La médica Elena Castro (41 años) lleva más de 12 años investigando un cáncer que es ajeno a su cuerpo pero no a su mente, puesto que es una de las mejores oncólogas en próstata de nuestro país (y de parte del extranjero, como demuestra su currículo).

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De hecho, la investigación que está llevando a cabo ahora es clave para conocer cómo pueden influir las alteraciones genéticas en este tipo de cáncer y en otros. Es decir, si un padre que ha sufrido cáncer de próstata puede 'legar' genéticamente la tendencia a padecer ciertos tumores que acaban desarrollando cáncer de mama, de ovarios, de colon o de páncreas, entre otros.

Unas conclusiones que pueden ser importantísimas tanto en la prevención, con la detección precoz y cribados preventivos, como en la prescripción de los medicamentos más efectivos para cada paciente.

Elena Castro, con Marta Cardona, directora de CRIS contra el cáncer. F. Cris

Y todo gracias al gen BRCA2, un compañero de viaje que se trajo de sus cuatro años de investigación en Londres, donde gracias otra mujer empezó a especializarse precisamente en el cáncer de próstata.

"Cuando acabé mi carrera en Salamanca me fui a hacer un fellowship en genética del cáncer en The Royal Marsden Hospital&The Institute of Cancer Research en Londres. Empecé con el cáncer de próstata por una investigadora que estaba allí y que me interesaba muchísimo. ¡La importancia de los referentes! Y se me ocurrió plantear el estudio de la influencia de este gen en la enfermedad. Y hasta aquí", resume Elena casi como si el talento fuera cuestión de coincidencias.

Desde ese momento, el BRCA2 se ha convertido en su día a día científico y en una puerta a una carrera, a veces más reconocida fuera que dentro de España. De hecho, en 2017, la Prostate Cancer Foundation (PCF), la organización más importante del mundo que apoya este tipo de estudios, la galardonó con el premio a Investigadores Jóvenes. Hasta ese momento, sólo otro investigador español había conseguido el prestigioso galardón, tres años antes.

Como demostró este premio de impulso para sus estudios y su carrera, el apoyo de las fundaciones con un sistema de patrocinio para investigaciones es la única vía para la supervivencia de muchos de estos proyectos.

La fórmula está extendida en Estados Unidos y en otros países del mundo, pero en España no es tan popular. De hecho, Elena Castro siempre insiste en su suerte con el apoyo de la Fundación CRIS que es quien financia su investigación actualmente y quien ha permitido que siguiera extrayendo conclusiones sobre este cáncer.

Desde 2012, CRIS ha permitido que investigaciones en el CNIO y en el IBIMA fueran una realidad con una inversión que supera el millón de euros. Pero siguen faltando incentivos, como reconoce Castro, para implicar a otras asociaciones: "En España, fundaciones como CRIS o la Asociación Española contra el Cáncer llevan años ayudando a que estos estudios salgan adelante. Pero se necesita más apoyo para ellas porque su aportación es crucial", reclama la doctora que protagonizó una impactante campaña sobre la importancia del dinero para salvar vidas.

La salmantina es una de las caras visibles de la Fundación Cris y de la lucha contra el cáncer de próstata, pero no quiere seguir siendo la única foto de mujer que aparece entre los líderes de grupos de investigación, como ocurre ahora mismo si entramos en ese apartado de la web del IBIMA de Málaga, donde trabaja.

"En la Prostate Cancer Foundation sí hacen muchas actividades para incentivar las investigaciones de mujeres, que participen en paneles y en conferencias. Tienen mucho cuidado con esos temas. Aquí en España, alguna organización también, como el CNIO, pero tienes que pelear más".

No es que esta investigadora tenga muy claro el beneficio de imponer cuotas para mejorar la presencia de mujeres científicas en los lugares de toma de decisiones, pero sí sabe, por su propia experiencia, que de alguna forma hay que conseguir esa primera oportunidad.

"Yo siempre digo que me den la primera oportunidad. Y si no valgo, pues que no me llamen más. Pero si esa primera oportunidad no llega, es muy complicado cambiar las cosas". 

De hecho, Elena Castro ha sufrido en sus propias carnes las dificultades que tiene muchas veces una mujer en un sector muy masculinizado como el cáncer de próstata. Una escena que ocurrió en su consulta le demostró, gracias al poder de las redes, que no está sola en esa situación ni en esa pelea por la igualdad.

No era la primera vez que le había pasado pero estaría bien que fuera la última. "Yo que soy muy pequeñita, físicamente me refiero, tengo muchas veces que sacar el carácter para que se me escuche en determinados foros". 

Lo que más le sorprendió de las reacciones a su tuit, donde contaba cómo la mujer de un paciente le preguntó si no era muy joven para ser oncóloga, tras 12 de años de investigación al más alto nivel, no fue sólo su repercusión (más de 500 comentarios) sino que ningún compañero hombre había pasado por esa situación y sí lo habían sufrido muchas mujeres.

"Muchas compañeras me contaban que a ellas les había pasado muchas veces. Es una cuestión cultural en la que siguen perviviendo estereotipos de que nosotras tenemos que ser las enfermeras y ellos los médicos. Por suerte está cambiando".

Muchas médicas y científicas han explicado episodios parecidos. Como la jefa de Urología de las Clínicas Quirón, que relataba a MagasIN cómo cuando bajaba a Urgencias le preguntaban cuándo llegaba el urólogo.

"Yo he tenido más problemas con las mujeres de mis pacientes que con ellos. Es una cuestión cultural", insiste.

Y muchos expertos advierten de que estas escenas sólo se invierten con referentes. "Yo sólo quiero ser el referente de mi hija de 6 años", bromea Elena Castro para insistir en que su entrada en el mundo del cáncer de próstata también fue gracias a una mujer, su referente en ese momento, cuando estaba en Londres.

Jesús Miguel Guzman director Gerente del IBIMA, Elena Castro y Marta Cardona, directora de CRIS contra el cáncer. Fundación CRIS

Incluso es un referente a seguir cuando habla de la conciliación y los problemas internos que acarrea. De primeras reconoce que no es nada fácil y no sólo por el trabajo de coordinarse para estar en 100 sitios a la vez, sino por la carga que lleva a muchas mujeres profesionales a enredarse en el sentimiento de culpa.

"Muchas veces tratan de culparnos como malas madres porque se te olvide algo de casa o de mi hija, pero yo no me siento así. Tengo suerte porque mi marido me apoya en todo, también es médico e investigador. Pero siempre digo: ¿Te has acordado tú? No, pues yo tampoco. Y sin más".

Profesionalmente, esta premiada investigadora cree que la solución para atraer más talento femenino en los puestos más altos tiene que pasar por un trabajo de colaboración entre las propias mujeres. "Tenemos que crear nuestras redes de apoyo y ayudarnos más unas a las otras para poder estar en conferencias, paneles, liderando investigaciones...". Como llevan haciendo los hombres desde hace siglos.

Elena Castro es hija única y sus padres siempre la educaron dejándole muy claro que podía ser "lo que le diera la gana de ser", como cantaba Bebe. Pero ella sabe perfectamente que para que algo cambie tiene que haber mujeres abriendo puertas y rompiendo techos incluso en los rincones más masculinizados tradicionalmente. Pero sobre todo rompiendo estereotipos, como hace ella en su día a día.