Lorena, dueña de una cafetería en Barcelona.

Lorena, dueña de una cafetería en Barcelona. YouTube

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Lorena, dueña de una cafetería: "Necesito facturar al menos 470 euros diarios para no perder dinero"

La empresaria barcelonesa habla sin tapujos sobre la enorme diferencia entre facturar y ganar dinero, algo que no siempre se tiene en cuenta. 

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Abrir una cafetería ya no es solo una cuestión de vocación o de visión de negocio. Detrás de cada barra hay números, decisiones financieras y una presión constante por mantener el equilibrio.

Lorena lo sabe bien. Es propietaria de una cafetería de especialidad en el área metropolitana de Barcelona y ha decidido contar, sin adornos, cómo es la realidad económica de su negocio.

Su historia desmonta una de las ideas más extendidas sobre la hostelería: facturar no es lo mismo que ganar dinero. "Hay días en los que trabajas a pleno rendimiento y aun así estás haciendo cuentas para ver si has cubierto costes", resume.

La cafetería abrió sus puertas tras meses de planificación y una inversión importante. Desde el primer día, la prioridad fue ofrecer un producto cuidado y diferenciarse de la oferta tradicional del barrio. Pero la calidad también tiene un precio.

El proyecto arrancó con una inversión inicial de unos 105.000 euros. Una cifra que incluye la adecuación del local, maquinaria, licencias y una parte de ahorro personal. "No es solo abrir la persiana. Antes de servir el primer café ya estás endeudada", explica.

Inversión y gastos fijos

Una vez en marcha, los gastos fijos se convierten en la mayor presión mensual. Alquiler, salarios y cotizaciones sociales suman entre 7.000 y 7.500 euros cada mes. "Eso es dinero que tienes que generar sí o sí, vendas mucho o poco", apunta.

A esos gastos se añaden los costes variables, que fluctúan según el volumen de ventas, pero no dejan margen para relajarse.

El café supone alrededor de 1.500 euros mensuales, la leche fresca unos 300, y otros productos como refrescos o bebidas especiales elevan el gasto total hasta situarlo entre 9.000 y 10.000 euros al mes.

Cómo no perder dinero

Con esa estructura de costes, el margen de error es mínimo. La facturación media mensual de la cafetería se mueve entre los 11.500 y los 12.000 euros. Sobre el papel puede parecer una cifra cómoda, pero la realidad es más ajustada.

"El punto de equilibrio está en unos 470 euros diarios de facturación. Por debajo de eso, no se cubren los costes", afirma Lorena. Cada jornada que no alcanza esa cifra se traduce en pérdidas que hay que compensar con los días fuertes.

En el primer año de actividad, el negocio facturó alrededor de 138.000 euros. De todo ese volumen, el dinero que realmente queda en la cuenta bancaria es muy limitado. "Al final del año, el beneficio real ronda el 8 o el 9%", detalla.

El préstamo bancario con el que arrancó el proyecto pudo devolverlo al cabo de un año y medio. Sin embargo, recuperar por completo los ahorros personales invertidos llevará más tiempo. Según sus cálculos, necesitará al menos tres años manteniendo el ritmo actual para empezar a hablar de beneficios netos reales.

Qué sostiene la rentabilidad

Uno de los aprendizajes clave ha sido entender qué se gana y qué no en una cafetería. Aunque el café es el producto estrella de cara al cliente, no es el más rentable. Cada taza tiene un coste aproximado de 55 céntimos y se vende a 1,80 euros. "El margen es mucho más pequeño de lo que la gente imagina", reconoce.

La repostería, en cambio, marca la diferencia. Las galletas caseras dejan alrededor de un 40% de beneficio, mientras que algunos productos de bollería alcanzan márgenes del 55%. "Sin la parte dulce, el negocio no saldría", admite.

Lorena, dueña de una cafetería en Barcelona.

La demanda, además, cambia según la estación. En invierno pueden venderse hasta 70 galletas al día y el consumo de café se dispara. En verano, esa cifra cae drásticamente y entran en juego otras bebidas, como limonadas o refrescos, con precios más altos y mejor margen.

Lorena insiste en que mostrar estos números es necesario para entender por qué muchos negocios no sobreviven. “No es falta de trabajo. Es que los costes van por delante. Y si no lo sabes, te das cuenta demasiado tarde”.