Delia, dueña de una churrería en Torrejón de Ardoz, Madrid.

Delia, dueña de una churrería en Torrejón de Ardoz, Madrid.

Estilo de vida

Delia, dueña de una churrería: "Jamás vendemos este tipo de churros porque son mucho menos sanos"

Para la empresaria, el mejor churro no es el más llamativo ni el más innovador, sino el que respeta la receta tradicional.

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Durante años, el churro ha sido uno de los grandes protagonistas del desayuno en España. Sencillo, barato y fácil de encontrar, ha acompañado generaciones enteras en bares, cafeterías y churrerías de barrio.

Igual de conocidos a nivel mundial que el jamón o la paella, no todos los churros, sin embargo, son iguales ni todos convencen; mucho menos a quienes dedican su vida profesional a hacerlos cada día.

Delia abrió su churrería en Torrejón de Ardoz hace apenas unos meses, pero su relación con este oficio viene de lejos. "Siempre me ha gustado hacer churros", explica a una reportera de EL ESPAÑOL mientras atiende a los clientes que entran buscando café y algo caliente para empezar la mañana.

Ese gusto personal fue el empujón definitivo para montar su propio negocio, centrado en lo más clásico.
Precisamente por conocer bien el producto, Delia tiene muy claro cuál es el tipo de churro que ella nunca recomendaría.

No duda ni un segundo: los churros rellenos. "Nosotros no los tenemos en carta porque son mucho menos sanos", afirma con rotundidad desde detrás de la barra.

El problema no es la masa

El churro tradicional apenas ha cambiado con el paso del tiempo. Agua, harina y sal son los únicos ingredientes necesarios para elaborar una masa que, una vez frita, se convierte en uno de los dulces más reconocibles de la gastronomía popular. Esa sencillez es, precisamente, uno de sus puntos fuertes.

Con los años, sin embargo, han ido apareciendo versiones más elaboradas que buscan atraer a nuevos públicos. Los churros rellenos son el ejemplo más claro.

Chocolate, dulce de leche, crema pastelera o rellenos similares se introducen en el interior de la masa una vez frita, multiplicando el sabor… y también el contenido calórico.

"La masa es la misma que la de un churro normal", reconoce Delia. "El problema está en las cremas que llevan dentro". Esas cremas suelen concentrar grandes cantidades de grasas y azúcares, elementos que convierten al churro en un producto mucho más pesado desde el punto de vista nutricional.

Churros rellenos

Churros rellenos iStock

Por eso, aunque puedan resultar más atractivos a simple vista, los churros rellenos no son una opción que Delia considere adecuada para un consumo frecuente.

Coberturas que restan

Los rellenos no son el único elemento que puede convertir un churro sencillo en algo menos recomendable. También las coberturas juegan un papel importante.

"Lo mismo ocurre con los churros bañados en chocolate o los que van cubiertos de azúcar", señala la churrera.
El azúcar espolvoreado, el chocolate fundido o incluso las versiones más recientes con chocolate blanco, canela o frutos secos añaden una capa extra de grasas y azúcares que se suma a la fritura.

El resultado es un producto más calórico, más pesado y menos adecuado para quienes buscan un desayuno ligero.
Delia no demoniza estos churros, pero sí insiste en que deben consumirse con moderación.

"Un churro clásico ya es un capricho. Si encima le añades rellenos y coberturas, deja de ser algo ocasional y pasa a ser casi un postre". Por ese motivo, en su establecimiento ha optado por no ofrecer este tipo de variantes.

Prefiere centrarse en una carta corta, basada en recetas tradicionales y sin añadidos innecesarios que desvirtúen el producto original.

Las porras, las favoritas

En la churrería de Delia, los churros conviven con las porras, que se han convertido en el producto estrella. Más gruesas, esponjosas y menos crujientes, las porras tienen un público fiel que las prefiere al churro fino de toda la vida.

"A la gente le gustan porque se pueden mojar mejor en el café", explica Delia mientras sirve un desayuno completo a una pareja habitual. También destaca que, al no llevar rellenos ni coberturas, resultan una opción más sencilla y equilibrada dentro de lo que es un dulce frito.

Su compañero, que trabaja junto a ella tras la barra, coincide en el diagnóstico. "La mayoría viene buscando algo clásico. Lo de siempre". Y los datos lo confirman: las porras son lo que más se vende cada mañana.