El último día de San Valentín cayó en domingo. Ese día, la fiscal Escarlata Gutiérrez publicó un hilo en Twitter sobre la retirada del condón sin consentimiento durante las relaciones sexuales. Es un delito. El hilo lleva más de un millón y medio de visualizaciones. “Tuvo una gran repercusión porque existe desconocimiento”, valora la fiscal. “Informar sobre qué es delito es una función preventiva que se puede ejercer a través de los medios de comunicación, de las redes sociales”, expresa. La retirada del preservativo sin consensuarlo se conoce como stealthing -sigilosamente, en inglés-, es un delito contemplado en el Código Penal y puede superar los cuatro años de cárcel.

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¿Una llamada perdida quebranta la orden de prohibición de comunicación? ¿Se pueden usar fotos de redes sociales de otras personas? ¿Qué es el habeas corpus? Son algunos de los temas que la fiscal trata semanalmente en sus hilos y vídeos en redes sociales. Lo hace a través de varios canales: cuenta con más de 37.000 seguidores en Twitter y tiene su propio canal de YouTube.

En medio de La Mancha, esos juzgados medianos “en los que hay que hacer de todo” son su base de operación. Estamos en Manzanares, Ciudad Real, 18.000 habitantes. Gutiérrez se encarga de “juzgado y medio” y de delitos tecnológicos y económicos. Y la red que ya es su segunda casa, Twitter, se presenta como ‘fiscal de trinchera’.

El término

“Un fiscal de trinchera hace mil cosas a la vez, está en primera línea de fuego contribuyendo a sostener el Estado de Derecho”.

Ahí es nada. Asegura que la expresión no la inventó ella, aunque así tituló un artículo en el que explicaba cuál es el papel del fiscal. Desgranaba en él no sólo qué hace un fiscal, también cuánto cobra.

La expresión utilizada por la fiscal influencer se ha llegado a escuchar en el Congreso. Dolores Delgado, la actual fiscal general del Estado lo usó en su comparecencia en febrero de 2020 cuando explicó sus 30 años de carrera como fiscal. Ante sus señorías se presentó como una fiscal “funcionaria de trinchera”.

Términos para definir su trabajo, hilos de Twitter con explicaciones sencillas sobre delitos, sobre los límites del derecho de defensa, sobre qué es un juicio rápido o por qué llegar a acuerdos de conformidad…. Todo forma parte de una estrategia: comunicar qué es un fiscal y cuál es el papel de la Fiscalía. Un objetivo que Escarlata se marcó un día tras leer una estadística. Decía que los fiscales -que hacen la misma oposición que los jueces- eran uno de los operadores jurídicos más desconocidos para la sociedad española. En ese momento, puede decirse que se prometió a sí misma acabar con ese desconocimiento.

“Somos garantes de la legalidad, nos encargamos de proteger a los más vulnerables”, recuerda la fiscal, que llegó a diseñar una Estrategia de Comunicación que envió a la Fiscalía General. 30 páginas. No prosperó. Falta de medios, en principio. Y decidió arremangarse ella misma. “Me baso en la comunicación de la Policía y la Guardia Civil”, asegura. “Es una forma de acercar lo que hacemos con un lenguaje cercano”. Empezó, vio que había interés y siguió y siguió hasta que sus hilos se han convertido en lectura obligada de domingo para sus miles de seguidores. El del condón se viralizó de una forma que todavía le sorprende.

Fiscal 'youtuber'

Hoy ha profesionalizado su trabajo en redes. Opera con un calendario: los domingos hilo y los martes, vídeo.

Hace unos días le llegaba un reconocimiento externo por su labor. La Asociación Profesional de Peritos de Nuevas Tecnologías acaba de nominarla para su Premio Pericia Tecnológica al Mejor Comunicador de Ciberseguridad en 2020. Una nominación que asegura, le ha hecho especial ilusión. Es un reconocimiento a un trabajo a la que le dedica prácticamente todo su tiempo libre. “Mi trabajo como fiscal es absorbente y tengo dos hijos. Así que mi tiempo libre es mi comunicación: yo no me siento en el sofá, trabajo prácticamente todos los días, salvo los sábados. Esto es mi hobby, pero es muy necesario”. Y no olvidemos, se lo había prometido a sí misma.

‘Lo que el viento se llevó’

Y ese tipo de promesas son algo de familia. Cuando era pequeña a la fiscal Escarlata Gutiérrez no le gustaba mucho su nombre. Le hacía “destacar”, recuerda. Ahora, sin embargo, le encanta. Porque es “especial” -en España, según el INE sólo hay 190 Escarlatas-. No sólo “tiene mucha personalidad”, nos dice. También le recuerda la valentía de su madre: “Era muy original para la época”. Su madre, siendo adolescente, había leído Lo que el viento se llevó y con la misma vehemencia con la que O’Hara se hizo aquella promesa de no volver a pasar hambre, se dijo a así misma que si tenía una hija la llamaría Escarlata.

Pasó en 1985, cuando en el centro de Madrid vino al mundo la hoy fiscal en el corazón de La Mancha. “Mi padre era abogado y me inculcó el amor por el Derecho”. Hija única, a los 15 tuvo claro que quería ser juez. Y “no me valía que me dijeran que no”. Y entonces, ¿qué pasó? Gutiérrez estudió Ciencias Políticas y Derecho, doble licenciatura -fue Premio extraordinario en ambas-, en la Universidad Autónoma de Madrid. Se preparó la oposición con un fiscal. Aquello ya influyó. También que le dijeran que siendo fiscal podría conciliar mejor y llegar antes a Madrid. Y así, aunque reconoce no estaba “nada convencida” al principio, optó por opositar a fiscal.

Tras aprobar e ingresar en la Escuela se fue dando cuenta “de lo bonita y desconocida” que era la carrera elegida. Aunque, eso sí, no oculta que le sigue “gustando la función del juez: resolver, poner sentencias…”. Pero como con su nombre, hoy está convencida: “Me parece fundamental el papel que tenemos los fiscales”.

En Manzanares desde 2013, lo de acercarse a Madrid ya es otro cantar. Chica de capital, se ha adaptado. A la localidad y a la fiscalía. “Es un lugar como decía Don Quijote, con gente hospitalaria”, explica, mientras recuerda que al principio no ayudaba, por ejemplo, no conocer el nombre de los abogados. Ahora es difícil lo contrario. En Manzanares son cinco fiscales. Castilla-La Mancha, asegura, es la segunda región con menor ratio de fiscales por habitantes. En toda la provincia de Ciudad Real hay 22. Entre los casos más duros que recuerda, siempre, dice, los de pornografía infantil. “Todos los que afecten a menores, abusos sexuales, violencia doméstica…”.

Al igual que en un juicio en Manzanares pueden encontrarla, togada, sentada a la derecha del juez, a cara descubierta en las redes. La fiscal influencer de melena rubia pone también fotos de sus looks y de alguna salida con amigas.

Cuestión de género

Escarlata Gutiérrez está “muy orgullosa” de su trabajo de divulgación. También de los pocos perfiles que ha tenido que bloquear. En total, nos dice, 11 personas, por “conductas que rozaban el acoso”. En redes no entra en debates polémicos ni en casos concretos. Por supuesto, tampoco en los que están sub iúdice. Abiertos. Le preguntamos por los indultos a Cataluña: “Ya se verá, pero la sensación va a ser complicada, aunque sea un instrumento previsto en la Ley”.

Y más allá de cuestiones jurídicas, retuitea y habla de otros temas, como el feminismo. Y la batalla por la Igualdad también es su terreno. “Somos el 68% de los fiscales, pero no llegamos al 30% de los puestos directivos”. Se ha documentado para encontrar las razones: “No responde a la edad -por eso de que los mayores están más arriba-: al final, las mujeres nos presentamos menos a los puestos altos”.

Escarlata Gutiérrez, la fiscal ‘influencer’ Escarlata Gutiérrez

Y en su búsqueda de porqués, Gutiérrez habla de los “estímulos negativos” que reciben las mujeres y con los que hay que acabar: “No se ve igual que yo me quede trabajando un domingo a que lo haga un hombre: si yo me paso el fin de semana trabajando al final alguien me recuerda que no he estado en el parque con los niños”, dice.

“Claro que los estereotipos nos ponen límites, porque tienes que luchar cada vez y al final ir contracorriente también supone desgaste psíquico”. Por eso, recuerda, hay que insistir en la ayuda y en el reconocimiento para evitar ‘bajones’ en las carreras y que la carga de trabajo de la casa no sea un freno.

“Seguimos marcados por algunos estereotipos”, analiza la fiscal. Como que se espera que “sea la madre la que baje al parque, organice las fiestas de cumpleaños o vaya a yoga”. Por el contrario, no se espera tanto, dice, “que escribamos artículos jurídicos”. De nuevo, las estadísticas: las mujeres publican mucho menos que los hombres -el 75% los firman ellos-.

Por eso, ella defiende el ‘paso adelante’. Ese que deben dar las fiscales para estar, por ejemplo, en más congresos. “Se está intentando fomentar que seamos más mujeres fiscales como ponentes en los cursos”. Ella lo hace, lo de fomentar que haya más mujeres en altos cargos, desde la Asociación Woman in a legal Word que trabaja precisamente para potenciar la visibilidad y el liderazgo de las mujeres en la judicatura, la abogacía…

Y a quienes dicen que ya existe la igualdad y es una cuestión de decisiones les recomienda que no se queden “en la explicación simple”: “Si sacamos más plazas en las oposiciones, algo está fallando. Si una mujer no se anima a un proceso de ascenso igual es porque existe una inseguridad, porque falta confianza”. Y por eso tiene claro que igual que hay que trabajar para que se conozca más el papel del fiscal, hay que hacerlo también por la igualdad: “La igualdad real no existe y no llegará sin hacer nada”.

¿Serviría poner una ‘a’ detrás de fiscal? "¿Fiscala? Es un término muy feo y nadie lo usa”, nos dice. Y la dejamos, orgullosa de su nombre, de su trabajo y de su línea de comunicación, ultimando escritos y pensando en sus próximos hilos.

¿Un adelanto para nuestros lectores, sobre qué irá? Aún no lo sé, lo preparo el mismo sábado por la mañana.