Anika Rytle, educador canina, con su perro.

Anika Rytle, educador canina, con su perro. Anika Rytle

Mascotario

Es oficial: La Ley de Bienestar Animal prohíbe los collares que hieren a tu perro, ya no son una herramienta de adiestramiento

La norma apuesta por un manejo respetuoso y descarta, por ley, cualquier accesorio basado en el dolor.

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Muchas veces, todavía hoy en día, nos encontramos con particulares o empresas de adiestramiento que usan y recomiendan ciertos tipos de collares, especialmente los de choque.

Se cree que para que tu animal deje de ladrar y haga todo lo que el dueño quiera, es necesario usar estos dispositivos. Sin embargo, no se está teniendo en cuenta no solo el bienestar de un ser viviente, sino también la ley.

La ley de Bienestar Animal es clara: prohíbe expresamente el uso de herramientas de manejo que puedan causar lesiones, dolor o sufrimiento al animal. Dentro de esa categoría entran, de forma muy clara:

  • Los collares de ahogo o estrangulamiento, que se cierran sobre el cuello cuando el perro tira y pueden dañar la tráquea, las vértebras cervicales o provocar sensación continua de asfixia.

  • Los collares de pinchos o púas, que presionan o clavan puntas metálicas en el cuello con cada tirón, generando dolor físico y, a menudo, miedo asociado al paseo.

  • Los collares eléctricos, de impulsos o de “descarga”, incluyendo los que se venden como “de estímulo”, “antiladridos” o “de cercado invisible”, que corrigen al perro mediante calambres o impulsos desagradables.

Estos dispositivos se consideran incompatibles con el principio de bienestar que consagra la ley y su uso puede encajar como infracción grave, con sanciones económicas importantes. El mensaje es directo: el sufrimiento no es una herramienta educativa aceptable.

Los collares seguros

La ley no prohíbe llevar al perro con correa ni usar collar o arnés; lo que exige es que sean elementos de sujeción seguros y no lesivos. En la práctica, puedes utilizar:

  • Collares planos normales, ajustados de forma que no aprieten ni rocen en exceso.

  • Collares de hebilla o de cierre seguro, siempre bien regulados para que no se claven ni se salgan con facilidad.

  • Arneses de pecho o de espalda, que reparten la fuerza del tirón por el cuerpo y reducen la presión sobre el cuello.

La clave no es solo el tipo de accesorio, sino cómo lo utilizas. Un arnés o un collar plano empleados con correa corta, sin tirones bruscos, dentro de un trabajo de educación en positivo, encajan perfectamente con la ley y con el bienestar del animal.

Una filosofía ética y veterinaria

Detrás de la prohibición hay dos ideas fundamentales. La primera es veterinaria: numerosos estudios y la experiencia clínica apuntan a que los collares de ahogo, pinchos o descarga pueden provocar lesiones físicas (problemas cervicales, daños de tráquea, irritaciones cutáneas) y agravar problemas de ansiedad o miedo.

La segunda es ética y educativa: hoy sabemos que el adiestramiento basado en castigos dolorosos no solo es innecesario, sino que suele empeorar la relación con el guía y aumentar la probabilidad de reacciones agresivas o de pánico.

La ley se alinea con esta visión moderna del bienestar: existen alternativas eficaces sin dolor, y no tiene sentido seguir permitiendo herramientas que se apoyan en el sufrimiento.

Los riesgos

Seguir utilizando collares de ahogo, pinchos o eléctricos puede suponer una denuncia por parte de otra persona (vecino, viandante, policía local) que observe su uso. Además, de un expediente sancionador por uso de herramientas prohibidas, que se puede valorar como infracción grave.

En casos extremos, si se aprecia maltrato o lesiones, la apertura de otras vías legales más serias. Más allá de la multa, se puede llegar a valorar la idoneidad del tutor para manejar al animal, con medidas accesorias si se encadenan otras conductas contrarias al bienestar.

Si tu perro tira mucho, ladra o te cuesta manejarlo, la solución no pasa ya por “endurecer” el collar, sino por cambiar de enfoque. Entender y acercarse a las necesidades reales del animal, sin verlo como un objeto que tiene que cumplir con los deseos de su dueño.

Por esto, el acompañamiento de un educador canino puede ser clave para gestionar ciertos problemas de comportamiento desde un enfoque respetuoso.