Begoña Pérez, en un posado para Magas.

Begoña Pérez, en un posado para Magas. Sara Fernández

Estilo de vida

¿Manchas de aceite en la pared o en papel pintado? Así las elimina 'La Ordenatriz' sin necesidad de repintar

Begoña Pérez, experta en orden y limpieza, utiliza un espray en seco para solucionar un problema común sin estropear la zona.

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Entre las manchas más temidas en el azaroso mundo de la limpieza están las de grasa. Estos compuestos lipídicos son moléculas largas, mayoritariamente apolares, no se disuelven en agua y tienden a formar capas resbaladizas sobre tejidos y revestimientos.

Penetran rápido y de forma profunda tanto en fibras textiles como en materiales porosos, como las paredes, y resultan muy complicadas de quitar. El agua no los afecta porque los aceites son hidrófobos, es decir, repelen el agua y se aferran con fuerza allí donde han caído.

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Los accidentes en casa relacionados con este tipo de suciedad son habituales, sobre todo en las cocinas. ¿A quién no le ha pasado que se le cae un recipiente con AOVE o similares y ha acabado salpicándolo todo? Es lo que plantea Paloma, de Cuenca, en el consultorio semanal de Magas de 'La Ordenatriz'.

No sabe cómo acabar con ese incómodo resto y cree que va a tener que volver a pintar, resignada ya a un cerco permanente en el comedor o la cocina que, además, se ve a simple vista y resulta de lo más antiestético.

La duda que plantea es muy común: una vez que la pared se ha manchado de aceite, mucha gente piensa que no hay marcha atrás. Se suele probar primero con un paño húmedo, luego con un poco de jabón o lavavajillas diluido en agua y, cuando el resultado no es el esperado, aparece el miedo a empeorar la situación.

Nos referimos a cercos más grandes, cambios de brillo en la pintura o incluso pequeñas zonas donde el color parece aclararse. El problema es que esa combinación de grasa y superficie porosa hace que la mancha se “instale” y que cada intento fallido deje la sensación de que lo único que queda es pasar por el rodillo para igualar.

¡Nada de eso! Begoña Pérez, experta en limpieza y orden, tiene una solución tan sencilla como eficaz que sirve tanto para la pintura como para el papel pintado de la pared. Lo que necesitamos es un espray en seco, como los que se usan para limpiar tapicerías o tejidos delicados.

'La Ordenatriz', con el cepillo que usará durante el truco.

'La Ordenatriz', con el cepillo que usará durante el truco. Sara Fernández

Son productos pensados, precisamente, para tratar manchas que no se llevan bien con el agua y que necesitan un aliado que actúe por absorción. Antes de lanzarse sobre la zona más visible, se recomienda primero probar en una parte escondida: detrás de un mueble, en un rincón bajo o en una zona que normalmente quede tapada. Así nos aseguramos de que el producto no estropea el acabado ni altera el color de la superficie.

Una vez hecha esta comprobación,rocíamos el producto sobre la mancha de aceite y dejamos actuar durante unos 20 minutos. Transcurrido este periodo de espera, con un cepillo limpio y suave se frota la zona para quitar la capa que se ha formado encima. Es importante que no sea demasiado duro para no rayar, y que el movimiento sea más bien ligero, como si “barriésemos” el polvo adherido.

¡Y solucionado! Como por arte de magia, los restos de suciedad han desaparecido y ni siquiera ha dejado cerco.

¿Por qué funcionan estos esprays en seco? La razón es que suelen contener polvos minerales o arcillas finas que se adhieren a la zona afectada, absorben la grasa y, al secar, se desprenden llevándosela con ellos. Es una especie de “papel secante” en versión moderna y en forma de nube pulverizada: el polvo entra en contacto con el aceite, lo captura y, cuando se retira, se lleva con él lo que antes parecía una mancha imposible.

No necesitan agua y tampoco restregar con un estropajo, lo que evita ralladuras o desgaste en la pintura, algo crucial en paredes mates o en papeles pintados delicados donde cualquier fricción de más deja huella.

Además, es mucho menos agresivo que otros limpiadores alcalinos fuertes que pueden estropear la pintura o dejar diferencias de tono con el resto del paramento. Frente a soluciones más drásticas —como decapantes, productos muy abrasivos o el propio repintado—, recurrir a un espray en seco permite actuar sólo donde hace falta, de forma localizada y respetando el acabado original de la pared.

Es un recurso discreto, rápido y versátil que, una vez lo pruebas, se convierte en un imprescindible para afrontar sin miedo las temidas salpicaduras de grasa en casa.