Cósima Ramírez

Cósima Ramírez Sara Fernández

Mascotario

Cósima Ramírez y el orgullo del caballo de Feria: "Son animales sensibles que requieren empatía humana"

Cósima analiza la estética de los "majestuosos protagonistas" de las fiestas y recuerda que su lucimiento debe ir acompañado de un cuidado extremo.

Más información: La propuesta de ley que prohibirá el comercio de la carne de caballo: multas de miles de euros y sanciones

Publicada

Según Cósima Ramírez, el caballo de feria es todo un espectáculo. "La gran mayoría van igual de arreglados que las personas, y muchos incluso más", afirma en su nuevo vídeo para Mascotario.

Este animal no es solo un asistente en estas fiestas tradicionales españolas, sino que es el epicentro de un desfile. Cósima destaca la belleza y el porte de estos ejemplares, pero lanza un recordatorio fundamental: detrás de los cascabeles y las crines trenzadas, hay un ser de una sensibilidad extraordinaria.

"Adornados con borlas, pompones, cascabeles y cabezadas ornamentadas en colores vividos que combinan con los trajes de sus jinetes y amazonas”. La estética de la Feria no se entiende sin el cuidado minucioso de las caballerías.

"Las crines se trenzan, o se recortan, para resaltar las curvaturas de sus cuellos, el pelo se cepilla con fanatismo y se unta de aceites especiales para que resalte al sol, mientras que sus borlas bailan y sus cascabeles suenan al andar".

Es un despliegue de color y tradición que convierte el Real en una pasarela de artesanía viva. Y “el buen caballo camina con orgullo en la feria, entendiendo que es todo un gran desfile en su honor", afirma Cósima.

La otra cara de la feria

Aunque el espectáculo parece ser fascinante, no podemos olvidarnos también de la otra cara de la feria que afecta negativamente sobre los animales. Para ella es importante que estos majestuosos protagonistas reciban los cuidados adecuados.

El entorno de la feria, con su ruido constante y el "jaleo" de las casetas, puede ser un desafío para su equilibrio emocional. No se puede sacrificar el bienestar de los animales por el disfrute de las personas.

La combinación de temperaturas asfixiantes, el pavimento recalentado y la exposición prolongada al ruido ensordecedor de las bandas y el gentío supone un riesgo real de deshidratación, golpes de calor y episodios de estrés agudo.

“No olvidemos que son animales supremamente sensibles que requieren la misma sensibilidad humana para poder lucirse en su mejor estado”, concluye Cósima.