Clara, agricultora española: Empezar de cero en el campo es algo que los jóvenes no deberían plantearse

Clara, agricultora española: "Empezar de cero en el campo es algo que los jóvenes no deberían plantearse"

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Clara, agricultora española: "Empezar de cero en el campo es algo que los jóvenes no deberían plantearse"

La riojana es pesimista y no cree que pueda seguir dedicándose a la agricultura dentro de diez años si las condiciones actuales se mantienen.

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La agricultura española afronta un desafío estructural que preocupa tanto a instituciones como a los propios profesionales del sector: la falta de relevo generacional. Según datos oficiales, solo el 8,9% de los titulares de explotaciones agrarias en España tiene menos de 41 años, mientras que un 41,3% supera los 65.

Estas cifras son, en realidad, el resultado de una combinación de factores económicos, sociales y estructurales que han ido alejando a los jóvenes de la actividad agraria. Los agricultores reconocen que el miedo no es solo perder rentabilidad, sino quedarse sin nadie que continúe con el trabajo cuando ellos ya no puedan hacerlo.

Mientras algunos observan con preocupación esta caída en la incorporación de jóvenes, otros comprenden por qué sucede. Entre quienes lo tienen claro se encuentra Clara, agricultora española, que sostiene que empezar desde cero en el campo es algo que los jóvenes ni deberían plantearse porque "los números no salen".

El futuro de la agricultura en España

El envejecimiento del sector agrario es la consecuencia de un modelo que muchos consideran poco atractivo para las nuevas generaciones: baja rentabilidad económica, bajos salarios, dependencia del clima, aumento de los costes y un mercado en el que el agricultor suele ser quien menos poder tiene.

Como consecuencia, España tiene un déficit de entre 20.000 y 40.000 jóvenes agricultores y ganaderos para suplir el relevo generacional de los que se van retirando de la profesión. Tan solo el 12% de jóvenes de la Unión Europea se dedican al sector primario.

Lejos de considerar que los jóvenes no quieren trabajar, muchos agricultores opinan que, viendo la situación actual del sector, su decisión es comprensible. Entre quienes lo ven así se encuentra Clara Sarramián, agricultora autónoma en Logroño, en La Rioja.

Clara lleva más de cuatro años dedicada profesionalmente al campo. Su llegada a la agricultura no fue fruto de una vocación temprana, sino de una decisión marcada por la responsabilidad familiar, explica en el canal de Jaime Gumiel.

Cuando su madre se jubiló, sintió la "rabia" de pensar que el negocio y los recursos acumulados por sus padres y abuelos podían perderse, por lo que decidió continuar con la explotación para mantener viva esa tradición.

La riojana trabaja sola una finca de aproximadamente una hectárea y media y practica agricultura convencional. Aunque dispone de tractor, gran parte de las tareas las realiza de forma manual, con mula y azadón.

Clara, agricultora, explica las condiciones laborales del sector.

Un modelo ecológico, siendo una sola persona, sería "inabarcable", explica, y la carga de trabajo se duplicaría. Aun así, es capaz de cultivar tomates, melones y sandías, productos que exigen una atención constante y una planificación precisa.

La dureza de su día a día varía según la temporada. El invierno puede ofrecer cierta tregua, pero el verano concentra jornadas de lunes a domingo que alcanzan entre catorce y dieciséis horas diarias. Sin embargo, insiste en que lo más difícil no es el esfuerzo físico.

El verdadero desgaste es mental, ya que vive pendiente del parte meteorológico. Una granizada, una tormenta o una racha de viento pueden arruinar en minutos la inversión y el trabajo de meses, "he perdido cosechas completas por inundaciones", cuenta.

En el plano económico, su experiencia confirma por qué considera inviable empezar desde cero. Clara explica que vender a grandes superficies o distribuidores no resulta rentable, algo que han denunciado los agricultores en los últimos años.

Según explica, ha llegado a vender el kilo de tomate a 0,80 euros a mercados mayoristas para verlo después en tienda por más de 3,50 euros. "Prefiero tirarlos antes que pasar por el aro de precios injustos", confiesa.

Para poder mantenerse, Clara cambió su modelo de negocio hace aproximadamente año y medio. Dejó de vender a distribuidores y optó por la venta directa al consumidor final.

A través del boca a boca en Logroño y de su cuenta de Instagram, gestiona pedidos y entrega su producción sin intermediarios. Este sistema le permite mejorar el margen y, sobre todo, sentirse valorada por quienes aprecian la calidad y el sabor de sus productos.

Por todos estos motivos, la visión de futuro de la riojana es pesimista y no cree que pueda seguir dedicándose a la agricultura dentro de diez años si las condiciones actuales se mantienen.

De hecho, ella cree que nadie debería empezar de cero en este sector. Afirma que, si alguien no cuenta ya con tierras, maquinaria o una infraestructura heredada, ni siquiera debería plantearse empezar.

Ella misma reconoce que partía con recursos familiares y, aun así, la situación es muy complicada. Para quien tuviera que comprar o alquilar todo desde el principio, sostiene, la ecuación no es viable.

Siente que el sistema tiende a favorecer la concentración y a expulsar al pequeño agricultor, que todavía representa una parte mayoritaria del sector, pero que carece de capacidad para competir en igualdad de condiciones.