Amanda Seyfried con un perro.
Amanda Seyfried, actriz, 40 años: consigue su sueño y transforma su granja en un refugio para animales
Lejos del ruido de Hollywood, la actriz ha convertido su terreno en un santuario para acoger a los animales abandonados.
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Lo que comenzó como una escapada rural para desconectar de rodajes y alfombras rojas se ha transformado en un santuario.
Amanda Seyfried ha cumplido un sueño que llevaba años cultivando: convertir su granja del norte del estado de Nueva York en un auténtico refugio para animales rescatados.
Lejos del ruido de Hollywood y cerca de la vida sencilla que siempre ha buscado, la actriz de Mamma Mia (2008) ha registrado el santuario como una organización sin ánimo de lucro. Una segunda oportunidad para los animales que la necesitan.
Un refugio para los "inadaptados"
Todo está organizado. Tienen rutinas diarias, protocolos de ingresos y una gestión formal como ONG. Han adaptado cercas reforzadas, graneros aislados para el invierno y espacios separados para cada animal según su comportamiento.
Seyfried describe su granja como un refugio para los "inadaptados" del mundo animal: caballos demasiado viejos o cojos para ser montados, ponis y burros con problemas, cabras procedentes de instalaciones saturadas, gatos abandonados o rescatados de protectoras.
Además de patos, gallinas y perros que necesitan un hogar estable. Reciben sobre todo animales viejos, con problemas de salud y abandonados. Muchos llegan con traumas y Amanda los acoge para darles una segunda oportunidad.
Cada animal pasa primero por una evaluación veterinaria para determinar su estado de salud y el tipo de seguimiento que necesita.
Rutinas diarias
Amanda comparte este proyecto con su marido, el actor Thomas Sadoski, y sus dos hijos, que crecen rodeados de animales y tareas cotidianas: repartir alimento, ayudar a limpiar establos o simplemente observar cómo cambia el campo con las estaciones.
El refugio no se promociona con grandes campañas, sino que vive del trabajo de voluntarios organizados por turnos. Hay rutinas diarias muy marcadas: repartir comida, limpiar establos y corrales, revisar a cada animal y anotar observaciones médicas básicas.
Practican rotación de pastos y compostaje del estiércol para cuidar el suelo y reducir parásitos, y usan soluciones sostenibles como recogida de agua de lluvia y heno local. Funciona a base de rutina y mucho amor por los animales.
Un sueño hecho realidad
Para Amanda, es su "sueño" hecho realidad y, a la vez, una forma de vivir el activismo animal de manera silenciosa pero responsable, día tras día. Su visibilidad como actriz convierte este santuario en un ejemplo poderoso.
Una granja privada puede transformarse en un espacio de activismo silencioso, donde cada caballo, cabra o gato rescatado demuestra que la fama también puede ponerse al servicio de los más vulnerables.