El Motor

Cómo evitar las causas por las que habitualmente suspendemos las ITV

Las ITV se han convertido en una parte más de la rutina a la que los propietarios de un vehículo a motor se someten durante la vida útil de su coche. Este examen técnico sirve para evaluar y analizar la seguridad e integridad de los vehículos que circulan por nuestras carreteras, una prueba a la que cada año se someten más de un millón de vehículos. 

Todos los vehículos con una edad superior a los 4 años deben someterse obligatoriamente a la inspección, con una periodicidad bianual hasta los 10 años y posteriormente una vez al año. Hay algunas excepciones, ya que si un vehículo se modifica de forma notable necesita pasar por la ITV sea cual sea su edad, mientras que algunos vehículos, los matriculados como históricos, cuentan con un régimen más permisivo pese a que su edad sea superior a los 25 años en la mayoría de los casos. 

Los resultados de los exámenes técnicos son cuatro. El primero de ellos, "favorable", indica que el vehículo se encuentra en orden de marcha y no necesita volver hasta el siguiente examen sin que el propietario tenga que modificar o solucionar nada. El segundo, “favorable con deficiencias leves”, hace referencia a la presencia de fallos que no son incompatibles con la conducción del vehículo, como una pequeña descompensación en la fuerza de frenado o la presencia de alguna bombilla fundida. 

Cuando una inspección arroja un resultado favorable con deficiencias leves, el propietario puede circular normalmente con su vehículo hasta la siguiente inspección, pero ha de solucionar los fallos indicados a la mayor brevedad. 

El tercer resultado es el denominado como “desfavorable”. Si el examen es desfavorable, el vehículo no podrá circular normalmente, tan sólo podrá hacerlo para desplazarse a un taller y vuelta. En el caso de una inspección desfavorable, el propietario cuenta con un periodo aproximado -depende de las comunidades- de 30 días para volver a someterse a la inspección sin tener que pagar las tasas correspondientes. 

Por último, el cuarto registro es el calificado como "negativo". Este resultado implica la prohibición de circular, por lo que el vehículo deberá desplazarse en grúa hasta el taller, y volver en grúa a la ITV para comprobar que los defectos han sido subsanados correctamente. 

La inmensa mayoría de los exámenes que se realizan en los cientos de estaciones de ITV dispuestas a lo largo y ancho de la geografía nacional resultan favorables, pero también son muchos las inspecciones negativas. La principal causa por la que se suspende la inspección es relativa a los neumáticos. Concretamente, el 33.9% de los “suspensos”. 

Los conductores prestamos, por lo general, muy poca atención a los neumáticos, siendo aconsejable revisar su estado y su presión al menos una vez cada 15 días. Con un simple gesto que no nos llevará más de 5 minutos estaremos siempre al tanto del estado de nuestros neumáticos, detectando anticipadamente cualquier anomalía. 

La segunda causa más común (30.9%) es el mal funcionamiento del sistema de alumbrado, ya sea por su mal ajuste, por llevar alguna bombilla principal fundida o por equipar sistemas ilegales como xenón o LED en un vehículo no preparado para ello. Conviene estar muy atentos al sistema de alumbrado del vehículo, ya que son muchos los puntos luminosos que lo componen, revisando una vez al mes que todo funciona como es debido, ajustando su altura -si es posible- para no deslumbrar al resto de conductores. 

Los problemas de emisiones son la tercera causa más común, suponiendo un 9.4% del total de las inspecciones desfavorables. Ya sea por problemas mecánicos o por negligencia de los conductores, hay muchos vehículos que circulan emitiendo una calidad y cantidad de gases contaminantes muy superior a la permitida. Un buen mantenimiento es clave para mantener nuestro motor en forma, rindiendo y funcionando de correctamente. 

En general, un buen mantenimiento combinado con la utilización del sentido común son las dos claves para que nuestro vehículo circule siempre en un buen estado técnico, algo que resulta más sencillo de lo que parece y que, a la larga, además de resultar más económico, nos ahorrará innecesarios dolores de cabeza.