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El pueblo de piedra perfecto para una escapada en verano: Conjunto Histórico-Artístico del siglo XIV y cascadas de cuento

Olivos centenarios, rutas entre desfiladeros y una gastronomía única convierten este rincón turolense en uno de los grandes secretos del verano.

Más información: El pueblo escondido ideal para recorrer a pie calles de cuento: solo 80 vecinos, templos del siglo XII y un récord de la Unesco

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La diversidad paisajística de España hace que siempre haya un rincón nuevo por descubrir cuando llega el verano. Más allá de las playas más concurridas, el interior del país esconde pequeños tesoros donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo y donde naturaleza e historia van de la mano.

Pueblos medievales, antiguas fortalezas y paisajes de gran belleza se han convertido en algunos de los grandes protagonistas de las escapadas estivales, esas que permiten desconectar de la rutina y refugiarse del calor entre calles de piedra, ríos cristalinos y entornos mucho más tranquilos.

Uno de esos destinos es la comarca de la Matarraña, situada en el noreste de la provincia de Teruel. Conocida popularmente como la "Toscana española", esta zona sorprende por sus pueblos medievales perfectamente conservados, sus impresionantes cascadas y un entorno natural que invita a perderse sin prisas.

La Matarraña, Teruel

Situada en el extremo oriental de Aragón, muy próxima a Cataluña y la Comunidad Valenciana, la Matarraña es una comarca marcada por su condición histórica de tierra fronteriza.

A lo largo de los siglos ha acogido diferentes culturas, desde los antiguos íberos hasta las órdenes militares medievales, dejando tras de sí un extraordinario legado patrimonial que todavía hoy se conserva en excelente estado.

La historia de este territorio comenzó mucho antes de la Edad Media y es que la comarca alberga importantes muestras de arte rupestre levantino y numerosos yacimientos íberos, como el poblado de San Antonio, en Calaceite.

Sin embargo, fue durante el siglo XII, tras la reconquista cristiana impulsada por los reyes aragoneses, cuando la zona adquirió buena parte de la fisonomía que hoy la caracteriza.

Alfonso II entregó amplias extensiones a la Orden de Calatrava, cuyos monjes-soldado levantaron fortalezas, organizaron núcleos defensivos y consolidaron los pueblos que actualmente atraen a miles de visitantes.

El gran esplendor llegó durante el siglo XIV, una época dorada que dejó un importante legado gótico que todavía puede admirarse en numerosas localidades declaradas Conjunto Histórico-Artístico.

aisaje de la cascada de la Portellada, del río Tastavins, región de Matarranya.

aisaje de la cascada de la Portellada, del río Tastavins, región de Matarranya.

El mejor ejemplo es Valderrobres, considerada la joya de la comarca y uno de los pueblos más bonitos de España. Su monumental puente de piedra sobre el río Matarraña y el Portal de San Roque constituyen una de las entradas medievales más espectaculares del país.

Al cruzarlo, el visitante se adentra en un entramado de calles empedradas coronadas por el impresionante castillo-palacio gótico y la iglesia de Santa María la Mayor, dos edificios que transportan directamente a la Edad Media.

Muy cerca se encuentra Calaceite, considerada la capital cultural de la Matarraña. Sus elegantes casas solariegas, plazas porticadas y las singulares capillas-portales, antiguas puertas de la muralla transformadas posteriormente en espacios religiosos barrocos, reflejan la riqueza histórica y artística que vivió la localidad entre los siglos XVII y XVIII.

Otro de los grandes tesoros de la comarca es La Fresneda. Este pueblo conserva una espectacular Plaza Mayor renacentista y un ayuntamiento de estilo gótico-renacentista, mientras que las ruinas del antiguo castillo calatravo continúan dominando el paisaje desde lo alto, recordando el pasado defensivo de la región.

Cascadas y pozas naturales

Pero si algo convierte a la Matarraña en un destino perfecto para el verano es la presencia constante del agua. Los cercanos Puertos de Beceite, un imponente macizo montañoso, alimentan ríos limpios y encajonados entre paredes de roca caliza, creando algunos de los parajes naturales más sorprendentes de Aragón.

Uno de ellos es el Salt de la Portellada, una espectacular cascada formada por el río Tastavins, donde el agua se precipita desde unos veinte metros de altura sobre una gran poza circular.

Durante los meses estivales, el intenso color verde esmeralda del agua y el entorno boscoso convierten este rincón en uno de los más fotografiados de la comarca.

Igualmente impresionante resulta el Parrizal de Beceite, una de las rutas senderistas más famosas de España. El recorrido avanza sobre pasarelas de madera suspendidas sobre el río Matarraña mientras el visitante atraviesa los llamados Estrechos, un desfiladero cuyas paredes superan los sesenta metros de altura.

Al final del itinerario aparecen los Gubies, unas espectaculares agujas de roca modeladas durante siglos por la erosión.

Sin embargo, si lo que buscas es refrescarte, Les Pesqueres ofrece una sucesión de pozas naturales de aguas transparentes rodeadas de vegetación, un auténtico oasis en pleno corazón del Bajo Aragón.

Dónde hospedarse

Para quienes desean completar la escapada con una experiencia exclusiva, Torre del Marqués se ha convertido en uno de los alojamientos de referencia de la comarca.

Situado en Monroyo, en pleno corazón de la Matarraña, este hotel de cinco estrellas está rodeado por una finca privada de 200 hectáreas, un entorno privilegiado desde el que descubrir algunos de los paisajes más espectaculares del Bajo Aragón.

Torre del Marqués, Matarraña.

Torre del Marqués, Matarraña.

Lejos del concepto tradicional de hotel, el establecimiento propone una estancia pensada para disfrutar del territorio con calma.

Sus habitaciones y suites, diseñadas con materiales naturales, tonos cálidos y una arquitectura perfectamente integrada en el paisaje, buscan ofrecer una sensación de desconexión total, siempre con la naturaleza como gran protagonista.

La gastronomía ocupa también un lugar destacado en la experiencia. El restaurante La Atalaya del Tastavins apuesta por una cocina mediterránea sostenible basada en productos locales y de temporada, dando protagonismo a ingredientes de proximidad como aceites, quesos, carnes, miel o trufa.

A ello se suma la bodega Mas de Llucia, integrada en la propia finca, donde se elaboran vinos ecológicos exclusivamente con uvas cultivadas en la propiedad. Los huéspedes pueden participar en catas privadas, recorridos por los viñedos o incluso vivir la experiencia de la vendimia.