En 2011, tres amigas en Lugo hablaban del problema de ser mujer y estar en el paro más allá de los 45 años. De lo que significa reinventarse. Y de que no podían estar quietas ni esperar que alguien viniera a descubrir su talento (que es mucho). Y decidieron montar un obrador de conservas. Eso sí, no podrían ser unas conservas cualquiera sino que tenían que recuperar el sabor, el olor y el saber hacer de las mujeres de esta zona costera de Galicia.

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"Así nació Curricán. Dos de nosotras vivimos en Burela y aprendimos de las mujeres de aquí a hacer la conserva de bonito de toda la vida. Nosotras la hacíamos para consumo propio y pensamos que ahí había una posibilidad de negocio", explica Nieves Medina (55 años), una de las fundadoras del obrador y de la marca 'Currimar'.

En 2012, el pequeño obrador que tenían en la cabeza abrió sus puertas en una nave de Xove, un pueblo lucense de menos de 4.000 habitantes, con unos cuantos metros de más de los que habían pensado para cumplir con todas las medidas sanitarias pero al lado de lo que más querían transmitir en cada bote: el mar, la tradición, su tierra.

Placer Rodríguez y Nieves Medinas, dos de las fundadoras de Curricán.

"Abrimos, curiosamente, el día de la Virgen del Carmen [patrona de los pescadores], y comenzamos a trabajar con la costera del bonito. Nuestra primera producción fue enfocada a la conserva de bonito porque era lo que sabíamos hacer y poco a poco fuimos incorporando más referencias", recuerda Nieves, a los mandos de una parte del negocio que ahora sólo tiene dos socias.

En todo el proceso que se sigue en el obrador, sólo se ven trabajar manos de mujeres, cinco en Xove y una en Madrid. "Y sacando a una chica joven que está en administración, todas somos señoras de nuestros 50 años para arriba", bromea Nieves. Esta gallega por decisión, lleva allí toda una vida, "lo que tiene más mérito", insiste en que no tienen nada en contra de los hombres pero el mimo de estas conservas nacen de una tradición que en la costa gallega siempre recaía en la sensibilidad femenina: "En la marina de Lugo, hubo muchas mujeres en su día que trabajaban para la conserva y que saben cómo hacerlo", recuerda.

Con esa minuciosidad en cada atún que cortaban o bote que montaban no es raro que el negocio creciera como la espuma en apenas dos temporadas: "La primera producción fue pequeña, para empezar a trabajar, la que pudimos acaparar y la vendimos en tiendas especializadas. Pero a partir de 2014, tuvimos un empuje importante porque gracias a las labores comerciales de Placer entramos en el Club Gourmet del Corte Inglés a nivel nacional y nos lanzamos a una producción mayor, dentro de unos cánones, porque nada tenemos que ver con una conservera al uso ni en la forma de trabajo ni en las cifras. Seguimos siendo un obrador pequeño", insiste Nieves en referencia a Placer Rodríguez, la otra socia que vive en Madrid.

Cortando un atún en el obrador de Currimar.

Lo suyo fue 'trabajo a primera vista': "Placer y yo veníamos del mundo de la arquitectura de interior. Nos conocimos haciendo decoración y la vida nos llevó juntas. Sabíamos que íbamos a hacer nuestro propio negocio pero lo que no pensábamos para nada es que fuera a ser de conservas", bromea. Y el reinvento les ha salido bien.

Bonito tradicional

En este obrador todo huele, se fabrica y sabe como "lo de toda la vida". "El bonito de Currimar es distinto desde el principio, porque lo cocemos en potas y absolutamente todo el proceso es a mano. Cada bote está hecho de forma artesanal".

La receta con la que trabajan es la misma que utilizaban las mujeres de la zona costera de Lugo y, siempre con el pescado de sus puertos. "Trabajamos siempre con productos de proximidad. El bonito lo compramos en las lonjas de Burela, Cereilo y algo en Cantabria porque uno de nuestros proveedores de pescado opera en varios mercados. Además, apostamos por artes de pesca sostenibles como el curricán [que da nombre de la empresa] o el cebo vivo, que son los métodos habituales de aquí", aclara Nieves.

Sus creadoras reconocen que cada producto que han ido sacando de su obrador tiene una historia detrás, no es sólo un número añadido. Empezaron con el bonito en aceite de oliva, "que era lo que conocíamos bien", pero poco a poco fueron incorporando referencias arrancando el atún siempre de la misma forma.

"Lo cocemos en cacerolas como se hacía siempre, se escurre, se desespina, se quitan los sangachos [la parte más oscura del pescado] y se mete en botes de cristal que incluso cerramos a mano. Siempre trabajamos en botes de cristal".

Una trabajadora de Curricán cierra uno de los botes de bonito.

En el obrador también cuentan con un autoclave que es el que les da la garantía sanitaria pero es pequeño, "de dimensiones humanas, no de los que hay en las grandes conserveras".

Del aceite de oliva han saltado a productos más elaborados pero con el mismo poso. "Un día en una feria, un cliente nos pidió que hiciéramos bonito al natural, pero natural de verdad, que hay gente con problemas de salud que no puede tomar aceite. Y dimos con Aigua Mareira, otra empresa gallega, que depura agua de mar por medio físico. Hicimos una prueba un poco con miedo y salió una referencia espectacular".

Al igual que los lomos en escabeche, "pero escabeche casero, hecho aquí, que no tiene nada que ver con un agua y vinagre típico" o las migas en aceite de oliva e incluso el bonito en aceite ecológico. Todo sin un gota de química en el proceso, algo que está prohibido en esta casa.

Pero querían seguir creciendo: "Siempre hacemos la broma de que empezamos siendo boniteiras y hemos acabado siendo pulpeiras porque realmente es un producto que fuera de Galicia es muy apreciado y no existía una conserva que fuera de bastante calidad", aclara Medina.

Una trabajadora de Curricán cortando el pulpo.

Para estas gallegas, el reto era hacer un pulpo que guardara todo su secreto. Así que cuando acabó la costera del bonito se pusieron manos a la obra. Y cuando clavaron el pulpo, fueron a por la ostra: "Empezamos a darle vueltas a hacer una conserva de ostras de nuestra ría que nos ha llevado un año de trabajo, de destrozar ostras, pero conseguimos una conserva que aunque paga el peaje de la esterilización mantiene todo el sabor", advierte el 50% de Currican.

Ni siquiera con un producto tan esnob como la ostra han querido dejar de enmarcarla en la tradición de la tierra que pisan cada mañana: "Hacemos una ostra conservada en agua de mar al natural, que es un golpe de mar auténtico; y otra en un escabeche cítrico, recuperando una receta de Álvaro Cunqueiro que hablaba ya de unas ostras escabechadas que se mandaban a Londres en toneles de madera. Tirando de esa receta, pero con un toque de modernidad, hicimos un escabeche cítrico que es muy fácil de comer".

Platos cocinados Delectamare

El obrador se les está quedando pequeño para las ideas que salen de esas manos. "Todas somos madres y teníamos que hacer platos para nuestros hijos que están fuera y decidimos que por qué no hacer un plato preparado de calidad, de los de toda la vida. Empezamos con faba con pulpo, con bonito con tomate y un marmitako. Tuvo tanto éxito que creamos una marca sólo para estos platos: Delectamare".

El Covid-19 ha frenado su presentación oficial en el Salón del Gourmet de Madrid donde iban a hacerle una fiesta a estos platos pero no ha parado ni el tirón que tiene este producto ni que ya hayan ampliado con varias referencias más la oferta de menú.

"Siempre decimos que cocinamos despacio para quien tiene prisa y todos los que se pasan por el obrador insisten en que el tomate frito que hacemos huele al de su abuela, ni siquiera al de sus madres. La verdad es que queríamos hacer un plato de calidad sin ningún conservante que no sean los naturales, para esa gente que necesita hacer una comida decente y nuestros platos preparados son tres años de consumo preferente en una alacena", asegura.

Los platos precocinados que vende Curricán bajo la marca Delectamare.

La aceptación ha sido tal que ya tienen a la venta otros platos típicos de la zona como el bonito en rollo o albóndigas de atún que son ideales tanto para los niños como para los más mayores, "que la gente que la ha probado nos felicita". Para dar más seguridad ellas siempre insisten en que "comemos aleatoriamente un bote de bonito del que producimos. No vamos a vender nada que no nos comiéramos nosotras y en eso somos especialmente cuidadosas".

Tiendas ecológicas

Aunque aún no tienen el certificado ecológico, "nos pondremos a ello", adelanta Nieves, sus productos se venden en muchas tiendas de este tipo tanto por la forma en la que trabajan como por los productos que utilizan, pesca no agresiva y de proximidad.

"Cuando nos dieron el Premio a la Excelencia e Innovación de la Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el año pasado decíamos que tenía guasa un premio a la innovación por hacer las cosas como siempre se hicieron. Es una fórmula que en el proceso de industrialización se ha ido perdiendo y el recuperarlo hay gente que lo valora".

El proceso artesana de Curricán.

Estas mujeres emprendedoras recuerdan que su obrador está abierto par todo el que quiera visitarlo. "Eso sí, cuando no tenemos materia prima encima de las mesas para no tener problemas sanitarios". Pero se ofrecen a explicar cómo trabajan y cuál es la dimensión de su cocina.

Cualquiera que toque a su puerta se fijará en el azul cobalto que invade todos los botes que salen de esta casa, todo un guiño a su origen, a su tierra... "Queríamos reflejar en el envase que era un producto gallego de calidad, representar la zona. Nuestra conserva aparece llena de azul cobalto, porque somos tierras de azul cobalto y queríamos que estuviera". Un trozo de mar para comérselo.