Entrega de reconocimientos  Asociación Francisca de Pedraza

Entrega de reconocimientos Asociación Francisca de Pedraza Foto cedida por Asociación Francisca de Pedraza Imagen en acción

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En busca de luchadores incansables contra la violencia de género

Se entregan los reconocimientos a las personas que pelean contra el maltrato y se buscan candidaturas al premio Francisca de Pedraza que se entregará a finales de noviembre

19 septiembre, 2022 15:04

Francisquita es mucho más que una Zarzuela Francisquita es un busto con la imagen supuesta de Francisca de Pedraza. Mucho más que una escultura. Mucho más que una imagen. Porque es el reconocimiento a una mujer que con su lucha fue pionera en la defensa de los derechos de sus congéneres, empezando por ella misma.

Logró la primera sentencia de divorcio en el mundo (que se conozca) por violencia de género. Y corría el año 1624. Francisca era huérfana. Había pasado su infancia en el convento de san Juan de la Penitencia, en Alcalá de Henares, un lugar en el que las carmelitas descalzas formaban a las jóvenes para el matrimonio o para tomar los hábitos.

Un hogar, fundado por el cardenal Cisneros, del que obtenían no solo una pequeña dote si se casaban, sino una formación poco habitual en la época, lo que probablemente fue la base de que aquella mujer que había nacido en la pobreza supiera cómo manejarse tras su boda con Jerónimo Jaras, un burgués que no por medios creía en la igualdad.

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Tales fueron las palizas que propinó a su esposa, que esta llegó a perder un bebé, a causa de las patadas propinadas en su vientre. Tales fueron las denuncias que ella interpuso, que han llegado a nuestra época.

Pero, claro, hay que recordar que la hazaña tuvo lugar en el siglo XVII, cuando eso de los malos tratos eran maneras simplemente reprobables por las que diversas sentencias civiles y eclesiásticas tan solo conminaban al esposo a mantener la calma o ser más cariñoso y bondadoso.

Es de imaginar, dada la personalidad de Jaras, que aquellas sentencias solo servían para elevar su furia y el del tono de las palizas. Alcalá de Henares tenía jurisdicción propia en la Universidad y allí, en la Audiencia Escolástica de la Universidad de Alcalá de Henares, interpuso la última y definitiva denuncia Francisca, ante el rector Don Álvaro de Ayala.

Conmovido por el caso, en efecto decidió el divorcio e incluso fue más allá, dictando lo que hoy entenderíamos como orden de alejamiento, precisamente para evitar mayor dolor. Impuso, además, la devolución de la dote que la fiera había obtenido por matrimonio.

Fue esta biografía la que inspiró a la alcalaína Asociación de Mujeres Progresistas Francisca de Pedraza y a su presidenta, Julia Pérez Correa, a la creación del premio del mismo nombre que, desde hace seis años, se otorga en torno al 25 de noviembre, fecha en la que se conmemora el Día Internacional Contra la Violencia de Género.

Porque aunque parezca inverosímil, en pleno siglo XXI la conciencia de la desigualdad entre hombres y mujeres y la creencia en la supremacía masculina llevan a que siga siendo necesaria la reivindicación la igualdad y por tanto la desaparición de violencia.

Las cifras que lo atestiguan están publicadas: desde enero de 2003, fecha en la que comenzaron a contabilizarse los casos, 1.185 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas y, concretamente, 28 en lo que llevamos de año.

Cada día se denuncian en nuestro país seis violaciones (¡las que habrá sin denunciar!); 64.000 mujeres están en estos momentos en España bajo vigilancia por malos tratos.

Este año, frente al actual rector, don José Vicente Saz, el mismo día en que se dieron a conocer las bases del VI Premio Francisca de Pedraza, se entregaron unas réplicas a personas que han trabajado o trabajan por acabar con esta lacra.

Y tuve la inmensa suerte de recibir una de ellas, un pequeño busto creado por la escultora Pilar V. de Foronda. Conmigo, tuvieron su “francisquita” Marta Robles, que además condujo el acto, las periodistas Sandra Sabatés, Paloma Garaboa y Ana Isabel Peces; la dramaturga Juana Escabias; el Consejo de Estudiantes y Protocolo de la Universidad de Alcalá; el director de orquesta Andreas Prittwitz y la diseñadora digital Esther Morote.

En mi caso, en un discurso completamente improvisado, puse de manifiesto dos temas que me tocan el corazón. En primer lugar, la infancia. De hecho, como dije, me emocionó especialmente que el acto comenzara con una pieza musical tan maravillosa como la Nana de Manuel de Falla.

Me condujo a pensar no solo en los niños y las niñas que son víctimas de violencia vicaria, sino también en la tragedia que viven aquellos que conviven con maltratadores, o en el infierno en el que arden aquellos cuyas madres son maltratadas y no digamos si son asesinadas.

En segundo lugar, también la infancia. Y su educación. Recordé que, como se había dicho innumerables veces en el transcurso del acto, en ella radica la clave. Pero también que, en las casas, los niños y las niñas conviven con un arma que puede ser de destrucción masiva, ese móvil desde el que tienen acceso al porno.

Se supone que desde los 11 años lo consumen. Y no se supone, se sabe, que la imagen que reciben del sexo y de la mujer es de violencia, de desigualdad, de vejación.

La mujer que sublima el porno es violentada y disfruta con esa violencia, carece de derechos, sufre maltrato. El hombre que sublima el porno es maltratador, en esencia. Así se forman los niños y las niñas en un sexo que podrían desear a esa imagen y semejanza.

Así, en la desigualdad absoluta servida en una pequeña pantalla a través de la que, por cierto, y eso no lo dije, también acceden a la prostitución digital. En ella, niñas y mujeres sirven su cuerpo a jóvenes y hombres que se esconden tras el ordenador, la tablet o el móvil mientras se exhiben y son usadas, víctimas de la ciberexplotación, como dice mi querida amiga Mabel Lozano, quien por cierto ganó el V Premio Francisca de Pedraza, ex aequo con Isabel de Ocampo.

Si conocen a alguien merecedor del Premio Francisca de Pedraza contra la violencia de género, anímense a presentar su candidatura, para esta VI edición o para las siguientes: la finalidad del galardón es distinguir y reconocer la trayectoria de aquellas personas, colectivos, medios de comunicación, entidades o instituciones que han destacado o destaquen por su compromiso y dedicación en la lucha contra la violencia de género. Hacen mucha falta luchadores contra esta lacra.