Un gato negro.

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Mascotario

Neus Candela, veterinaria: "En la mayoría de casos vacunamos a ciegas, sin comprobar si el animal ya tiene anticuerpos"

Según la experta, el debate no debería centrarse en si vacunar o no, sino en cómo y cuándo hacerlo, teniendo en cuenta el contexto de cada animal.

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Angelica Rimini
Publicada

Nos vacunan desde que somos pequeños casi sin que lo recordemos: forma parte de las revisiones médicas, de la rutina de la infancia y de una manera de cuidarnos incluso antes de enfermar.

Las vacunas no curan, pero sí previenen, porque preparan al sistema inmunitario para reconocer amenazas reales y reaccionar a tiempo, evitando enfermedades graves, secuelas e incluso la muerte. Con perros y gatos sucede algo muy parecido: durante sus primeros meses de vida, su sistema inmunitario es inmaduro y especialmente vulnerable frente a virus y bacterias agresivos.

La vacunación en cachorros es una herramienta clave para que crezcan sanos y protegidos y para reducir la circulación de enfermedades en la población general de perros y gatos. Sin embargo, cada vez más familias se preguntan si todos los animales necesitan las mismas vacunas, con la misma frecuencia y durante toda su vida.

Tal y como explica la veterinaria de Salud Real Animal, Neus Candela, la conversación sobre vacunas no debería quedarse solo en la infancia. Cuando los perros y los gatos llegan a la edad adulta, surge una duda recurrente: ¿es realmente necesario vacunar a todos los perros y gatos todos los años?

Para Candela, el debate no debería centrarse en si vacunar o no, sino en cómo y cuándo hacerlo. "Las vacunas salvan vidas, pero no todos los animales tienen las mismas necesidades ni el mismo contexto", explica.

"Se vacuna de forma sistemática y deberíamos hacerlo de manera más individualizada, teniendo en cuenta aspectos como si el animal va a viajar, dónde vive, qué riesgo real tiene de contraer una determinada enfermedad o cómo de grave puede ser esa enfermedad".

El riesgo de la sobrevacunación

En este punto entra en juego el riesgo de la sobrevacunación. La veterinaria advierte de que "en la mayoría de casos vacunamos a ciegas, sin comprobar si el animal ya tiene anticuerpos de la vacuna del año anterior, y eso, con el tiempo, podría tener consecuencias".

Plantea además una preocupación de fondo: "no sabemos exactamente cuáles son las consecuencias de la sobrevacunación en perros y gatos, porque no está suficientemente estudiado, pero al final lo que estamos haciendo es hiperestimular un sistema inmunitario de forma totalmente innecesaria".

En un contexto en el que perros y gatos presentan cada vez más problemas crónicos de salud, como alergias y enfermedades autoinmunes, Candela señala que la sobrevacunación podría estar contribuyendo a la aparición o al empeoramiento de este tipo de cuadros clínicos.

Para saber qué necesita realmente cada animal, Neus Candela propone ajustar la vacunación a cada caso. Los test de anticuerpos vacunales son pruebas que miden la cantidad de anticuerpos producidos por las vacunas previamente recibidas y permiten saber si el animal ya está inmunizado y si es necesario volver a vacunar frente a una enfermedad concreta.

Cuando no hay que revacunar

Si los anticuerpos están presentes en la sangre, no sería necesario revacunar en ese momento. En el caso de los perros, las principales vacunas que se pueden testar son las de adenovirus, parvovirus y moquillo; y en los gatos, las de panleucopenia, herpesvirus y calicivirus. Además, la veterinaria recomienda vacunar según criterios epidemiológicos, es decir, en función de la zona en la que viva el animal y de las enfermedades a las que realmente está expuesto.

"Por ejemplo, en zonas en la que no existe riesgo de moquillo o es muy bajo, quizá no sea necesario vacunar frente a esa enfermedad especialmente en la edad adulta", explica. Aun así, muchas de estas vacunas se administran por recomendación veterinaria de forma sistemática cada año. La especialista anima a las familias a informarse y a tomar decisiones consensuadas con su veterinario de confianza.

Otro de los errores frecuentes en la medicina veterinaria actual, según Candela, es aplicar calendarios de vacunación de forma automática, sin valorar el historial clínico completo del animal.

"Se suele vacunar como si éstas fueran inocuas a excepción de los problemas autoinmunes en las que sí se evitan", cuenta. Diagnósticos previos como alergias de cualquier tipo o posibles reacciones adversas deberían tenerse en cuenta antes de vacunar.

Patologías crónicas

"Un cachorro, un animal adulto sano o un paciente con patologías crónicas no deberían abordarse igual", explica. "Vacunar de forma responsable implica individualizar, revisar antecedentes, valorar anticuerpos vacunales y tomar decisiones clínicas fundamentadas".

Neus subraya además que el sistema inmunitario no funciona de forma aislada y que factores como la alimentación, el estrés o la salud digestiva influyen directamente en la respuesta del animal. En este sentido, defiende una medicina veterinaria más reflexiva, en la que las decisiones no se tomen por inercia.

"La medicina preventiva del siglo XXI comprende vacunación individualizada en base a epidemiología y valoración de anticuerpos vacunales, desparasitación individualizada, una dieta en base a ingredientes frescos completa y equilibrada y análisis de sangre anuales completos en el que se incluya la vitamina D", explica.

En su opinión, seguir aplicando protocolos estándar sin una revisión individualizada del estado de salud, la edad o el estilo de vida del animal responde a una medicina preventiva que tenía sentido cuando había muchísimos más problemas infecciosos.

"Hoy en día ya no tiene tanto sentido vacunar contra todo, todos los años a todos". Por eso, Candela defiende la importancia de informarse, preguntar y participar en las decisiones clínicas, convencida de que el futuro de la medicina veterinaria pasa por una prevención más consciente, basada en la evidencia, el contexto y el individuo.