Un perro y un gato en una silla.
Confirmado por la Ley de Bienestar Animal: cruzar a tu perro o a tu gato deja de ser algo que pueda hacer cualquiera
La ley dice que la actividad de cría solo puede llevarse a cabo por personas inscritas en el registro correspondiente (criadores de animales de compañía).
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La Ley de Bienestar Animal ha convertido una pregunta muy cotidiana en algo mucho más serio: "¿puedo cruzar a mi mascota?" ya no se responde con un simple "si te apetece, sí".
Hoy, la norma parte de una idea clara: la cría de animales de compañía solo puede hacerla quien esté registrado como criador y bajo unas reglas muy estrictas. La típica "cría casera" entre particulares, sin papeles ni control, ha dejado de ser un gesto inocente y puede salir muy cara.
Eso significa que, si quieres tener una camada de forma legal, debes dar un paso previo: registrarte como criador, inscribir a los reproductores y cumplir unas condiciones de bienestar y trazabilidad de las crías.
Romper la costumbre
Esto rompe la idea de "cruzarlo una vez porque me hace ilusión que tenga cachorros" sin más trámites. Si hay planificación del cruce, nacimiento de camadas y entrega de crías a terceros, la ley entiende que estás ejerciendo actividad de cría, y por tanto te exige estar dentro del sistema: registrado, identificado y sometido a controles.
La propia filosofía de la norma va contra lo que hasta ahora llamábamos "cría casera" sin control. Entran aquí situaciones como:
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Juntar a tu perro o a tu gata con otro animal para sacar cachorros "porque es muy buena" o "para que tenga hijos" sin registrarte como criador.
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Anunciar esas crías en portales, redes o grupos, aunque sea "para cubrir gastos" o "solo esta vez".
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Repetir camadas de forma periódica en un piso o casa particular sin registro ni controles de bienestar.
En todos estos supuestos, si no estás dado de alta como criador autorizado, la conducta encaja en la cría no permitida. La ley no distingue demasiado entre profesional y particular: mira si hay cría y si hay o no autorización.
La camada "accidental"
La realidad es que siguen produciéndose camadas no buscadas: perras o gatas que se quedan preñadas por descuido, puertas mal cerradas, animales enteros que conviven sin control.
La ley no deja de ver esto como un problema, porque su objetivo es reducir las crías no deseadas, pero a la hora de valorar un caso concreto suele mirar:
Si se trata de un hecho aislado o se repite en el tiempo.
Si luego se toman medidas (esterilización, separación de animales, registro de la camada).
Si las crías se mantienen y entregan en condiciones de bienestar, con identificación y contrato, o si se "colocan" sin más.
Un embarazo aislado, resuelto con responsabilidad y evitando que se repita, no se mira igual que una sucesión de camadas "accidentales" que en realidad esconden una cría constante sin control. Lo que la ley penaliza es que conviertas esa situación en un sistema.
Por qué la ley aprieta tanto con la cría
El endurecimiento de las normas sobre cría tiene una razón de fondo: en España se abandonan cada año decenas de miles de perros y gatos, y muchos proceden precisamente de camadas caseras que "no se han podido colocar".
La Ley de Bienestar Animal intenta cortar el problema desde el origen. Limitando la cría a personas y centros registrados, fomentando la esterilización, sobre todo en gatos, para evitar camadas indeseadas y promoviendo la adopción por encima de la compra impulsiva o de la cría "por capricho".
Desde este enfoque, cruzar a tu mascota porque "te apetece que tenga hijos" choca de lleno con el espíritu de la ley, salvo que lo hagas dentro del marco legal de la cría responsable y registrada.