Eva, cocinera y su truco para unas gambas al ajillo perfectas.

Eva, cocinera y su truco para unas gambas al ajillo perfectas.

Estilo de vida

Eva, cocinera: "El truco para unas gambas al ajillo perfectas no es la temperatura del aceite, es retirar los ajos antes"

Se trata de una receta tan simple como deliciosa, sin embargo, es importante conocer uno de los errores más comunes a la hora de cocinarla. 

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Las gambas al ajillo es una receta casi tan española como la tortilla de patatas o las croquetas. Por ello, el cómo hay que cocinarlas para que queden perfectas es tan importante como el resultado final.

El chisporroteo del aceite, el aroma del ajo y el punto exacto del marisco convierten esta tapa en un pequeño espectáculo doméstico. No es casualidad que siga siendo una de las recetas más buscadas cuando se quiere compartir algo sencillo, rápido y profundamente sabroso.

En ese terreno juega con ventaja el canal de YouTube Evacuinera, que ha publicado un tutorial dedicado a uno de los grandes clásicos del recetario español.

Lejos de complicaciones, la propuesta se apoya en técnica, producto y sentido común. Y, sobre todo, en un truco que marca la diferencia entre unas gambas correctas y unas memorables.

Para esta cocinera, experta en hacer fáciles las recetas más típicas, es retirar los ajos antes de incorporar las gambas a la sartén para, de este modo, evitar el amargor del producto. 

Solo tres ingredientes

La filosofía de la receta es clara: cuantos menos elementos, más precisión hace falta. Aquí no hay salsas complejas ni tiempos largos. Solo gambas, ajos y guindillas, acompañados por un aceite de oliva virgen extra generoso que actúa como hilo conductor de todo el plato.

La autora insiste en la importancia del producto. Los ajos deben ser de calidad, bien laminados y controlados en el fuego. Las gambas, por su parte, tienen que estar limpias, peladas y, sobre todo, perfectamente secas.

Ese detalle, aparentemente menor, es clave para que el aceite emulsione bien y no se convierta en una mezcla aguada y peligrosa.

El resultado buscado no es solo sabor, sino textura. El aceite debe envolver el marisco, no hervirlo en sus propios jugos. Por eso se huye del agua y se apuesta por el calor alto y preciso.

El truco que cambia todo

El gesto más sorprendente de la receta llega al principio. Los ajos se doran primero y se retiran antes de que entren en escena las gambas. No es un capricho, sino una decisión técnica con varias consecuencias positivas.

Dejar los ajos en el aceite durante toda la cocción aumenta mucho el riesgo de que se quemen. Y un ajo quemado no solo es desagradable al morderlo, sino que amarga todo el conjunto. Al retirarlos en el punto justo, se conserva su sabor tostado y se evita que estropeen el plato.

Receta de gambas al ajillo

Además, este sistema permite un mayor control. Los ajos vuelven al final, cuando las gambas ya están en su punto, para integrarse durante apenas unos segundos. El resultado es un aceite aromático, equilibrado y sin notas agresivas.

A este truco se suma otro igual de importante: las gambas deben estar muy bien escurridas. Si entran húmedas en el aceite hirviendo, no solo se rompe la emulsión, sino que se producen salpicaduras peligrosas. La receta, en este sentido, es tan sabrosa como prudente.

Gambas al ajillo

La receta original recomienda usar una cazuela de barro sobre fuego directo, un clásico que mantiene el calor y realza la experiencia al servir. Sin embargo, no todas las cocinas lo permiten. La inducción, por ejemplo, no funciona con este material.

Lejos de ser un problema, Eva avisa con que basta con usar una sartén pequeña para cocinar y, si se desea, pasar después el contenido a la cazuela de barro ya caliente para llevarla a la mesa. La técnica no se resiente y el resultado sigue siendo el mismo.

Ingredientes

Gambas al ajillo

  • Gambas: Pueden ser frescas o congeladas, siempre que sean de alta calidad (como la gamba roja). Es fundamental que estén peladas y limpias.
  • Ajos: Buenos dientes de ajo para cortar en láminas.
  • Guindillas o cayenas: Imprescindibles para el toque picante.
  • Aceite de oliva virgen extra: Debe ser de buena calidad y en cantidad abundante, suficiente para cubrir las gambas.
  • Nota sobre el utensilio: Lo ideal es usar una cazuelita de barro apta para fuego directo (gas o vitrocerámica). Si tienes inducción, tendrás que hacerlo en una sartén pequeña y luego pasarlo a la cazuela de barro para servir, ya que el barro no funciona en inducción.

Paso 1

Corta los dientes de ajo en láminas.

Paso 2

Limpia las gambas quitándoles el intestino. Paso crucial: Asegúrate de que las gambas estén muy bien escurridas y secas. Si tienen exceso de agua, el aceite saltará peligrosamente y la salsa quedará deshecha en lugar de emulsionar correctamente.

Paso 3

Pon la cazuela o sartén a fuego muy fuerte.

Paso 4

Añade una buena cantidad de aceite de oliva virgen extra y espera a que esté bien caliente.

Paso 5

Cuando el aceite hierva, añade los ajos laminados.

Paso 6

Deja que se doren hasta que tengan el color que te gusta.

Paso 7

Retíralos del aceite y resérvalos. Esto evita que se quemen y amarguen el plato mientras se cocinan las gambas.

Paso 8

Con el aceite caliente (y ya aromatizado por el ajo), añade las gambas limpias y secas.

Paso 9

Añade las cayenas (guindillas) a la mezcla. La cantidad depende de tu gusto por el picante.

Paso 10

Cocina hasta que la gamba esté en su punto: cocida pero jugosa, evitando que se pase.

Paso 11

Una vez las gambas están listas, baja un poco el fuego y vuelve a añadir los ajos dorados que habías reservado.

Paso 12

Dale un par de vueltas a todo junto durante aproximadamente un minuto para que se integren los sabores.

Paso 13

Sirve inmediatamente, con cuidado ya que la cazuela estará muy caliente.