Una imagen de Sor Marta de sus redes sociales.

Una imagen de Sor Marta de sus redes sociales.

Estilo de vida

Sor Marta, monja de clausura desde los 18 años: "Me escriben chicas de 16 años que quieren hacer prácticas"

En sus redes, Marta se encarga de demostrar que las monjas son "personas normales" con sentido del humor, inquietudes culturales y una vida feliz.

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La religión forma parte de un paisaje humano y cultural que en España lleva siglos presente, aunque muchas veces permanezca discreto. Según datos recientes de 2024-2025, en España hay actualmente más de 30.000 monjas y unas 8.000 de clausura, que en conjunto representan la mayor parte de la vida consagrada femenina.

Todos conocemos el oficio de monja, lo hemos nombrado o hemos oído hablar de él en algún momento. Sin embargo, ese conocimiento suele ser superficial y se apoya en estereotipos: silencio, oración y poco contacto con el mundo. La realidad, como muestran muchas comunidades hoy, es más compleja y diversa.

En la práctica, pocos de nosotros sabemos a qué se dedican exactamente las monjas en su día a día, a no ser que hablemos de Marta, una monja que comparte buena parte de su vida por redes sociales y que se ha convertido en una ventana inesperada a ese mundo.

La vida de una monja de clausura

Sor Marta tiene 29 años y es benedictina. Vive en el monasterio de Santa Cruz de Sahagún, en León, un recinto de unos 3.700 metros cuadrados donde conviven once monjas, cinco de ellas en formación.

Entró con 18 años, justo después de terminar el Bachillerato, aunque la inquietud vocacional había aparecido antes, a los 16, durante una visita familiar a un monasterio de Navarra.

Allí fue donde, según cuenta en su canal de YouTube, experimentó una paz que llevaba tiempo buscando. Compró la Regla de San Benito, se sintió atraída por su propuesta de vida y decidió probar.

Hoy celebra más de una década en la comunidad y califica estos años como los mejores de su vida. Todo empezó con un proceso de formación, en su caso, Ciencias Religiosas de forma semipresencial ya dentro del monasterio.

Estos estudios y su vivencia en el monasterio han sido los responsables de su fe en la religión. Aunque ha tenido alguna duda vocacional, Marta afirma estar completamente segura de la existencia de Dios.

Dentro del monasterio, su vida diaria está marcada por el lema benedictino "Ora et labora", reza y trabaja. Por eso, su jornada comienza hacia las seis de la mañana y termina alrededor de las diez y media de la noche.

El día se estructura en torno a la Liturgia de las Horas: oficio de lecturas, laudes, tercia, eucaristía, sexta, nona, vísperas y completas, a lo que se suma la oración personal. En total, calcula unas cuatro horas diarias de oración.

Sin embargo, su día no solo se resume en eso, sino que Sor Marta también trabaja y cuenta con varios encargos dentro del monasterio. En primer lugar, es formadora de novicias, acompañando a las jóvenes que están dando sus primeros pasos en la vida religiosa.

También ejerce como portera, atendiendo la entrada del monasterio, y se ocupa de la gestión online: la tienda digital, las redes sociales y la creación de contenidos en YouTube.

Con estas plataformas y a través de diferentes entrevistas, Marta tiene como objetivo mostrar que las monjas son personas normales, con sentido del humor, inquietudes culturales y una vida que, aunque exigente, puede ser feliz.

Esta labor específica recae principalmente sobre ella, pero aclara que la realiza en su "tiempo libre", generalmente sábados y domingos, para que no interfiera con sus obligaciones de trabajo comunitario ni con la oración.

Además de los trabajos individuales, tanto ella como sus compañeras elaboran dulces en su obrador —hojaldres, amarguillos, pastas de té, coquitos, almendras garrapiñadas— que venden de forma presencial y online, llegando a enviar decenas de cajas por tanda.

Sor Marta respondiendo a diferentes preguntas sobre ser monja.

No solo producen dulces, sino también cosmética natural como cremas, bálsamos y jabones. Además, parte del edificio funciona como hospedería y acoge a peregrinos, lo que aporta otro ingreso.

Pagan luz, agua y gastos corrientes como cualquier hogar y, según explica Sor Marta, no reciben subvenciones del Estado, salvo alguna ayuda puntual vinculada al patrimonio histórico.

En lo personal, Sor Marta no tiene dinero propio ni cuenta bancaria, sino que todo lo que recaudan va a una caja común. "Si alguna necesita algo, desde ropa hasta material, lo pide a la comunidad", explica.

Aunque de momento sus redes sociales no generan ingresos, su presencia digital sí ha traído sorpresas. A raíz de una iniciativa conocida como "prácticas de monja", ha recibido más de 700 correos, muchos de chicas jóvenes, desde los 16 años.

Esto ha reforzado su idea de que, pese al discurso de que la juventud está perdida, muchos jóvenes siguen buscando sentido, verdad y vocación.

La clausura que vive es, en sus palabras, intermedia. No tan estricta como la de carmelitas o clarisas, pero hay rejas y límites: pueden salir para lo necesario (médico o gestiones) y una vez al año pueden tener unos diez días de vacaciones para visitar a la familia.

No tienen prohibido el cine, la música o los libros, pero procuran que sean compatibles con su fe. En comunidad suelen ver películas de santos; las lecturas más habituales son espirituales o de psicología, y las novelas quedan para el tiempo libre.

Habla con naturalidad del amor y del deseo, subrayando que las monjas no se convierten en robots. Pueden sentir atracción, pero lo gestionan de forma parecida a una persona casada: recordando su compromiso y su elección diaria.