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"Tengo la peor opinión de esta asociación. Les he pasado todo durante 9 años y ahora solo recibo amenazas", afirma con rabia Amparo Barón (Sevilla, 1968), ingeniera agrónoma, en una entrevista con Mascotario. El Refugio del Burrito es la filial en España de la organización inglesa "The Donkey Sanctuary".

Ubicada en la sierra de Badajoz, protege a los burros, promueve su bienestar y busca adoptantes. Fue allí donde Amparo adoptó a dos burros hace más de 10 años. Brad había sido maltratado y Gabi había sido abandonado y siempre estaba solo por el monte.

Ahora viven en el campo, en una finca que tiene en Cádiz junto con otros caballos, ovejas y un poni. Siempre ha sido una zona de caza donde se abandonan muchos animales y, cuando Amparo supo de la situación de los burros, llamó al Refugio del Burrito y los adoptó.

Eran jóvenes, tenían 6 años y estaban hermanados. Estos animales son muy sociables y forman vínculos fuertes sobre los cuales se construye su bienestar emocional. Separarlos puede generarles un gran estrés.

"Me enteré por una amiga de que buscaban casa" y, desde entonces, han sido parte de su familia. Sin embargo, cuando adoptó a Brad y Gabi, no podía imaginarse lo que viviría 10 años después.

Reclamar la titularidad

Desde 2017 viven allí felices. "A los meses empecé a reclamar la titularidad de los burros, pero siempre me la negaban sin darme causa, a pesar de que yo cumplía con todo: vacunas, herrador, comida, veterinario".

Era extraño, pero Amparo no sabía cómo interpretar esa negación constante. Antes de este último verano le dijeron que lo pensarían para el año siguiente, así que Amparo decidió confiar. Sin embargo, en agosto Gabi se puso malo con un cólico.

Como en los humanos, el intestino se dobla y tuvo que llevarlo al hospital de urgencia porque estaba deshidratado. A las 48 horas le dijeron que había que operarlo para salvarle la vida.

Una cura

Era 23 de agosto. El 25 avisó al refugio de que iba a proceder con la operación y de que, obviamente, iba a pagar ella todos los gastos. Su veterinario, Pedro Amaya, dueño del hospital equino de Conil, le dijo que el cólico tenía buen pronóstico y que las analíticas eran propicias para la cirugía.

"Me llamó la directora del Refugio del Burrito, Elena Barrio, creo que estaba de vacaciones, y sin ver al burrito ni hablar con el veterinario me dijo directamente que si tenía un cólico había que eutanasiarlo. Yo me quedé helada", cuenta todavía, recordando las sensaciones de pánico.

Gabi estaba esperando para entrar en quirófano, con todo el equipo veterinario preparado para operarlo. Pedro se negó a eutanasiarlo porque va en contra de la ley sacrificar a un animal que se puede curar.

Sin embargo, Barrio siguió diciendo que ella ordenaba la eutanasia. "Yo estaba destrozada. Lo único que podía hacer era llorar porque era una injusticia, mi burrito tenía salvación y no me daban autorización para operarlo".

Entonces fue cuando intervino directamente el veterinario y operó a Gabi, quien se curó completamente del cólico. "Esa fue la primera vez que quisieron eutanasiarlo. La segunda fue porque, derivado de la operación, tuvo una laminitis".

La segunda amenaza

Las inflamaciones de los miembros anteriores también son curables. Sin embargo, Barrio ordenó nuevamente la eutanasia. Fue entonces cuando Amparo decidió contactar con un abogado animalista.

El burrito mejoraba cada semana según los informes, pero ellos insistían en sacrificarlo. "El 20 de noviembre vinieron a mi casa la directora, otra veterinaria y el letrado del refugio para una 'visita rutinaria'. Estuvieron dos horas y concluyeron que el burro sufría y querían eutanasiarlo allí y ahora".

Amparo los echó de su casa, pero el abogado del refugio, con un tono borde y desagradable, elevó la voz y llamó a la policía. Aparecieron cuatro agentes y la joven rescatista les explicó que tenía una demanda de conciliación interpuesta.

"Solo quería que me dejaran en paz y que pusieran los burros a mi nombre. Quería intentar llegar a un acuerdo pacífico con este paso previo judicial". Sin dudarlo, la policía le dijo que, al haber un proceso abierto y estar en su casa, tenían que hacer lo que ella quisiera.

El sufrimiento reversible

Antes de irse le preguntaron si quería poner una denuncia al refugio, pero Amparo solo quería que se fueran lo antes posible. Para ella, Gabi no es solo un animal, es su familia. Inevitablemente, el burro sufre, pero ¿qué animal no sufre cuando está enfermo?

El punto no es el dolor. Existen dos tipos de sufrimiento: el irreversible y el reversible, que es el caso de Gabi. El burro está prácticamente curado de la laminitis, ya interactúa y hasta se ha revolcado por primera vez después de cinco meses.

Amparo Barón con Gabi. Amparo Barón.

Tirarse al suelo es la mayor señal de alegría que un animal puede manifestar. Cuando lo vio, Amparo se conmovió tanto que se tiró al suelo con él.

"Todo lo que ha pasado con ese refugio fue horrible. Psicológicamente me ha afectado muchísimo porque unas personas irrumpieron en mi casa queriendo matar a mi animal sin razones. Me dejó trastornada".

El juicio

Sin embargo, esta historia no acaba aquí. Como no pudieron con la eutanasia, ahora la amenazan con venir a recoger a los dos burros. Según su abogado, Eloi Sarrió, ya es un tema de orgullo. No quieren reconocer que se han equivocado.

Todas las semanas recibe un correo electrónico amenazante con fecha y hora para recoger a los dos burros. "Hablan tanto del bienestar de los animales y ahora están actuando en su contra. Me da mucha rabia".

Gabi y Brad se han hermanado con la yegua coja de Amparo, viven libres de cualquier forma de maltrato y muy mimados. Quitarlos de su hogar sería condenarlos a una pena eterna, y los educadores del Refugio del Burrito deberían saberlo bien.

La semana pasada, Amparo recibió una llamada de un veterinario de la Junta de Andalucía diciendo que tenía una denuncia del refugio por maltrato animal a su cargo y que él tenía que ir a inspeccionar la situación.

Cuando Pedro Amaya llegó a la finca de Amparo se encontró con un burro que anda bien, alegre y sano. Hizo un informe positivo y archivó la denuncia. Hoy, 2 de febrero, tienen reunión con el juez.

Amparo está tranquila porque tiene el apoyo de su equipo veterinario y del informe oficial de la Junta de Andalucía. Gabi mejora cada día que pasa y el impacto emocional que sufriría si se lo llevasen sería un golpe seco.