que cada 29 de abril se celebrase el Día Internacional de la Danza. Todo se gestionó a través del Internacional Theatre Institute, el socio del organismo para las artes escénicas.

La fecha no se escogió al azar. De hecho, poco en la vida es casualidad. La jornada conmemora el nacimiento de Jean-Georges Noverre, considerado el creador del ballet moderno. No obstante, no sólo se celebra este tipo de baile, sino todas sus formas, desde las más tradicionales a las más contemporáneas.

Ese sentido global de la disciplina es el que han adoptado en Etérea Ballet, una iniciativa que se enfoca en introducir a adultos a este tipo de actividad.

Se trata de un ciclo internacional de experiencias exclusivas que no se enfoca en la edad de aquellos que quieran participar, aunque "no te encontrarás aquí con una persona de 15 años que vaya al conservatorio", comenta la fundadora y creadora del proyecto, Isis Sarmiento, que habla de la felicidad que siente al haber alcanzado los 40.

"La gente se sorprendería de la libertad que se siente en nuestras clases. Hay muchísima humanidad detrás de ellas", añade.

Se encuentra a kilómetros de distancia de quien hace la llamada. En concreto, en Dublín. Sin embargo, su foco está muy cerca de Madrid.

El próximo 2 de mayo el Teatro Real acoge la primera experiencia Etérea. Se trata de una propuesta artística y sensorial de alto nivel guiada por Steven McRae, principal dancer del Royal Ballet de Londres.

Como en el ballet, todo está medido al milímetro. El formato, cuidado en cada paso, cercano y con grupos reducidos. Por supuesto, habrá acompañamiento musical en directo. Las prisas para otro momento. Con este tipo de apuestas, la disciplina se deshace de ataduras.

Isis Sarmiento, en una foto de estudio mostrando sus dotes.

Isis Sarmiento, en una foto de estudio mostrando sus dotes. Cedida

Es inevitable que en la conversación afloren referencias de la cultura pop. Lo que hacen desde Etérea poco tiene que ver con lo que se aprecia en películas como Cisne negro o Gorrión rojo. "Durante años la danza en general se ha contado un poco mal. Y eso genera distancia", explica Sarmiento.

No obstante, desde su proyecto, se encargan de romper esos estándares: "Nos han enseñado que el ballet es sinónimo de perfección, lo que hace que pienses que a partir de cierta edad no es algo para ti, que es sólo para profesionales. Nada más lejos de la realidad, es una forma de conexión contigo misma, con el cuerpo y con otros. Te olvidas de todo y eso vale mucho".

"En la vida adulta se vive de forma más intensa. Hay cosas que sólo te dan los años y la madurez. No tienes que demostrar nada a nadie. Vas a disfrutar y a sentir. Hay disciplina, pero también es un bálsamo para el alma", expresa Isis Sarmiento.

Ese momento de pausa es también el que habita en Diana Serrano, business manager en una compañía tecnológica. Desde pequeña, el baile ha estado en su vida en diferentes estilos. Estuvo compitiendo en la modalidad deportiva y fue semifinalista de España en varias ocasiones.

Con la escuela de la que era parte, fue campeona de Europa de formaciones. En su haber también hay participaciones en torneos internacionales. Tango, chachachá, pasodoble, vals, samba... Todos estos estilos convergen en su ADN. Todo está tan integrado en su esencia, que extrapola lo que el baile ha aportado a otras facetas de su vida.

Una escena de 'Cisne negro' (Twentieth Century Fox, 2010).

Una escena de 'Cisne negro' (Twentieth Century Fox, 2010). IMDb

"Desde niña me marcó para tener los valores que a día de hoy conservo: trabajo duro, pasión, respeto, confianza… Para mí, el baile no es sólo algo que hago, es algo que soy. Hoy es mi espacio de libertad, mi forma de entenderme y de expresarme sin filtros", cuenta la joven de 30 años.

"A lo largo de mi vida ha sido refugio, juego y también disciplina. Es una forma de imaginar, crear y reconstruirme: me equivoco y aprendo a corregirme, una y otra vez", añade.

Fuera del salón

Algo fundamental es reforzar la idea de que bailar no es un lujo ni una disciplina reservada a cuerpos entrenados. Se trata de una forma de ver la vida. Una nueva mirada para enfocar el mundo desde otro ángulo. Y tiene fundamento científico.

Así lo aseveran Nazareth Castellanos, neurocientífica, investigadora y divulgadora; y Joaquín de Luz, bailarín y coreógrafo español, en El cerebro en danza (La Huerta Grande, 2026). En la publicación, que acaba de llegar al mercado, se propone algo que nace desde la intuición: el hecho de que el movimiento tiene la capacidad de moldear la mente.

En las páginas, la danza se aleja de su condición de espectáculo para acercarse a la intimidad. El cuerpo se transforma en una especie de interlocutor de multitud de mensajes. Para una misma y para con los demás.

La revista científica BMC Neuroscience publicó en 2024 una pieza sobre la capacidad de este arte escénico para activar la memoria, la atención y las funciones ejecutivas. Además, implica emociones y cognición social. Igualmente, coordina percepción, ritmo y acción.

Isis Sarmiento habla de, por ejemplo, crear comunidad: "Llegas y te pones el maillot y las medias. Y lo haces sin complejos, sin ataduras. Y en parte, es porque estás con compañeras que son iguales que tú. Se genera una tribu maravillosa en la que nos gustamos y nos apoyamos".

"Cuando la gente vive nuestras experiencias, descubre algo que no esperaba. Las personas ven que sí que pueden bailar, que se emocionan. Y reconectan con lo que fueron. Vuelven a su adolescencia. Yo ya quiero algo que me deje huella, que me haga sentir. Esa visión de la danza no es sinónimo de élite", añade.

Diana Serrano ensayando en un estudio.

Diana Serrano ensayando en un estudio. IG vía @dianaserrano28

Serrano, por su parte, habla de cómo ponerse los zapatos y pisar la pista le ha enseñado a gestionar el caos.

"Cuando fuera todo se desordena, bailar me devuelve a un lugar propio. Me ha dado resistencia emocional, confianza y la capacidad de seguir adelante incluso cuando no todo sale bien. Me ha ayudado a conocer mis límites… y también a superarlos. A confiar en mi cuerpo y en mi intuición", explica la directiva.

La misma también cuenta cómo dos mundos que tienen tan poco que ver —el de su profesión como business manager— y su pasión, chocan de forma positiva.

"Trabajo en un entorno donde todo es estructura, lógica y procesos. Un espacio donde casi todo tiene que encajar, medirse y optimizarse. El baile es mi forma de romper con esa rigidez. Es el lugar donde no hay métricas ni reglas fijas, donde dejo de ser función y vuelvo a ser esencia", explica.

La joven comenta que este gesto, esta disciplina disfrazada de hobby y libertad, es lo que la saca de lo monótono y lo predecible.

"Recupero la creatividad que el día a día no siempre permite. Me recuerdo que no todo tiene que ser productivo para tener valor. Es mi forma de mantener presente que, aunque cumpla roles, sigo siendo dueña de mi cuerpo y de lo que expreso con él", detalla Diana.

Y ese mismo concepto explica Isis Sarmiento, la fundadora de Etérea. "Lo que me ha aportado la danza desde que volví —la practicaba cuando era joven y decidió recuperar su hábito con este proyecto— es una pausa para sentir, un tiempo para mí", aclara.

"Esto hoy en día es un acto casi revolucionario. Tienes que parar para preguntarte a ti misma qué te hace feliz. En mi caso, al regresar, lo he sentido como cuando piensas en ese novio que jamás salió de tu corazón", expresa.

Aquí la cuestión no pivota sobre élites o edades, aunque a veces se pliegue a una rigidez propia de la exigencia de determinadas artes escénicas. Pero lo interesante es que hay vida más allá de esa concepción. En esos márgenes, cada vez más amplios, habitan proyectos como Etérea y también la percepción de Diana, que hacen del baile algo por y para todos.