Fotograma de 'Cartas a Julieta' (Gary Winick, 2010).

Fotograma de 'Cartas a Julieta' (Gary Winick, 2010). Archivo

Estilo de vida

La ilusión regresa al correo postal: por qué el fenómeno de los 'mail clubs' está triunfando en tiempos de algoritmos

Frente a la gratificación instantánea que promueve internet, estos invitan a pausar llevando la creatividad y lo analógico al buzón.

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Marita Alonso
Publicada

Los clubs de correo o mail clubs permiten acceder al trabajo de un artista a través de una suscripción mensual. Se convierten así en un claro reflejo del creciente interés que muchas personas tienen por vivir experiencias físicas y establecer vínculos más genuinos.

Demuestran que cada vez son más quienes buscan experiencias emocionalmente relevantes y conexiones auténticas, hastiados ante un ecosistema digital que supuestamente tendría que acercar a las personas cuando, en muchos casos, no ha hecho más que alejarlas.

Recibir correo postal se siente hoy, en tiempos de algoritmos, como un pequeño acto de resistencia frente a la gratificación instantánea dictada por el universo digital. Emily Maskell se pregunta en Dazed & Confused si 2026 podría ser el año del regreso analógico.

"La gente se siente cada vez más incómoda con la economía algorítmica que ve nuestra atención como un producto vendido a los anunciantes para mantener nuestros ojos en las pantallas el mayor tiempo posible", explica al medio la doctora Kaitlyn Regehr, autora de Smartphone Nation: Why We're All Addicted to Screens and What You Can Do About It (Pac Macmillan, 2025).

"Gran parte del estilo de vida analógico consiste en intentar ser más intencionales con el uso, hacer que la tecnología funcione para nosotros de la manera que queremos que funcione y, en última instancia, volver a centrarnos en lo colectivo desde esta forma de ser individualista", explica.

En plena fascinación de la generación Z por lo físico y lo coleccionable, apostar por obras tangibles de artistas independientes encaja de lleno en este renacer de lo analógico. Además, tiene un valor añadido: apoyar directamente a los creadores a los que se admira.

Conexión sin pantallas

Las suscripciones por correo postal suponen que, a cambio de una pequeña cuota mensual, se recibe un sobre lleno de material impreso que suele estar orquestado alrededor de una temática.

La periodista Hatti Rex señala que, como ocurre con cualquier negocio independiente, existe un debate en la comunidad sobre los creadores que cobran menos de lo que deberían, algo que desequilibra el ecosistema creativo y devalúa de forma alarmante el esfuerzo de las personas.

Victoria Ng, fundadora de Pinato Crafts, comenta que "crea una carrera hacia el abismo" que dificulta el apoyo a lo que hacemos de forma sostenible y accesible. "La cultura del ajetreo nos empuja a producir en exceso y cobrar menos de lo que deberíamos cuando la lentitud y el cuidado exigen límites; el precio debería reflejar la intención detrás de la obra", dice.

Irene Rain es la creadora de La Cartota, el primer proyecto de su nuevo estudio creativo El Estudio Rain: un espacio que nace para desconectar de pantallas y redes sociales y volver a explorar la creatividad sin prisas.

"El mail club surge como un refugio frente a todo el ruido digital que vivimos ahora mismo. Una vez al mes, envío una postal por correo a todas las suscriptoras. Llega a su buzón, se abre con las manos, se lee en físico y se puede guardar. Es justo lo contrario a las redes: no es inmediato, no es digital y no es reemplazable", comenta a Magas.

"En mi caso, La Cartota es una mezcla de cultura, arte y esas cosas que me gustan y forman parte de mi vida", dice, y explica que "cada edición se diseña en torno a un tema concreto e incluye una carta personal escrita por mí".

En el sobre también incluye "un tarjetón dedicado a la mujer del mes, una postal creada por una artista emergente y pequeños extras creativos pensados para olvidarnos de las pantallas durante un ratito". Cada edición es distinta, pero todas comparten la misma intención: parar, inspirarse y crear sin pantallas", explica.

La terapeuta experta en desarrollo personal, Ángela Vazi, recuerda que la correspondencia en papel cambia el tipo de relación que se crea entre quien escribe y quien recibe.

Mujer metiendo una carta en un buzón.

Mujer metiendo una carta en un buzón. iStock

"Cuando alguien se sienta a redactar a mano, está haciendo algo que hoy es casi un acto de presencia: parar, pensar, elegir palabras, tachar, volver a empezar... y dedicarle un rato que es real. Y eso no se puede scrollear. Por eso, para quien la recibe, una carta suele leerse como un gesto de cuidado: 'Me has dedicado tiempo, no solo es un mensaje rápido'", asegura.

También es una actividad que obliga a bajar el ritmo. "La investigación sobre escritura manual frente a teclear sugiere ventajas en atención, procesamiento y memoria. Incluso se ha observado que se asocia a patrones cerebrales más complejos vinculados al aprendizaje", comenta.

Sofía Ostoic decidió crear Mail Club como su proyecto personal. Siempre ha trabajado para proyectos de otras personas y quería tener algo que fuera suyo y donde poder tener absoluta libertad creativa. "Es mi manera de retomar el arte de la correspondencia y experimentar nuevos medios y técnicas artísticas", asegura.

Por su parte, Félix Torán, autor de La mente enfocada (Luciérnaga, 2025), recalca que la escritura manual o el journaling permite a los jóvenes tomar distancia de la pantalla y reconectar con lo esencial. "Les ayuda a sentir con propiedad sus pensamientos y emociones, en lugar de ser arrastrados por el flujo continuo de estímulos digitales".

"Estas prácticas funcionan como meditaciones activas: lo manual abre nuevas vías de conciencia, calma la mente dispersa y favorece la autenticidad interior", dice.

Y añade: "Que la escritura manual esté recuperando fuerza no es un rechazo extremo de lo digital, sino una señal positiva: la búsqueda de un equilibrio sano. Por eso, hoy más que nunca lo analógico no es una moda, sino una necesidad humana de pausar, interiorizar y dar sentido en un mundo que tiende a dispersar nuestra atención".

Contra la saturación

En tiempos digitalizados, ¿por qué ansiamos el regreso al mundo analógico y a las cartas? Considera que se debe a la saturación. "Son muchísimos los estímulos digitales, las pantallas, los anuncios... Volver a lo analógico nos da la oportunidad de parar. Todo es más pausado y parece que respiras aire fresco".

"La correspondencia es un medio de comunicación que requiere desconectarse de las pantallas, dejar de mirar hacia afuera y empezar a mirar hacia adentro. Requiere conectar con tus emociones, requiere atención, requiere concentración. Además, ¿a quién no le gusta recibir algo bonito en su buzón?", se pregunta.

Vazi matiza que lo analógico no está volviendo para ir en contra de lo digital, sino que está funcionando como contrapeso, para equilibrar. "Para muchos jóvenes, lo manual es una forma de elegir un ritmo, un objeto, una atención... Y un tipo de vínculo que no dependa de algoritmos", apostilla.

Irene Rain indica que la gente está cansada de estímulos, de pantallas y de contenido que se consume y se olvida en segundos, por lo que los mail clubs funcionan como un paréntesis de calma.

"En un momento en el que todo es rápido y reemplazable, recibir algo físico, cuidado y hecho a mano me parece de un valor incalculable. Además, creo que no sólo es nostalgia, sino una necesidad de volver a lo tangible y a las conexiones de verdad, que es justamente lo que me ha animado a abrir mi comunidad", asegura.

Creatividad y rebelión

"La Cartota colabora cada mes con una artista emergente. Es una manera de apoyar el arte hecho por personas y para personas. Me gusta mucho poder apostar por lo artesano, lo personal y lo imperfecto. Todo en La Cartota está diseñado por mí y, en el caso de la postal, por la artista del mes. Es algo casero, hecho a mano y con mucho cariño", explica.

Desde que creó Mail Club en octubre de 2024, Ostoic se ha dado cuenta de la cantidad de gente que busca una manera de conectar a nivel humano.

"Encontrar tu pen pal para mandarte postales, unirte a un journal club, o incluso crear uno tú misma… Pienso que para este grupo de personas, que cada vez son más y en el que me incluyo, ese tipo de contenido no queda perdido en el vacío", asegura.

En su caso, las redes sociales le han permitido encontrar su comunidad y conectar a nivel humano con muchísimas personas que se han convertido incluso en sus amigas.

"A la vez que la inteligencia artificial tiene más presencia, pienso que también nosotras nos tomamos el tiempo para elegir el contenido que queremos consumir. Y apoyar a los artistas que crean iniciativas como Mail Club puede parecer una acción pequeña, pero yo la veo revolucionaria", asegura.

Imagen de archivo de un club de mujeres.

Imagen de archivo de un club de mujeres. iStock

Lo cierto es que en tiempos en los que esperar un WhatsApp genera ansiedad o se ha convertido en algo tan habitual que carece de emoción alguna, el placer de recibir una carta especial puede funcionar como la fórmula perfecta para dar una inyección de ilusión al día.