Una mano agarrando a un langostino.

Una mano agarrando a un langostino. Marcos Zegers

Mascotario

Los expertos en bienestar animal coinciden: "España importa de Ecuador más langostino que toda Europa"

España ya importa de forma individual más langostino que todo el volumen que se pesca o se cría en la Unión Europea.

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El langostino se ha consolidado como un alimento accesible y habitual en las mesas españolas. Sin embargo, detrás de sus bajos precios en el supermercado se esconde una crisis ambiental y social de grandes proporciones.

Un nuevo informe del Observatorio de Bienestar Animal (OBA), realizado en colaboración con Protección Animal Ecuador y basado en una exhaustiva investigación técnica de la organización Foodrise, señala a España como el principal motor europeo de una industria con un impacto devastador.

España importa anualmente de Ecuador más langostinos de los que se capturan o crían en la totalidad de la Unión Europea. De hecho, en el continente se consume tres veces más langostino de granja intensiva ecuatoriana que el extraído de forma salvaje por las flotas comunitarias.

"Es inadmisible que el langostino que se consume a diario en España se sustente sobre la destrucción de las costas de Ecuador", afirma Miriam Martínez, Directora de Bienestar Animal en el Observatorio de Bienestar Animal.

Ante la gravedad de estos hallazgos, advierte de que las empresas que los ponen al alcance de las personas consumidoras deberían conocer bien el impacto de sus productos tanto a nivel de bienestar animal como de impacto ambiental.

"Y, más importante, deberían ser transparentes sobre esto para que sus clientes puedan realizar compras con toda la información".

Radiografía de un gigante económico

El crecimiento de la industria camaronera en Ecuador ha sido exponencial, pasando de 40.000 toneladas en el año 2000 a un estimado de 1,2 millones de toneladas en la actualidad.

En 2025, el sector alcanzó una facturación histórica de 8.400 millones de dólares, superando por primera vez al petróleo crudo como el principal motor de la economía ecuatoriana.

La industria del langostino.

La industria del langostino. Marcos Zegers

Este mercado global está fuertemente concentrado: apenas dos corporaciones exportadoras acaparan un tercio de todo el valor del sector. El crecimiento está financiado y liderado por gigantes corporativos europeos y estadounidenses.

Un ecosistema en peligro

La investigación de Foodrise cuantifica los daños sobre la geografía costera del país sudamericano, donde las piscinas de acuicultura ya ocupan unas 220.000 hectáreas.

La expansión acuícola ha destruido el 57% de la cobertura total de manglares en Ecuador. En algunas zonas críticas, como ciertos estuarios del Golfo de Guayaquil, la desaparición de este ecosistema clave para mitigar el cambio climático llega al 90%.

La huella de carbono que está dejando la producción del langostino supera a la ganadería bovina. El 80% del impacto ecológico de esta actividad proviene de la producción de pienso (basado en soja y harina de pescado).

La extrema dependencia de estos insumos eleva drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, otorgándole al langostino de cultivo una huella de carbono superior a la de la ganadería bovina.

De hecho, según los datos científicos disponibles, una sola porción de 100 gramos de este crustáceo de granja genera 18 kg de emisiones de CO2, una cifra que supera los 17 kg de CO2 producidos de media por el vacuno lechero.

Esta alarmante estadística sitúa al langostino de cultivo como el tercer sistema alimentario más intensivo en emisiones de todo el planeta, solo por detrás de la carne de vacuno y el cordero, que lideran la clasificación global.

Contaminación del agua y riesgos sanitarios

El informe alerta sobre el vertido de desechos orgánicos y el uso de fármacos. Por cada tonelada de langostinos producida, el sistema genera más de 51 kilos de desechos de nitrógeno; la mitad se vierte directamente a ríos y costas.

Además, se constata el uso recurrente de antibióticos críticos para la medicina humana con el fin de contener las patologías derivadas del hacinamiento, aumentando el riesgo de proliferación de bacterias resistentes.

El impacto del sector también golpea con dureza a las comunidades locales. Datos recopilados junto a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revelan que el 63% de los operarios acuícolas carecen de contrato formal, perpetuando la precariedad laboral.

A esto se suman tensiones territoriales continuas. Las grandes corporaciones adquieren terrenos de forma agresiva para expandir sus granjas, lo que ha provocado la destrucción de hogares y el desplazamiento forzoso de comunidades ancestrales.

Toda esta realidad ha quedado documentada en un archivo audiovisual por la organización WeAnimals, cuyas imágenes exponen la masificación de las fincas industriales y el deterioro de los entornos naturales en Ecuador.

El informe concluye con una llamada a la responsabilidad tanto de las cadenas de distribución como de los consumidores.

"La ciudadanía tiene derecho a saber que el precio sumamente bajo de este producto se está pagando con destrucción ecológica y precarización laboral en otros países", concluye Martínez; "no podemos seguir externalizando nuestro impacto ambiental sin asumir ninguna responsabilidad corporativa ni ética".